VIAJANDO A ESMIRNADesde aquí miro el sol poniéndose en las montañas. El valle retiene la luz como en una magia. El Menderes resplandece suavemente. El algodón recogido ya se enfardó y se llevó. Vuelven los nómades a las tiendas. Los calderos al aire libre ya huelen a comida. La voz de un chico en la tarde parece colgada de la luz. Todo, hasta el tren, parece detenido para siempre.