Sin que mi madre supiera

Muchas tardes me crié cruzando el brazo norte 
y el brazo sur que te penetra 
para contemplarte de cerca 
y si era posible, tocar tu corazón. 
Brincaba de roca en roca a la carrera 
junto a otras piernas y otros años, 
y a la marea superpoblada de olas. 

Permanece aún 
la paciencia de un extraño, 
con su pasatiempo tenso y empuñado, 
hasta que una corvina 
dispara la danza oblicua de su fortuna. 
Y me impregna 
ese olor lleno de moscas, 
salado en los rincones ocultos de tus piedras 
pobladas de gatos, escamas 
y cabezas branquiales; 
tesoros de espinas dorsales 
que emulan tu serpenteo.