Carminum IV, 10 (A Ligurino)
¡Oh tú, hasta ahora cruel, en medio del poder 
que los dones de Venus te otorgan!
Cuando un invierno inesperado llegue 
sobre tu orgullo, y caigan esos rizos 
que ahora revolotean sobre tus hombros; 
cuando se apague ese color, 
más encendido que el de la rosa roja, 
y se vuelva áspera la cara de Ligurino, 
dirás todas las veces que lo veas, 
al otro, en el espejo: 
«¡Ay! Mi espíritu de hoy, 
¿por qué no me animó cuando era niño? 
O ¿por qué no regresan aquellas tiernas 
mejillas a este nuevo corazón mío?»
Traducción Luis Alberto de Cuenca y Antonio Alvar, 1981