Daniel Chirom
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| PALABRAS PRELIMINARES
POÉTICA Jean Giono decía que la poesía es el arte de curar las heridas. El hecho de escribir poesía, de leerla, es vital para mí. Sin ella no concibo no sólo mi vida, sino la existencia del mundo. Creo que la actitud que un poeta debe guardar es la misma que la de cualquier hombre para beber la vida: estar en estado de permanente asombro. De allí que podría decir que mi poesía se basa en experiencias personales pues todo aquello que sucede, me sucede. DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS Nació el 13 de mayo de 1955. Es Abogado (Universidad Nacional de Buenos Aires, Tomo 2, folio 29) y periodista. Habla con fluidez los idiomas inglés, francés e italiano. Está casado y tiene dos hijos. Libros publicados Poesía
Premios y distinciones
Prosa
Cantata
Antologías Entre otras
Antologías compiladas por el autor
Estudios sobre su obra
Publicaciones y colaboraciones Entre otras
Otras actividades
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Daniel Chirom Ugarteche 2855 2° piso, Capital Federal, Argentina Teléfono particular: 011 - 804 8452 Teléfono celular: 011 - 155 445-5899 |
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| PASTEL DE MANZANA |
Baba, Baba, tu Rusia de samovar, tus ojos verdes, esa mirada perdida en las lejanías, presa de la furia, del olvido, cautiva del destierro, y esas manos empuñando las tijeras para hacer el corte preciso y el pequeño monedero y el mismo delantal siempre limpio y los alfileres prendidos a la comisura de los labios mientras hablabas en voz baja, mitad en castellano y mitad en yidish. Apenas comprendía lo que decías pero estaba tu porte alto,tus brazos fuertes y no tenía miedo en las noches de aquel hospital de paredes blancas donde transcurrieron varios días de mi infancia . Un niño de tres años entre sábanas blancas y enfermeras blancas, tosiendo, asombrado de la penumbra mientras sostenía un oso en los brazos y bajo la almohada guardaba las golosinas que no podía comer, y esa sopa insípida que me servían en un plato metálico y el pollo sin sabor y el termómetro bajo las axilas. Pero estaba el postre, tu pastel de manzana, el manjar del exilio. Esa torta eran mis juegos , mis amigos , el muro que me guarecía de la intemperie,mientras esperaba el día de mi fuga, dejar de toser , no vestir más ese camisón blanco y olvidar los azulejos celestes del corredor y las caras bondadosas de los médicos con su rictus de sólo Dios sabe y las visitas complacientes. Y tenía miedo de la bruja de La Bella Durmiente, esa mujer terrible de ojos negros, rostro verde y uñas largas me acechaba detrás de cada recoveco, y antes de dormir tenía que bajar de la cama y espiar en todos los rincones para asegurarme de su ausencia -temía combatir con el dragón- y entonces yacía en el lecho con mi torta de manzana, flacucho, temeroso,esperando el alba como quien espera confesarse. En tus ojos veía los miedos de tierras hostiles, negaciones, persecuciones y abstenciones y comprendía que también para ti el único refugio era ese pastel de manzana, vieja receta venida al Río de la Plata desde Kiev, la lejana Rusia, la madrecita patria. Un poco de pan, apenas manzana, azúcar negra y una horneada.Oh sabores de la infancia , polleras de aromas, ¿ cómo vivir sin la cocina , la sopa verde, el dulce nuestro de cada día, el café con leche, el té con el terrón de azúcar pegado a la lengua , la carne pálida del pollo, las escamas como llovizna del pescado?; pero ¿cómo seguir sin la astucia culinaria?.Sí, dejarse llevar por la lucidez de la digestión, la tozudez de los intestinos, los agridulces jugos gástricos. Recuerdo la humedad de tu cocina , sus paredes de azulejos rosados , su blanca mesada de mármol, la heladera gorda de la providencia con el motor cuyo constante ruido parecía un auto yendo a baja velocidad en un día de lluvia, la mesa tosca de madera verde, los platos ajados de loza blanca, los cubiertos acerados, el vaso alto con naranjada, el pan fresco partido en rebanadas (nunca el pan negro, era para los mujiks decía mi Baba), la miel amarilla, la gelatina de pescado grisácea, la mermelada roja, la manteca blanca y esos tazones gigantes donde uno perdía la nariz que luego emergía esmerilada de té con leche. Ah las hornallas brillando en la penumbra,sus débiles llamas brindando calor, la escuálida lámpara colgando del cielo raso, el almanaque de montañas (¡Que lejos está el pueblo de tu infancia, la estepa rusa, las cúpulas doradas de la iglesia ortodoxa, la pequeña sinagoga, el río congelado!). Pero también está el paisaje de corredores blancos de mi infancia de hospital poblada por tu mirada. Y no sabía de Dios, no conocía su palabra: Dios era la escupidera donde orinaba en las madrugadas, o aquellos algodones manchados de sangre y esas sábanas amarilleadas por el sudor y esa pequeña mesita de luz con su aún más pequeño velador que tú cubrías con un pañuelo rojo para que me velara el sueño, y ese techo tan descascarado, tan diferente al cielo del patio de la casa. La soledad no tiene edad, Rusia y aquel hospital son la misma geografía , las bellas palabras están ajadas y nuestros ojos sonámbulos desesperan por encontrar un manjar donde esconderse del vacío que nos reclama. ¿Tendrá mi hijo la suerte de apretar contra el paladar en los días del desasosiego un trozo de torta de manzana?, ¿poseerá la seguridad que brinda el sabor preciso o deambulará buscando una patria, una cocina donde hallar un aroma que lo descubra?. Oh Baba, abuela , la mesuzah cuelga de la pared, su voz calla, hace mucho que no enciendo los candelabros y tus copas opalinas ya no lucen sobre manteles bordados blancos y en mi cumpleaños nadie me trae un pastel de manzana. Estoy solo, mi mundo es el pretérito de un sabor, la nostalgia por la pérdida del manzano. En estos días en que las oraciones enmudecen y hay poco para agradecer, es buena la memoria del paladar, la gula divina, mirar un plato con torta de manzana que un niño se devora y luego una mujer se inclina para llenarlo otra vez. Pastel de mi carne, pastel de mi saber, ven ,sálvame, necesito tu invariable corazón azucarado. ¡Qué cerca está el hospital de mi infancia! |
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| ISRAEL |
Escucha Israel, Dios es único, Dios es poderoso pero tú has luchado con su ángel y lo has vencido. ¿Quién acecha ahora tu heredad? , ¿quién tañe tus noches?. Ya sé, quisieras nuevamente llamarte Jacob, ser un pastor que vaga por el desierto y siembra piedras como dólmenes y laúdes como dones, un solitario para quien la suerte de su tribu es su suerte y Dios apenas la soledad después de la fatiga del día,cuando se bebe el vino bajo la luz de la luna y se hace el amor ungido de estrellas. Pero la maldición fue echada desde que abandonaste la casa de tu padre y decidiste ser el destino y su furia. Tendrás que echar raíces en el yermo, alzar templos en la intemperie y hacer brotar agua de las rocas para que las plegarias ciñan tu travesía. Escucha Israel, Dios es único, Dios es poderoso. Encuentra al ángel y pídele por tu nombre verdadero. |
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| MADRE |
En las noches, cuando en mi ventana flamea como un incendio el frenesí de las Bacantes, abro mis ojos y miro el cielo raso buscando tu rostro, esa mirada y esa voz que resplandecían mientras tu espalda se encorvaba bajo el peso de las brujas y dragones a quienes tanto temía. Pero ¿cómo hacías para hacer de la oscuridad un haz luminoso?,¿qué coral te dictaba las canciones que acunaban mis miedos?. Ahora que las sombras son sólo sombras y no figuras chinescas, ahora que los espejos envejecen en mi mirada, te convoco madre-infancia. Tus manos apaciguando la penumbra de mi ignorancia, tus dedos deslizándose por mis cabellos como hollando un santuario, tus brazos moviéndose al compás de mis ferocidades. Yo te contemplaba desde el sueño envuelto en tus aromas de malvón, tomillo y madreselva. Y qué bien reía tu cuello inclinado sobre mi oído para susurrarme el último arcano, un ojo del viento. ¿En qué cesta que ahora no encuentro viven las madejas de colores con que tejías mis rezos, y aquél diario donde anotabas con inocente paciencia mis primeras palabras, los primeros pasos, el primer beso?. Madre, si eso no era tu niñez, ¿qué falta ahora y hace que todo duela? |
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| RESPONSO |
Reposa en tus días invisibles, sueña. Una ausencia invade tu nombre. |
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| LA PLEGARIA |
Di la oración como la sientas y no como está escrita. Fragua con tu verbo todas las esperanzas y no esperes mi segunda venida para contemplar tu calvario. Ve a la cueva del ermita, arráncale sus plegarias y espárcelas a los cuatro vientos. Reconoce en tus ojos a ese ser superior que anhelas. Sé humilde ante mi mirada. |