Frases

       Cuando el mundo quede reducido a un solo bosque negro para nuestros cuatro ojos asombrados, —a una playa para dos niños fieles, a una casa musical para nuestra clara simpatía—, te encontraré.

       Que no haya aquí abajo sino un viejo solo, tranquilo y bello, rodeado de un "lujo inaudito"... y estoy a tus rodillas.

       Que haya yo realizado todos tus recuerdos —que sea yo aquella que sabe agarrotarte—, te ahogaré.

       Cuando nosotros somos muy fuertes: ¿quién retrocede? Muy alegres: ¿quién se cae de ridículo? Cuando somos muy malvados... ¿qué harían con nosotros?

       Engalánate, danza, ríe... yo nunca podré tirar el amor por la ventana.

       ¡Mi camarada, mendiga, niña monstruo! Cómo te es igual todo, esas infelices y esos jornaleros, y mis pesares. Únete a nosotros con tu voz imposible, ¡tu voz!, único adulador de esta vil desesperación. Una mañana encapotada, en julio. Un gusto de cenizas vuelta en el aire; un olor de madera sudando en el fogón, de flores empapadas —el trastorno de los paseos, el vapor de las acequias en los campos—, ¿por qué no ya los juguetes y el incienso?

       Tendí cuerdas de campanario a campanario; guirnaldas de ventana a ventana; cadenas de oro de estrella a estrella, y danzo.

       El alto estanque humea continuamente. ¿Qué bruja se levantará contra el poniente blanco? ¿Qué follajes violetas van a descender?

       Mientras los fondos públicos se esfuman en las fiestas de fraternidad, repica en las nubes una campana de fuego rosado.

       Avivando un sabor agradable a tinta china, un polvo negro llueve dulcemente sobre mi vigilia. Matizo las luces de la araña, me arrojo en la cama y, vuelto hacia la sombra, os veo, ¡mis muchachas, mis reinas!