Las tierras de Echigo

      Se nos hacía imposible irnos de Sakata y en ese embeleso se pasaron unos días. Al fin, me despertó la idea de los caminos del norte cubiertos de nubarrones y me oprimió el pecho calcular la distancia que aún nos faltaba para recorrer: había más de ciento treinta ri, nos dijeron, hasta la capital de la Provincia de Kaga.
Transpuesto el paso de Nezu, entramos en tierras de Echigo; luego de nueve días llegamos al paso de Ichiburi, en la Provincia de Etchu; el calor y la humedad me martirizaban y la enfermedad de siempre volvió a atacarme. No escribí nada, excepto estos poemas:

Séptima luna:
la noche del seis no es
como las otras.

Tendido fluye
del mar bravo a la isla:
río de estrellas.