Ese día el soldado Aguilera traía el sol Como un ciprés harapiento bajo la rama verde de su brazo el soldado Aguilera traía el sol No venía con la mirada caída de otros días no Se recortaba triunfante en la colina apretando al sol-rehén bajo su axila contagiado por la luz Se acercaba como el amanecer agigantándose a cada paso Ya entre nosotros lo sujetó contra el suelo clavó su bayoneta en el ojo dorado y rápidamente nos llenamos manos y bocas con esa carne de cíclope que sabía a dulce de batata