Arthur Rimbaud

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PALABRAS PRELIMINARES

RIMBAUD: Un volcán de "Música Atonal" en busca de lo desconocido

Por Tomás Barna

Ver lo invisible, oír lo inaudible

Mediante la poesía llegar a lo desconocido

Estos dos pensamientos claves de Baudelaire se consuman en los poemas de Rimbaud. Sus palabras surgen como lava de un volcán en demoníaca erupción lanzándose fuera de la realidad, transfigurándose en imágenes. Lo "desconocido", en Rimbaud, es un polo de tensión, y su percepción poética penetra en el misterio a través de una realidad conscientemente hecha trizas. El núcleo de su percepción no es el yo empírico, porque en su lugar actúan fuerzas subterráneas capaces de imponerse con violencia. Sólo con ese impulso se puede palpar lo desconocido. Y este movimiento interior del ser, él lo ha expresado así: "Porque yo... es OTRO". Cuando la hojalata se despierta en forma de trompeta, no hay que echarle la culpa. Yo estoy presente al despertar de mi pensamiento; yo lo contemplo, yo lo escucho. Trazo una línea con el arco, y la sinfonía se mueve en la profundidad. Es un error decir: pienso. Habría que decir: "me piensan". Estamos, pues, en el tobogán desde donde la poesía moderna se habrá de zambullir en el caos del subconsciente. Por eso Rimbaud —como Nerval y Lautréamont— será considerado por los surrealistas como uno de sus tres grandes ascendientes. En Rimbaud, impulso poético comienza su actividad mutilándose, afeándose el alma, haciendo cristalizar la crueldad en su obra creadora —como lo hiciera en nuestro siglo Artaud—.

La poesía que nace de semejante operación es un lenguaje nuevo, un "lenguaje universal" —como lo denomina Rimbaud—. Es un tejido desprovisto de forma, compuesto por elementos disímiles: "extrañeza, arbitrariedad, asco y embeleso". La belleza y la fealdad poseen el mismo valor, se hallan al mismo nivel. Todo reside en "la excitación y en la música". En su poesía Rimbaud menciona la música, y lo hace sin cesar: "la música desconocida"; la música que oye "en castillos hechos de huesos"; "en la canción de acero de los postes de telégrafo"; en "el canto claro de la nueva desgracia"; "en la música más intensa donde se aniquiló el sufrimiento meramente armonioso" (aquí se manifiesta su ruptura con el romanticismo). Y esto es evidente pues cuando su poesía hace cantar a los seres y las cosas, suenan gritos y rugidos que se intercalan en la canción y el canto, creando así una música disonante.

En Una temporada en el infierno, bajo el título de "Alquimia del Verbo", Rimbaud escribe: "Yo ajustaba la forma y el movimiento de cada consonante, y —con ritmos instintivos— me enorgullecía de inventar un verbo poético accesible a todos los sentidos". Mediante esa "magia verbal" logra enriquecer de matices las vocales y nos permite captar las afinidades que establece entre las consonantes a lo largo de sus poemas. Y llega al colmo de la audacia cuando su voluntad de crear efectos sonoros domina a tal extremo sus poemas, que la frase surgida de esta búsqueda pierde todo sentido o adquiere una significación absurda, como es el caso de "Un hidrolato lacrimal lava", o "Mi triste corazón babea en la popa". Esto nos remite a la música atonal: la disonancia, creada por la contradicción entre el absurdo del sentido y la potencia de las sonoridades, permanece íntegra. Y un ejemplo aún más claro lo hallamos en esta frase del poema "Metropolitano" de Iluminaciones: "... et les atroces fleurs qu'on appellerait coeurs et soeurs, dames damnant de langueur" ("... y las atroces flores que llamaríamos corazones y hermanas, damas condenando de languidez"). Se advierte que resulta prácticamente intraducible, no sólo por lo absurdo en sí del original sino porque pierde vigencia la elaboración del lenguaje, de neto cuño musical. Esta frase es una sucesión abstracta de asonancias y aliteraciones. Rimbaud margina la coherencia, la lógica, creando sonoridades a fin de destruir la significación de las imágenes surgidas, y es así como nos hace sentir que lo desconocido yace oculto en lo más profundo de la materia. Rimbaud ha descubierto que lo desconocido es inherente a la realidad sensible y que si a esa realidad la desembarazamos del lastre de los hábitos e ideas preconcebidas, encontramos en ella la vibración de lo maravilloso.

