PUERTAS
Esta ciudad no tiene puertas. Si las tuviera...
La Puerta de Baigorria, donde acampaban las caravanas.
La Puerta del Molino Blanco, donde paganos y cristianos se enfrentaron en batalla.
La Puerta de Godoy, por donde regresaban las huestes con sus estandartes,
y en la Montañita, los gansos avisaban que el enemigo venía,
y en la Isla del Espinillo se escondían las naves para sorprender al enemigo.
No, no tenemos puertas, ni nombres
que las cierren, porque hoy las ciudades
son abiertas, no tienen
murallas, ni torreones, ni almenas, ni puertas. Y sufrimos
las devastaciones de nuestro corazón
sin defensa posible.
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