Domingo Faustino Sarmiento

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PALABRAS PRELIMINARES

Sarmiento en sus casas

por Gustavo A. Brandariz

Conferencia pronunciada el 5 de noviembre de 1997
en un acto organizado por la Asociación Sarmientina.

         La Asociación Sarmientina ha tenido la feliz idea de convocarnos a este acto cultural, en un año en que hasta el Presidente de los Estados Unidos ha recordado la personalidad de Sarmiento. Más de un siglo después de su fallecimiento, los estudios sarmientinos se multiplican y demuestran un renovado interés por las múltiples facetas de su pensamiento y de su acción, porque siguen brindando claves esenciales para construir un futuro mejor.

         En ese contexto, el título de esta breve disertación-"Sarmiento en sus casas"-puede parecer casi doméstico, biográfico o anecdótico. Procuraré demostrar que no es así, y que esta aproximación a Sarmiento también es capaz de dejarnos una valiosa reflexión.

La casa natal

         No siempre podemos elegir las casas en las que hemos de vivir. Pero es indudable que, como "estuches" de la vida, ellas nos moldean a la vez que nosotros las moldeamos. Y en el caso de Sarmiento, sus casas tuvieron tanta significación, que a partir de ellas podemos reconstruir, en gran medida, su personalidad, sus preferencias y sus ideales.

         Nació Domingo Faustino Sarmiento el 15 de Febrero de 1811 en su casa paterna, en el Barrio del Carrascal, de la ciudad de San Juan. O quizás, mejor fuera llamarla "su casa materna", porque fue levantada por su madre. "En 1801 doña Paula Albarracín (...) joven de veintitrés años, emprendía una obra muy superior, no tanto a las fuerzas, cuanto a la concepción de una niña soltera-leemos en "Recuerdos de Provincia". Había habido el año anterior una grande escasez de anascote, género de mucho consumo para el hábito de las diversas órdenes religiosas, y del producto de sus tejidos había reunido mi madre una pequeña suma de dinero. Con ella y dos esclavos de sus tías Irrazábales, echó los cimientos de la casa que debía ocupar en el mundo al formar una nueva familia. Como aquellos escasos materiales eran pocos para obra tan costosa, debajo de una de las higueras que había heredado en su sitio, estableció su telar, y desde allí, yendo y viniendo la lanzadera, asistía a los peones y maestros que edificaban la casita, y el sábado, vendida la tela hecha en la semana, pagaba a los artífices con el fruto de su trabajo." Poco tiempo después de terminada la casa, Doña Paula contrajo matrimonio con José Clemente Sarmiento, guerrero de la Independencia.

         Con sus paredes blancas, despojadas de ornamentos y celosas guardianas de la intimidad, y con su patio hospitalario, lleno de luz y de verde, la casa natal de Sarmiento es un exacto ejemplo de nuestra arquitectura doméstica virreinal. Construcciones pobres pero no carentes del sentido del espacio apto para la vida familiar. Pobreza de capitales pero no de ideas ni de sentimientos.

         En 1801, nuestro Virreinato era todavía como un retazo de Andalucía. La casa del Carrascal podría estar en Sevilla o en Granada. Sólo nos sorprende el telar: este sencillo aparato todavía se encuadra en la técnica anterior a la Revolución Industrial, pero la preanuncia. En 1801 aún no habían llegado a San Juan la máquina de vapor, pero Doña Paula, tan metódica, ya era una tejedora de los tiempos que estaban por venir.

         Esa fue la casa de la infancia de Sarmiento, y en su ambiente se moldearon su espíritu y su sensibilidad. "La casa de mi madre, la obra de su industria, cuyos adobes y tapias pudieran computarse en varas de lienzo tejidas por sus manos para pagar su construcción, ha recibido en el transcurso de estos últimos años algunas adiciones que la confunden hoy con las demás casas de cierta medianía. Su forma original, empero, es aquella a que se apega la poesía del corazón, la imagen indeleble que se presenta porfiadamente a mi espíritu, cuando recuerdo los placeres y pasatiempos infantiles, las horas de recreo después de vuelto de la escuela, los lugares apartados donde he pasado horas enteras y semanas sucesivas en inefable beatitud, haciendo santos de barro para rendirles culto en seguida, o ejércitos de soldados de la misma pasta para engreírme de ejercer tanto poder".