Rimbaud ha llegado, así, a "crear forma y materia" —como lo expresó Sartre—. Y poseyendo el poder de un vidente, consumó su desprendimiento de lo sensible al captar la unidad de las cosas, sintiéndolas en él, identificándose con ellas. De tal modo alcanzó —mediante la expresión poética— las regiones del silencio más puro.

Publicado inicialmente en La Máquina del Tiempo

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

La inquietante personalidad de Arthur Rimbaud, uno de los máximos representantes del simbolismo, nació en Charleville, Francia, el 20 de octubre de 1854. Con una precocidad intelectual admirable, comenzó a transitar en la prosa a los ocho años y en poesía a los diez. A los 17 escribió El barco ebrio y lo envió a Paul Verlaine, quien lo invitó a trasladarse a París por la impresión que le causó la originalidad del poema.

La amistad entre Verlaine y Rimbaud se convirtió prontamente en una relación tan inestable como tormentosa. Viajaron por Inglaterra y Bélgica y, en este país, Verlaine intentó matarlo en dos ocasiones debido a las infidelidades de su amigo. En el segundo intento Rimbaud resultó herido de gravedad, y a Verlaine lo encarcelaron. Al salir del hospital Rimbaud se dedicó al comercio en África, es decir, que a los diecinueve años deja de escribir, cambiando su vida literaria por una vida aventurera. En 1891 regresó a Francia para ser tratado de un tumor en la rodilla, a consecuencia del cual murió en el hospital de Marsella el 10 noviembre del mismo año. De Una temporada en el Infierno, Paul Claudel dijo “Es la obra de un místico en estado salvaje”.

Luego de Una temporada en el infierno e Iluminaciones, recopiladas por Verlaine, Rimbaud entró definitivamente en la categoría de los mitos.

Libros publicados

  • Una temporada en el infierno, 1873
  • Iluminaciones, 1886

Cronología

1854.- Nace Arthur Rimbaud el 20 de octubre en Charleville, Ardennes, Francia. Su padre es un capitán de infantería que diez años después abandonará a la familia.

1855 - Walt Whitman, Hojas de hierba

1857 - Charles Baudelaire, Las flores del mal

1858 - Gustavo Adolfo Bécquer, El caudillo de las manos rojas

1859 - Charles Dickens, Historia de dos ciudades

1860 - Nace su hermana Isabelle

1861 - Fedor Dostoievski, Humillados y ofendidos

1862 - Víctor Hugo, Los miserables

1863 - Aldous Huxley, El lugar del hombre en la naturaleza

1864 - León Tolstoi, Guerra y Paz
              Nacen Miguel de Unamuno y Toulousse-Lautrec

1865 - Octubre, Rimbaud entra en el Colegio de Charleville

1866 - Paul Verlaine, Poemas Saturninos

1867 - Muere Charles Baudelaire

1868 - Fedor Dostoievski, El idiota.

1869 - Rimbaud obtiene el primer premio de versos latinos en el Concurso Académico, con “Jugurtha”. Escribe “Los Regalos de los Huérfanos”

1870 - La “Revue pour tous” publica “Los Regalos de los Huérfanos” (primer poema conocido). Georges lzambart, su profesor en Retórica, le estimula y le hace leer poetas contemporáneos. El 24 de mayo escribe a Théodore de Banville (en dicha carta se encuentran sus poemas “Credo in Unam” devenido enseguida “Soleil et chair”). El 29 de agosto materializa su primera fuga. Llega a París donde es encarcelado ya que su pasaje de tren no valía. Se hace liberar por Georges Izarnbart, quien lo alberga en casa de unas tías, en Douai. A fines de septiembre lo hace regresar a Charleville. Diez días después —el 7 de octubre— Rimbaud se vuelve a escapar a pie por Fumay, Charleroi y Bruxelles hasta Douai donde nuevamente lo alojan las tías del profesor. En el camino escribe “La Maline”, “Au Cabaret vert Ma Bohème”, entre otros poemas. El 11 de noviembre, por pedido de su madre, la policía lo lleva de retorno a Charleville.

