Nosotros que escuchamos sobre las cabezas el relincho del mortero que leímos el porvenir en las tripas de los nuestros Nosotros que olimos las letrinas del espíritu que tocamos el temblor de la piedra como un corazón desesperado Nosotros que lamimos el meado vientre de la tierra que persistimos pese a todo y a nosotros Somos los que aún permanecemos en cuclillas los que todavía tenemos las pupilas como esquirlas candentes los que a veces nos seguimos arrastrando por la noche los que todavía soñamos con regresar algún día