         Felizmente, la casa se conserva como un fiel documento de época: no sólo es la casa natal del prócer, sino también un ejemplo de que una casa amigable puede ayudar a que la felicidad de la infancia nos alcance para soportar todos los azares posteriores de la vida. Y también es el monumento a un ejemplo: el esfuerzo industrioso de la madre enseñó al hijo los beneficios de la industria, y el hijo quiso que su pueblo, con las herramientas del conocimiento aplicado a la industria, fuera laborioso para mejorar de condición. La casa de su madre le enseñó a Sarmiento la idea del progreso, quizás mejor que los escritos filosóficos que después leyó.

         Desde esta casa, Sarmiento partió para sus exilios, y estando en Chile, don Manuel Montt le brindó esa formidable beca que lo llevó por Europa, África y los Estados Unidos, en un itinerario que podemos seguir a través de su libro "Viajes" o, a través de la cordial guía de Javier Fernández, en el número más reciente de la revista "Todo es Historia".

La casa de Buenos Aires

         A lo largo de su dilatada existencia, Sarmiento residió en muchas ciudades y habitó en numerosas residencias. No obstante, sólo en dos de sus casas, vivió durante un lapso prolongado: la casa de San Juan, la casa de su niñez, y la casa de Buenos Aires, la de sus altos años.

         La "casa de Sarmiento en Buenos Aires" está ubicada en la calle Sarmiento Nº 1251, y fue adquirida por el prócer después de terminar su mandato como Presidente de la Nación Argentina. Fue la casa de su fecunda vejez y el lugar en que pudo gozar, después de una larga trayectoria pública, de una vida familiar apacible y de una vida intelectual intensa.

         Sanjuanino de nacimiento, "porteño en las Provincias y provinciano en Buenos Aires"-como se llamó a sí mismo-, Sarmiento-hombre universal-se radicó en forma estable en Buenos Aires cuando asumió la Presidencia de la República en 1868, pero careció de una casa propia hasta 1875.

         En ese año, Sarmiento adquirió, por primera y única vez, una casa en Buenos Aires. Precisamente, como lo señaló Antonio Requeni, "Sarmiento adquirió esta casa (...) por intermedio de su amigo Manuel Ocampo. El propietario, Emilio Duportal, pretendía 28.000 pesos y Ocampo le pidió una rebaja arguyendo que iba a vivir allí quien hasta un año antes había sido presidente de la República. Duportal rebajó el precio a 20.000, pero cuando Sarmiento se enteró, dijo que él no aceptaba "dádivas" y pagó los 28.000 pesos". Manuel Ocampo, amigo, apoderado y administrador personal de Sarmiento, fue quien diligenció la operación. Según algunos historiadores, Manuel Ocampo convenció a Sarmiento de la factibilidad de comprar una casa de estas características con sus ahorros. Pero Margarita Navarro Clark, descendiente del prócer, aseguraba que "no se sabe si la casa (...) la compraron con sus ahorros o fue un regalo de su amigo don Manuel Ocampo. (...). Lo cierto es que el señor Ocampo le entregó el título de propiedad a nombre de Sarmiento, por valor de 28.000 pesos de la época, diciéndole que lo había pagado con los ahorros de su dinero que administraba, para que tuviera donde vivir en Buenos Aires (...). También es cierto que a Sarmiento no le importaba el dinero y lo dejaba en cualquier parte. Una vez usó su sueldo como señalador, en un libro, hasta que, al tiempo, apareció por casualidad".

         "Una doble puerta se abre sobre un zaguán luminoso y éste sobre un patio cuadrangular y una antigua construcción de una planta", escribe Susana Pereyra Iraola. De acuerdo con la información publicada por la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos , "la época de su construcción parece datar de 1860, existiendo un núcleo más antiguo, probablemente perteneciente al siglo XVIII, con paredes de adobe que daban al último patio".