1871 - El 25 de febrero emprende su tercera fuga por tren, hasta Paris. Rimbaud se queda allí unos quince días y vuelve a pie. El 13 de mayo escribe a Izarnbard una primera carta sobre la videncia, el 15 le escribe a Paul Demeny la “Carta del Vidente”, y envía a ambos varios poemas. Entre agosto y septiembre se escribe con Paul Verlaine, quién lo califica de verdadero poeta y de vidente. Paul Verlaine lo llama a París y Arthur llega con su último poema “El barco ebrio”. Vive junto a Verlaine y su esposa, en casa de los padres de ésta. Frecuenta en París a Jean Richepin (escritor francés 1849-1930), Etienne Carjat (caricaturista francés 1828 -1906), Jean Louis Forain (Pintor y grabadista francés 1852-1931).

1872 - Rimbaud reside en París con Verlaine, quien se querella con su mujer. Retorna a Charleville. Después de escribir varios poemas (“Los últimos versos”), regresa en mayo a París, llamado por Verlaine, con quien parte hacia Bélgica en el mes de julio. En septiembre llegan a Londres (es probable que allí haya comenzado a escribir Iluminaciones) pero Rimbaud vuelve a Charleville en las cercanías de Navidad. La revista “La Renaissance littéraire et artistique” publica “Los cuervos”.

1873 - Desde enero hasta abril Rimbaud vive en Londres y cuida a Verlaine que se encuentra enfermo. El 11 de abril llega a Roche donde está su familia y comienza a escribir el Libro Pagano o libro Negro, que será después Una temporada en el infierno. El 27 de mayo vuelve con Verlaine a Londres donde pasan una vida de miseria y disputas. En julio Verlaine regresa a Bruselas para reconciliarse con su mujer. Rimbaud lo sigue, y el 10 de ese mismo mes le anuncia su decisión de irse a París. Verlaine lo hiere de un balazo, lo que le representa una condena de dos años en prisión. En Roche, Arthur culmina Una temporada en el infierno, impreso en Bruselas en el mismo año. Al no poder pagar la edición recibe sólo unos pocos ejemplares; los restantes fueron encontrados recién en el año 1915 (24 años después de su muerte) en el sótano de la imprenta, poniendo fin a la leyenda que Rimbaud los habla destruido. En el otoño se instala en París.

1874 - Desde la primavera, Rimbaud vive en Londres con el poeta Germain Nouveau. Allí permanecerá casi todo el año; escribe sin duda la parte más grande de Iluminaciones.

1875 - Desde Charleville, en enero, parte hacia Stuttgart con la intención de aprender alemán. Obtiene un puesto de preceptor. A fines de febrero se encuentra con Verlaine. Rimbaud va de Stuttgart a Milán, a pie. Repatriado por intervención del cónsul francés en Livonia, en otoño se encuentra nuevamente en Charleville. Continúa el estudio de las lenguas españolas, italianas, árabes, entre otras.

1876 - En abril se encuentra en Viena. En mayo se enrola en el ejército colonial holandés y es conducido en julio a Batavia, donde deserta al cabo de tres semanas. En agosto vuelve a Charleville.

1877 - Rimbaud reanuda en Europa su vida errabunda. Estando en septiembre en Marsella se embarca hacia Alejandría. Enfermo, es llevado a Charleville.

1878 - Tras una breve estadía en Hamburgo, Rimbaud parte a pie hacia Italia. En noviembre se embarca hacia Alejandría. En diciembre está en Chipre —cerca de Larnaca— donde dirige una cantera.

1879 - En junio, estando enfermo, vuelve a Roche.
              Henrik lbsen, Casa de muñecas

1880 - Nuevamente va hacia Chipre, de allí hacia Egipto y más tarde recorre los puertos del Mar Rojo. Obtiene un contrato en Aden; luego el 13 de diciembre llega a Harrar, Abisinia, donde trabaja para la firma Berdey, que comercializa café y pieles.

1881 - Rimbaud permanece en Harrar.
             Alfred Tennyson, La copa
             Oscar Wilde, Poemas

1882 - Walt Whitman, Redobles de tambor
             Antonio Gaudí, La Sagrada Familia.

1883 - Friedrich Nietzsche, Así hablaba Zaratustra (partes I y II)

1884 - Friedrich Nietzsche, Así hablaba Zaratustra (partes III y IV)
             Mark Twain, Huckleberry Finn.

1885 - Guy de Maupassant: Cuentos del día y de la noche.

