OTOGAR
No me mira.
La mujer hermosa sabe
que estoy mirándola.
En el salón para familias
-el aile salonu-, fuma
pero no se atreve a mirar.
Sus ojos transparentes
reflejan el piso mugriento,
jamás se encontrarán con los míos,
me ha transportado al siglo
Diecinueve:
las mujeres son tontas muñequitas
jugando entre muebles tapizados
y paredes tapizadas, y a esto
se lo llamaba valores estables.
Ella tiene un pañuelo en la cabeza.
Si quiero seguirla por la calle
deberé hablarle desde atrás
para que no se asuste, me
lo han indicado así, sin
embargo, ¿qué voy
a decirle? mi turco es
muy limitado; ojalá
me entendiera y me dijera
su nombre -isim-,
"Fahtma", "Dilek", pero
sólo seré el vislumbre
de un mundo distinto
y lejanísimo.
Viajar es inútil,
es inútil.
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