PÉRDIDAS

No era un billete anaranjado
caído al descuido de la Costa
de la billetera del Sr. Méndez
No tenía esos agujeros hechos
por algún pequeño infierno
escapado de la colilla del ebrio
que espera la cuenta de sus whiskyes
(no era la propina de la fortuna de Fortunato)

Tampoco era un papel intacto
arrastrado por el viento de Pearl Harbor
y depositado en un banco neblinoso
allá en los mares del sur

Eran ellos que gritaban un cielo numerado
sus inocencias de espumas
flameando entre las olas
Era Manuel y tantos otros que
se mojaban ablandándose disolviéndose

Era el Belgrano que se generalizaba
en medio de los borbotones del fuego
y se abrazaba a alguna tarde
en cada pueblo allá a lo lejos
y se hundía como una bandera de sol
en plena noche