1886 - Sin que Rimbaud lo supiera, son publicadas las Iluminaciones
             (I al XXXVII) en la revista La Vogue (200 ejemplares).

1887 - La operación de venta de armas fracasa: Arthur no recibe paga.

1888 - Hasta el año 1890 dirige una fábrica en Harrar e interviene
             en varias otras operaciones comerciales.

1889 - Herman Melville, Billy Budd. Muere Robert Browning
             Mark Twain, Un yanky en la corte del Rey Arturo

1890 - Oscar Wilde: El retrato de Dorian Gray.
             Emil Zola, La bestia humana.
             Muere Vincent Van Gogh

1891 - En febrero, Rimbaud sufre malestares en la pierna derecha que él atribuye, según una carta enviada a su hermana Isabelle, al frío de Harrar, a largas caminatas de 15 a 40 kilómetros diarios y a "cabalgatas insensatas por las abruptas montañas de la región". En marzo lo llevan a Zeilah en una litera diseñada por él mismo y de allí a Aden desde donde poco después vuelve a Francia. Es hospitalizado en Marsella y el 22 de julio le amputan su pierna derecha. Desde julio hasta el 23 de agosto permanece en Roche pero su salud se agrava y parte con Isabelle hacia Marsella nuevamente para ser hospitalizado. El 10 de noviembre, poco después de cumplir los 37 años, muere Arthur Rimbaud en el Hospital de la Concepción.

Publicado inicialmente en La Máquina del Tiempo

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Arthur Rimbaud

POEMAS
Vocales

A negra, E blanca, I roja, U verde, O azul: vocales,  
diré algún día vuestros nacimientos latentes;  
A, negro chaleco velludo de moscones resplandecientes:  
que zumbumban en torno a pestazos crueles,  
golfos de sombra; E, candor de vapores y de tiendas,  
lanzas de glaciares altivos, reyes blancos, calofríos de umbelas;  
I, púrpuras, sangre escupida, risa de labios bellos  
en la cólera o las embriagueces penitentes;  
U, ciclos, vibramientos divinos de los mares víridos,  
paz de las dehesas sembradas de animales, paz de las arrugas  
que la alquimia imprime en las anchas frentes estudiosas;  
O, supremo clarín lleno de estridencias extrañas,  
silencios atravesados de Mundos y de Ángeles:  
—O, la Omega, rayo violeta de Sus Ojos. 
El barco ebrio

Mientras descendía por Ríos impasibles, 
Sentí que los remolcadores dejaban de guiarme: 
Los Pieles Rojas gritones los tomaron por blancos, 
Clavándolos desnudos en postes de colores. 

No me importaba el cargamento, 
Fuera trigo flamenco o algodón inglés.
Cuando terminó el lío de los remolcadores,
Los Ríos me dejaron descender donde quisiera. 

En los furiosos chapoteos de las mareas, 
Yo, el otro invierno, más sordo que los cerebros de los niños,
¡Corrí! Y las Penínsulas desamarradas
Jamás han tolerado juicio más triunfal.

La tempestad bendijo mis desvelos marítimos. 
Más liviano que un corcho dancé sobre las olas 
Llamadas eternas arrolladoras de víctimas,
¡Diez noches, sin extrañar el ojo idiota de los faros! 

Más dulce que a los niños las manzanas ácidas, 
El agua verde penetró mi casco de abeto 
Y las manchas de vinos azules y de vómitos 
Me lavó, dispersando mi timón y mi ancla. 

Y desde entonces, me bañé en el Poema
De la Mar, lleno de estrellas, y latescente,
Devorando los azules verdosos; donde, flotando 
Pálido y satisfecho, un ahogado pensativo desciende;

¡Donde, tiñendo de un golpe las azulidades, delirios 
Y ritmos lentos bajo los destellos del día, 
Más fuertes que el alcohol, más amplios que nuestras liras, 
Fermentaban las amargas rojeces del amor! 

Yo sé de los cielos que estallan en rayos, y de las trombas 
Y de las resacas y de las corrientes: 
¡Yo sé de la tarde, Del Alba exaltada como un pueblo de palomas,
Y he visto alguna vez, eso que el hombre ha creído ver!

¡Yo he visto el sol caído, manchado de místicos horrores.
Iluminando los largos flecos violetas,
Parecidas a los actores de dramas muy antiguos
Las olas meciendo a lo lejos sus temblores de moaré!

