PRIENEEl anuncio del burdel sigue llamando a los clientes desde la piedra. Hace varios miles de años que esa mujer, quizás confiando en los dioses entregó aliento, fastidiada de la vejez (que para entonces rondaría los 40 años, pienso). El anuncio, como un perro sin dueño, sigue aullando al deseo desaparecido.