         El edificio es una típica "casa de patios", de una sola planta, de estilo Neo-renacimiento italiano. La casa tiene tres patios. En el primero de ellos hubo en tiempos de Sarmiento una araucaria. En torno a los patios, la casa tiene diez habitaciones, de formas cuadradas o rectangulares y de altos techos. Los cielorrasos conservan aún las molduras originales. La sala más grande albergaba la biblioteca. Luego le seguía el escritorio, el dormitorio de Sarmiento, los del resto de la familia, el baño, la cocina, habitaciones de servicio y sótano.

         Las baldosas de mármol blanco y negro del segundo patio, dispuestas en forma de damero, son las originales. "En ese lugar -agrega Requeni- está la pajarera y el aljibe, también original, con su brocal de piedra". Seguramente, la más prolija descripción de la casa de Sarmiento en Buenos Aires, se debe a Leopoldo Lugones, y figura en su "Historia de Sarmiento" publicada en 1911.

         "El amplio zaguán estaba decorado al fresco por el mismo Sarmiento, con una copia del vestíbulo de la casa de Livia en Roma, sobre fondo rosa de ladrillo, y algunas figuras pompeyanas. Aquella decoración hizo moda en varios zaguanes de la época. Sarmiento habíala tomado de una lámina de la grande Historia Romana de Duruy y de diversas estampas en colores. Desgraciadamente, la pintura actual suprimió aquellos frescos tan interesantes, pues siendo al óleo, ha exigido raspaduras previas."

         "En el tercer costado hallábase su dormitorio, donde se destacaba una vulgar cama de madera, una colcha tejida por su madre que decía en letras negras sobre el fondo blanco floreado: Paula Albarracín a su hijo D. F. Sarmiento, trabajo de sus manos a los 84 años de edad, [1861] dulce memoria del telar, casi diría cantado en los Recuerdos de Provincia. Detrás quedaba la habitación de su hermana Rosario. Seguían los dos cuartos de sus nietas, corridos también hacia el fondo, de manera que el más lejano daba por una ventana sobre el segundo patio.

         Dos cuartos de su nieto Augusto, una pieza de servicio, el baño y la cocina enteramente enlozada, completaban la edificación. Entre los dos últimos cuartos y el de servicio había un pequeño vestíbulo de donde arrancaba una escalera conducente a un desván que era el taller de su nieta Eugenia. "Un tercer zaguán conducía al último patio, donde había un parral que era la prolongación de aquel, un pequeño jardín dominado por un limonero, y un mirador. En las noches cálidas Sarmiento escribía en ese zaguán, alumbrándose con dos velas defendidas del viento por dos altos fanales que habían pertenecido al general Lavalle.(...)

         "Las reuniones de familia, que presidía satisfecho y alegraba con su verba bromista o con sus narraciones inagotables, efectuábanse en el comedor, comunicado con su escritorio por un pasadizo que corría sobre el muro del fondo".

         Nada queda actualmente en la casa del mobiliario de Sarmiento, pero parte de él se conserva hoy en el Museo Histórico Sarmiento, por donación de sus nietos y descendientes.

Caracterización arquitectónica

         La casa de la calle Cuyo es una típica casa de patios de Buenos Aires y sus características formales y su ordenación espacial permiten considerarla un excelente ejemplo de arquitectura neo-renacentista.

         Este tipo de vivienda ya difundido durante el Virreinato, con el tiempo fue sufriendo transformaciones, la más importante de las cuales surgió en los años posteriores a 1852, cuando se abrieron las puertas a la inmigración. El flujo inmigratorio fue indudablemente plural en sus procedencias, pero, en Buenos Aires, prevalecieron en número los inmigrantes italianos, llegando a constituir por largos años un 70% del total. Este ingreso multitudinario de italianos, coincidió, además, con el creciente prestigio del estilo "Neo-renacimiento" italiano, estilo que fue el más utilizado en las décadas que siguieron a 1860. Sarmiento admiraba ese estilo, al que veía como un símbolo de un refinamiento artístico de nuestra arquitectura: un símbolo de progreso cultural y moral.

