RASTIGNAC  EN COLUMBUS CIRCLE
Tenemos ambición, tenemos
parientes y vamos a pie
queremos fortuna
y no tenemos un peso, y comemos
las bazofias de los restoranes
de Rosario, sabiendo
que hay otra comida, y dormimos
sin aire acondicionado
soñando con palacios
a la orilla del mar.

Pero tenemos ambición. A las mujeres
les gustan los hombres ambiciosos
tienen los hombros más fuertes
la sangre más rica en hierro
el corazón más ardiente
hacemos
que la mujer se sienta fuerte
feliz y hermosa porque se siente fuerte;
la fuerza de su hombre es grande
y aunque tema ser aplastada por él,
le ama.

¿Y con esa ambición nos vamos
a ir a trabajar? Trabajando
no llegaremos
a eso que las mujeres quieren
que seamos, vamos!
Es preciso robar.

Mirá New York: tres mil
dólares en sastre, seiscientos
en perfumes, cien grandes
para zapatos, corbatas,
para ropa cuidadosamente
descuidada. Más lo que
debés perder al juego, apuestas,
regalos, y para todos
los días del mes, lo más caro!
Y eso que no gastamos en pasaje.

¿Cómo, cómo compensar
los desatinados sueños
que perdimos? Haber llegado
con el ideal
en las manos, y haber recibido
un balazo, no es triste?
Nos sacamos la bala del corazón
-un absurdo y estúpido objeto
de plomo-, y con el agujero,
con el agujero por el que pasa
el viento por nuestro corazón
nos vamos a robar.

¡Robamos por nuestros sueños!
Nadie quiso creer
en  nosotros, no es la muerte
lo feo, todos mueren,
es el desprecio. Lo único posible
es robar (Y de paso
tener dinero).

Ahora la guita debe compensar.
¿No es así el funcionamiento?
¿No es así cómo debe interpretarse
la desaparición de los idealistas,
su vergonzosa derrota, y el silencio
de la gente?