¡Yo soñé la noche verde de las nieves deslumbrantes,
Besos que suben de los ojos de los mares con lentitud,
La circulación de las savias inauditas,
Y el despertar amarillo y azul de los fósforos cantores!

¡Yo seguí, durante meses, imitando a los ganados
Enloquecidos, las olas en el asalto de los arrecifes, 
Sin pensar que los pies luminosos de las Marías
Pudiesen frenar el morro de los Océanos asmáticos! 

¡Yo embestí, sabed, las increíbles Floridas
Mezclando las flores de los ojos de las panteras con la piel
De los hombres! ¡Los arcos iris tendidos como riendas 
Bajo el horizonte de los mares, en los glaucos rebaños! 

¡Yo he visto fermentar los enormes pantanos, trampas
En las que se pudre en los juncos todo un Leviatán;
Los derrumbes de las aguas en medio de la calma, 
Y las lejanías abismales caer en cataratas!

¡Glaciares, soles de plata, olas perladas, cielos de brasas! 
Naufragios odiosos en el fondo de golfos oscuros
Donde serpientes gigantes devoradas por alimañas
Caen, de los árboles torcidos, con negros perfumes! 

Yo hubiera querido enseñar a los niños esos dorados
De la ola azul, los peces de oro, los peces cantores.
-Las espumas de las flores han bendecido mis vagabundeos 
Y vientos inefables me dieron sus alas por un momento. 

A veces, mártir cansada de polos y de zonas,
La Mar cuyo sollozo hizo mi balanceo más dulce 
Elevó hacia mí sus flores de sombra de ventosas amarillas 
Y yo permanecía, al igual que una mujer, de rodillas... 

Casi isla, quitando de mis bordas las querellas
Y los excrementos de los pájaros cantores de ojos rubios. 
¡Y yo bogué, mientras atravesando mis frágiles cordajes
Los ahogados descendían a dormir, reculando!

O yo, barco perdido bajo los cabellos de las algas, 
Arrojado por el huracán contra el éter sin pájaros, 
Yo, a quien los Monitores y los veleros del Hansa 
No hubieran salvado la carcasa borracha de agua;

Libre, humeante, montado de brumas violetas, 
Yo, que agujereaba el cielo rojeante como una pared 
Que lleva, confitura exquisita para los buenos poetas,
Líquenes de sol y flemas de azur;

Yo que corría, manchado de lúnulas eléctricas,
Tabla loca, escoltada por hipocampos negros, 
Cuando los julios hacían caer a golpes de bastón
Los cielos ultramarinos de las ardientes tolvas;

¡Yo que temblaba, sintiendo gemir a cincuenta leguas
El celo de los Behemots y los Maelstroms espesos,
Eterno hilandero de las inmovilidades azules, 
Yo extraño la Europa de los viejos parapetos!

¡Yo he visto los archipiélagos siderales! y las islas 
Donde los cielos delirantes están abiertos al viajero: 
-¿Es en estas noches sin fondo en las que te duermes y te exilias,
Millón de pájaros de oro, oh Vigor futuro? 

¡Pero, de verdad, yo lloré demasiado! Las Albas son desoladoras. 
Toda luna es atroz y todo sol amargo:
El acre amor me ha hinchado de torpezas embriagadoras.
¡Oh que mi quilla estalle! ¡Oh que yo me hunda en la mar!

Si yo deseo un agua de Europa, es el charco
Negro y frío donde, en el crepúsculo embalsamado
Un niño en cuclillas colmado de tristezas, suelta 
Un barco frágil como una mariposa de mayo.

Yo no puedo más, bañado por vuestras languideces, oh olas,
Arrancar su estela a los portadores de algodones, 
Ni atravesar el orgullo de las banderas y estandartes, 
Ni nadar bajo los ojos horribles de los pontones.

Publicado inicialmente en Isla Ternura

Adiós

       ¡Ya el otoño! —Sin embargo, por qué añorar un eterno sol, si estamos empeñados en descubrir la claridad divina,— lejos de los que mueren con las estaciones. Otoño. Nuestra barca, alzada en las brumas inmóviles, se orienta hacia el puerto de la miseria, la enorme ciudad del cielo manchado por fuego y lodo. ¡Ah, los andrajos podridos, el pan mojado en lluvia, la ebriedad, los mil amores que me crucificaron! ¡Jamás terminará pues, esta reina devoradora de millones de almas y cuerpos muertos y que serán juzgados! Vuelvo a verme, carcomida la piel por el fango y la peste, cabellos y axilas repletos de gusanos, y más gusanos todavía en el corazón, yacente yo entre desconocidos que no tienen edad ni sentimiento... Hubiese podido morir...