Sarmiento en la casa de la calle Cuyo

         Sarmiento vivió en esta casa, en compañía de su hermana María del Rosario -quien atendió la casa-, de su hija Faustina Sarmiento de Belín y de sus seis nietos, Julio, Emilia, Augusto, Elena, Luisa y Eugenia, en cuya formación intelectual y espiritual intervino activamente. Sarmiento habitó la casa entre 1875 y mayo de 1888, es decir desde poco después de terminar su mandato como Presidente de la República Argentina hasta poco antes de partir hacia Asunción del Paraguay en busca de un clima más favorable a su salud .

         El 29 de mayo de 1875 Sarmiento se incorporó al Congreso Nacional como Senador por San Juan. Ese mismo año asumió paralelamente el cargo de Director General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, funciones que desempeñó hasta 1881. En 1876 fundó la revista "La Educación Común", y en 1881 fundó "El Monitor de la Educación Común", órgano del Consejo Nacional de Educación. En 1879 por un mes, ocupó la cartera de Ministro del Interior de Presidente Avellaneda. En 1881 asumió la Superintendencia General de Escuelas del Consejo Nacional de Educación, cargo al que renunció casi un año después. Entre 1885 y 1886 fue Director del diario "El Censor", por él fundado.

         En esta casa, Sarmiento recibió las visitas de Bartolomé Mitre y de Nicolás Avellaneda, su antecesor y su sucesor en la Presidencia de la República, de grandes dirigentes políticos como Aristóbulo del Valle y Leandro N. Alem y de muchas otras personalidades. Mientras residía en esta casa, dirigió los trabajos del Parque 3 de Febrero En esa casa escribió sus discursos como Senador Nacional, sus artículos en defensa de la educación laica, el libro "Conflictos y armonías de las razas en América", la biografía de Francisco Javier Muñiz y la "Vida de Dominguito". Mientras residía en esta casa, en 1882, asumió el cargo de Gran Maestre de la Masonería Argentina, que ocupó por un año, y desde el cual ejerció un poderoso influjo en favor de la educación popular.

         Por esos años, además, la casa de Sarmiento fue sede de reuniones intelectuales, como la de médicos celebrada en 1884, o la que organizara el dueño de casa en 1886, oportunidad en que se expusieron pinturas, se escucharon interpretaciones musicales y, al aire libre, Sarmiento pronunció una alocución titulada "Robinson es una nación". En ella habló largamente de los fundamentos pedagógicos de la educación deseable, (...) exaltando a los Estados Unidos como país que, a través de figuras como Franklin, Fulton, Edison, Morse y Lincoln, había cristalizado en una nación el "espíritu de Robinson Crusoe". La figura de Sarmiento había crecido en prestigio y en popularidad, especialmente entre la juventud, y -como lo recuerda Ricardo Rojas- anualmente era saludado, con motivo de su cumpleaños, por manifestaciones estudiantiles que se dirigían a su casa.

         En Buenos Aires, Sarmiento era una figura pública patriarcal y un vecino de excepcional notoriedad. Sus hábitos, sin embargo, siguieron siendo sencillos. "Yo nací el año 1871-escribió Nicolás Repetto-, en un viejo caserón de estilo español situado en la calle Cuyo entre Talcahuano y Libertad. Sarmiento vivía frente a nuestra casa, y su figura tornóse familiar para mí apenas comencé a caminar. Lo veía pasar todos los días en sus viajes a la imprenta de "El Nacional", como a un ser extraordinario, con su andar distraído, su gran sombrero de Panamá, su traje de brin y su nudoso bastón aplicado a la espalda".

Historia posterior de la casa

         En 1893, un lustro después de la muerte de Sarmiento, la propiedad fue rematada y la adquirió doña Justa Lima de Atucha. En 1910 la casa fue declarada de utilidad pública, con la idea convertirla en un museo. La ley no se cumplió: el Museo se instaló en Belgrano. Desde 1938, fecha de creación del Museo Histórico Sarmiento y de su establecimiento en la sede de la calle Cuba y no en la casa de la calle Sarmiento, funcionó en ella la Comisaría 3ª de la Policía Federal, una comisaría que, en la década del '50 cobró notoriedad a raíz de denuncias de la oposición política acerca de torturas infligidas a presos políticos que involucraban al comisario Cardozo y a su hermano.

