Carminum III, 21 (A una ánfora)
¡Oh nacida conmigo, siendo cónsul Manlio!, 
ya contengas lamentos o juegos,
ya disputas y locos amores 
o sueño confortable, piadosa arcilla 
que custodias un excelente Másico 
y eres digna de ser sacada en un día grande, 
baja—Corvino te lo manda— 
a derramar tus lánguidos vinos. 
Él, aunque está empapado de discursos Socráticos, 
no te despreciará. Se dice que también 
Catón el Viejo templaba su virtud con vino. 
Tú aplicas un tormento blando 
al carácter que es de ordinario duro; 
tú descubres, de acuerdo con el burlón Lieo, 
las dudas y secretos pensamientos de los sabios. 
Tú vuelves la esperanza a las mentes inquietas 
y añades fuerzas y valor al pobre, 
que, contigo, no teme las coléricas tiaras 
de los reyes ni las armas de los soldados. 
A ti Líber y Venus—si nos es propicia— 
y las Gracias, indolentes a la hora 
de desatar sus nudos, y las brillantes lámparas 
te harán durar hasta que el regreso de Febo 
ahuyente las estrellas.
Traducción Luis Alberto de Cuenca y Antonio Alvar, 1981