Carminum II, 17 (A Mecenas)
¿Por qué me quitas la vida con tus quejas? 
Ni a los dioses es grato, ni a mí, 
que mueras antes, Mecenas, tú, 
pilar mío, toda mi gloria. 
¡Ah! Si una fuerza prematura 
te arrebatase a ti, la mitad de mi alma, 
¿a qué esperaría yo, la otra, 
no tan querida e incompleta superviviente? 
Ese día traería la ruina a ambos. 
Pero no será vano mi juramento: 
iremos, iremos, dondequiera que vayas, 
compañeros dispuestos a hacer juntos 
la última jornada. 
Ni el aliento de la ígnea Quimera, 
ni, si resucitare, el centímano Gias, 
me arrancaría nunca de ti: 
así lo acordaron 
Justicia poderosa y las Parcas. 
Nacido bajo Libra 
o bajo el formidable Escorpión, 
el más violento signo en la hora natal, 
o bajo Capricornio, tirano 
de la onda Hespérica, 
tus astros y los míos se corresponden 
de manera increíble. 
A ti la luminosa tutela de Júpiter 
te libró del impío Saturno 
y retardó las alas del Destino veloz 
cuando el pueblo, reunido, 
tres veces te aplaudió con alegría;
y a mí un tronco me hubiera 
aplastado el cerebro, si Fauno, 
custodio de los hombres de Mercurio 
no hubiese aligerado con su diestra el golpe. 
Acuérdate de ofrecerle víctimas 
y del templo que prometiste; 
yo inmolaré en su honor una humilde cordera.
Traducción Luis Alberto de Cuenca y Antonio Alvar, 1981