         En 1947 el Gobierno Nacional adquirió finalmente la propiedad a la señora Carolina Atucha y en 1948 fue declarada Monumento Histórico. Entonces fue restaurada. En 1957 la Comisaría 3ª se trasladó a otro inmueble y el edificio fue variando de usos. En 1980 el Gobierno Nacional cedió la casa a la Provincia de San Juan, que decidió instalar en ella su delegación en Buenos Aires, lo que se concretó ocho años más tarde, al conmemorarse el centenario de la muerte de Sarmiento. Lamentablemente no hay en ella una biblioteca o un centro cultural, sino oficinas administrativas. ¡En la casa de Sarmiento, que, cuando le asignaron un edificio para su oficina de Director de Escuelas, transformó su propia oficina en escuela!

La Casa del Delta

         Mucho antes de adquirir su casa de Buenos Aires, Sarmiento compró una isla en el Delta de Paraná, construyó en ella una casa de madera y armó allí su refugio bucólico. El cuyano nacido entre montañas, amó los ríos de llanura y la selva: "Desde mi llegada a Buenos Aires he buscado en las islas del Paraná un pedazo de tierra adonde retirarme un día como he vivido en mi pobre provincia, a la sombra de los árboles, cultivando plantas y aspirando el ambiente embalsamado de la vegetación y de las flores".

         Pero no era sólo un romanticismo naturalista el que impulsaba a Sarmiento. Mucho antes de llegar a Buenos Aires, el mapa del Delta le hacía pensar en el Nilo y en su fecundidad. Su interés por el Delta venía desde ese entonces. En 1818, cuando Francisco Javier Muñiz relevó la zona por encargo de Juan Martín de Pueyrredón, todo estaba aún en estado salvaje. También Juan María Gutiérrez se interesó por la región. Pero fue Marcos Sastre "el primer hombre culto que aplicó el raciocinio a la realidad y vio en las islas terrenos adaptables a la industria", según escribe Sarmiento. Perseguido por Rosas, Sastre se radicó en San Fernando y desde allí incursionó reiteradamente por el Delta, publicando, a partir de 1844 sus descripciones del vergel. En 1858, Marcos Sastre publicó "El Tempe Argentino", libro que tuvo gran difusión.

         Tres años antes, en 1855, Sarmiento compraba su isla enclavada en el paisaje celebrado por el antiguo mecenas de la "Joven Argentina", Si Marcos Sastre imaginó el Delta, fue Sarmiento quien lo civilizó. En el prólogo del "Tempe", cuenta Magariños Cervantes que el Delta apareció de un modo novelesco. Pocos imitaron a Marcos Sastre pero, cuando Sarmiento tomó partido por el Delta, "todo el mundo quiso entrar adquiriendo un pedazo de aquella tierra de promisión" y "antes de dos años estaban ocupadas todas las islas del Delta en una extensión de diez leguas".

         Sarmiento organizó un viaje de exploración para incitar al poblamiento del Delta: Bartolomé Mitre y Carlos Enrique Pellegrini lo acompañaron en la aventura; más de quinientas personas siguieron sus sugerencias. El Delta se transformó en una zona productiva, agrícola e industrial. Casi como un símbolo de su fe en el Delta, Sarmiento introdujo el mimbre, que aún hoy es el material de las artesanías regionales.

         En 1856 tomó posesión de su isla disparando al aire simbólicos tiros de carabina, como un conquistador. Inmediatamente, rindiendo homenaje a sus mejores recuerdos italianos, la bautizó con el nombre de "Prócida" , como una isla situada frente a Nápoles. Del mismo modo, al puentecito que construyó en la isla, lo bautizó "Rialto", como el de Venecia. María del Carmen Magaz y María Beatriz Arévalo han estudiado "la casa de Sarmiento en el Delta", en un artículo publicado en Ambas Américas, en septiembre de 1993. Mucho antes, José Benjamín Zubiaur, en 1917 y Raúl Silva Montaner, en 1966, brindaron también información sobre la casa.