¡Atroz Evocación! Execro la miseria.
Y temo el invierno porque es la estación del confort!

       A veces veo en el cielo playas sin fin, cubiertas de blancas naciones jubilosas. Un gran navío de oro agita, por encima de mí, sus pabellones multicolores en las brisas de la mañana. Yo creé todas las fiestas, todos los triunfos, todos los dramas. Procuré inventar flores nuevas, astros nuevos, carnes nuevas, idiomas nuevos. Creí adquirir poderes sobrenaturales. ¡Y bien, debo sepultar mi imaginación y mis recuerdos! ¡Hermosa gloria de artista y de narrador perdida!

       ¡Yo! ¡Yo que me califiqué de mago o de ángel, dispensado de toda moral, soy devuelto a la tierra, para que me busque un deber y abrace la rugosa realidad!
       ¡Campesino!

       ¿Estoy equivocado? ¿Sería la caridad, para mí, hermana de la muerte? En fin, pediré perdón por haberme nutrido de mentiras. Y andando. Pero, ni una mano amiga! ¿Dónde obtener ayuda?

       Sí, la nueva hora es, por lo menos, muy severa.
       Porque puedo decir que obtuve la victoria: el rechinar de dientes, los silbidos de fuego, los suspiros pestilentes, se moderan. Se borran los recuerdos inmundos. Mis últimos pesares se desvaneces —celos por los mendigos, los Bandoleros, amigos de la muerte, los retrasados de toda especie.— Condenados, ¡si yo me vengara!

       Es preciso ser absolutamente moderno.

       Nada de cánticos: conservar lo adelantado. ¡Dura noche! ¡La sangre seca humea sobre mi rostro y nada tengo por detrás salvo ese arbolito horrible!... El combate espiritual es tan brutal como la batalla entre hombres; pero contemplar la justicia sólo es placer de Dios.

       Entretanto es la víspera. Recibamos todos los influjos de vigor y de real ternura. Y en la aurora, armados de ardiente paciencia, entraremos en las ciudades espléndidas.

       ¡Y yo hablaba de una mano amiga! Es una buena ventaja poder reírme de los viejos amores engañosos y cubrir de vergüenza a esas parejas mentirosas —he visto allá el infierno de las mujeres;— y podré poseer la verdad en un alma y un cuerpo.

abril-agosto de 1873

Publicado inicialmente en La Máquina del Tiempo

De Rimbaud:

  • Si siempre hubiese estado despierto, yo bogaría en plena sabiduría.

  • El primer estudio del hombre que quiere ser poeta es su propio conocimiento entero.

  • Digo que es preciso ser vidente mediante un largo, inmenso y sistemático desarreglo de todos los sentidos.

  • Mi superioridad consiste en no tener corazón.

  • La honestidad de la medicina me llena de dolor.

  • ¿No tuve una juventud heroica y fabulosa, digna de ser escrita en láminas de oro, fortuna inaudita?

  • Yo hubiera podido morir en Africa, roído por el fango y la peste, con el cuerpo lleno de gusanos y rodeado de desconocidos sin edad y sin sentimientos.

  • Apreciemos sin vértigo la dimensión de mi inocencia.
Sobre Rimbaud:

El hombre de suelas de viento. Es inútil perseguirlo. Tal es su velocidad que nadie lo alcanzará jamás. Ni yo lo pude alcanzar mediante el crimen.

Paul Verlaine

Si Rimbaud sobrevive a las fluctuaciones de la moda, se lo debe a la gratuidad de su crueldad, a su cirugía demoníaca, a la generosidad de su hiel. Lo que le permite a una obra durar, lo que le impide envejecer es su ferocidad.

Emil Cioran

Escribir no fue jamás para Rimbaud otra cosa que un medio; un medio para desembarazarse de su alma, de proyectar fuera de sí el mal maravilloso que lo aquejaba.

Jacques Rivière

No es un ser, es un impulso: el tránsito aparecido-desaparecido de un impulso puro,

Roger Mounier