ANESTESIA DEL TIEMPO

      Con ojos de viejo observo al niño que sostiene el mundo.

      El insomnio tiembla en los labios de la noche: “el miedo pesará como toneladas de bacterias. El trabajo será iciera a la que nadie será inmune”. Una estirpe esclavizada por el conocimiento calla porque el precio de la ciencia, como el de la literatura, es soledad. Y cuando la sangre apacigua la sed de los espejos, la herida deletrea en nuestras bocas la palabra dolor y será como si nos acariciasen el ombligo un perro y fuéramos de nuevo niños enfermos. Así nos exigimos dosis masivas de veneno; nos clavamos en el arco ciliar agujas de inicuos narcóticos, y llenos de chiribitas, descendemos al infierno/paraíso del olvido donde creemos morir de amor. Pero muere el amor y nosotros, sin embargo, vivimos.