PRIENE
El anuncio del burdel
sigue llamando a los clientes
desde la piedra.

Hace varios miles de años
que esa mujer, quizás
confiando en los dioses
entregó aliento, fastidiada
de la vejez (que para entonces
rondaría los 40 años,
pienso).

El anuncio, como un perro
sin dueño, sigue aullando
al deseo desaparecido.