Unos días en Kurobane
Visitamos al administrador del Señorío de Kurobane, un tal Joboji. No nos esperaba y esto pareció redoblar la alegría con que nos recibió. Pegamos la hebra y pasamos charlando días y noches. Su hermano Tohsui también nos visitó con frecuencia, nos llevó a su casa y nos presentó a su familia. Todos nos hacían invitaciones. Al cabo de unos días de descanso, recorrimos los alrededores y visitamos el lugar en donde se ejercitaban en la cacería de perros. En el llano de bambúes de Nasu visité la tumba de la Señora Tamamo y el Santuario de Hachiman. Me enteré de que Yoichi, cuando flechó el abanico, invocó especialmente a Hachiman, patrón de su país. El dios de este Santuario es precisamente aquel al que pidió ayuda Yoichi. Todo esto me conmovió. Al ponerse el sol, regresé a casa de Tohsui.
Cerca hay un monasterio Shugen, llamado Komo-ji. Nos llevaron allí y en la ermita de Gyojya, ante sus sandalias gigantescas, compuse lo siguiente:Sandalias santas:
me inclino: a mi me aguardan
verano y montes.En esta región, atrás del templo del Risco entre las Nubes, perdida en la montaña, se encuentra la ermita del Venerable Buccho. Una vez él me dijo que había escrito sobre la roca, con carbón de pino, esto:
Mi choza de paja:
ancho y largo
menos de cinco shaku.
¡Qué carga poseerla!
Pero la lluviaPara ver lo que quedase de la cabaña me dirigí al templo. Algunas gentes, la mayoría jóvenes, vinieron a ofrecerse como guías. Conversando animadamente y sin darnos cuenta llegamos a la falda de la montaña. La espesura era impenetrable y sólo se veían a lo lejos los distintos senderos del valle; pinos y cedros negros; el musgo goteaba agua y estaba frío aún en el cielo del Cuarto Mes. Tras de contemplar los Ríos Panoramas, cruzamos el puente y pasamos el Pórtico pero ¿dónde estaban las ruinas de la ermita de Buccho? Al fin, trepando la montaña por detrás del templo, descubrimos frente a una cueva una pequeña choza colgada sobre la roca. Sentí como si me encontrase en presencia de la Puerta de la Muerte del Gran Bonzo Myo o de la Celda de Piedra del Maestro Houn.
Escribí estos versos allí mismo y los dejé pegados en uno de los pilares de la ermita:Ni tú la tocarás
pájaro carpintero:
oquedad en verano.