CANTO A LA MUJER
El dolor es creación vientre de mujer desvanecida en la hierba que sueña espejos y relojes. Pero ¿qué convierte a la piedra en Coral? y al gusano, ¿qué le convierte en calavera? Morir es menos que nada todo nos lleva a la muerte. ¿Por qué preocuparse por lo eterno? La eternidad es un abanico de insectos que vuelan al alba de cada primavera, una aurora de mujeres que gimen en el laberinto de un solo Ser. Rocío, María y Carmen son la misma mujer: madres solícitas y esposas impúdicas, pero, el hombre, ¿sabe algo de la mujer? y, la mujer, ¿conoce algo del hombre? Faltan hombres verdaderos para tanta mujer. Faltan hombres que desnuden su Dolor hasta el límite de la luz/piel. Una mujer es esfinge letal del Aqueronte. Una mujer es Dolor de madre sin sus hijos. Ellas son refugio de muchos corazones pero sus corazones también enferman con la violencia con(tra) la esperanza vencida como enferman los hombres que en nombre de la amistad juegan con ciencia, letras y lúpulo pero no entienden el lenguaje del Coral. El poeta no puede parar corazones que laten y aun parándose un minuto, un siglo vuelven a latir con el abrazo de la tierra como quien busca eternidad en el útero de un cuerpo vivo. El poeta no es indiferente a la carne ni al Dolor de la mujer abandonada ni al aliento eterno que une al Verbo con la arcilla de una ciudad dormida. A la orilla de un mar fenecido él escribe a aquella que dio su vida por una mirada. Su corazón late con sufrimiento ancestral pero vive en el bulevar de las siete muertes: es ciega su mirada, sus palabras yermas.