         El edificio es una pequeña construcción de madera, como un "chalet", de planta en forma de cruz griega y techo de tejas en fuerte pendiente. La planta baja era libre y la planta alta, única destinada a la habitación, apenas tenía tres ambientes. Las paredes, construidas con tablas prefabricadas, dispuestas en forma vertical, nos dan la idea de que se trata de una arquitectura mucho más elaborada de lo que a simple vista puede imaginarse.

         Y esta afirmación se puede probar aludiendo a un artículo de Sarmiento fechado en 1885 y titulado "Arquitectura y paisajes isleños". En él, Sarmiento, treinta años después de comprar su isla, sigue bregando por el progreso del Delta, y sigue insistiendo en la lógica de las casas de madera. "Ni piedra ni ladrillo" -escribe- (...) el fronterizo norteamericano se construye para echar el primer cimiento de las que luego serán florecientes ciudades, un log-house, que era un cuadro de vigas superpuestas, caladas con el hacha por mitad en las esquinas, de manera de formar en línea y sin intersticios". En el Delta, el sauce sería el material de construcción ideal. "La innovación introducida en las islas es la casita de madera", "la arquitectura norteamericana". En vez de columnas corintias, Sarmiento prefería en el Delta las cabañas madereras. "Son aquellas, muestras de un progreso norteamericano que deseáramos ver introducido en nuestro país".

         En el sueño sarmientino, el Delta del Paraná sería tan valioso como el Nilo para Egipto, las islas formarían como una Venecia para la cultura, pero en un ambiente de una naturaleza propia del realismo mágico americano, y los habitantes, "pioneers" de un "far west" ubicado a las puertas de Buenos Aires y acercado por el Ferrocarril a San Fernando, tendrían sus casitas de madera según la lógica norteamericana y no según los lujos ornamentales del eclecticismo europeo.

         Durante años, Sarmiento y Dominguito frecuentaron la casa del Delta. Muerto Sarmiento, en 1895 Carlos Delcasse adquirió la propiedad, que luego donó a una institución de bien público, que, a su vez, la donó al Consejo Nacional de Educación. En 1966, a propuesta del Consejo, presidido por la Profesora Luz Vieira Méndez, un Decreto del Presidente Illia, declaró a la Casa de Sarmiento en el Delta, como Monumento Histórico Nacional. Hoy se la ve aún en pié, a pesar de sus achaques. Se parece al resto de las casas madereras del Delta. Todas ellas vinieron después: son un legado arquitectónico de Sarmiento.

La Casa de Asunción

         En un interesante folleto publicado en 1982, Ernesto Liceda nos brinda una prolija información acerca de las casas de Sarmiento en Asunción del Paraguay. Sarmiento se estableció en Asunción a mediados de 1887, procurando un clima más benigno para sus altos años y su debilitada salud , y, tras un breve regreso, volvió al Paraguay para el invierno de 1888. Inicialmente se alojó en el Hotel Hispanoamericano y posteriormente se trasladó al Hotel Cancha, a instancias del Dr. Andreuzzi, su propietario. La zona, escribe Liceda "era un hermoso paraje en el que se extendían frondosas quintas e inmensos naranjales. (...) La casa que en ese entonces habitara era un pequeño pabellón anexo al hotel." Tenía cuatro habitaciones, una de las cuales Sarmiento utilizó como escritorio y las tres restantes fueron su dormitorio y los de su hija Faustina y de su nieto Julio Belin.

         Pese a los años y las dolencias, al amparo del buen clima y del mejor espíritu, Sarmiento escribió intensamente en su austero gabinete asunceño, redactando cartas, publicando artículos y continuando libros, con un vigor casi juvenil. Martín García Merou, por entonces al frente de la representación diplomática argentina en Asunción, fue con frecuencia su compañero de paseos y de reflexiones. Y fue el mejor cronista de aquellos momentos del viejo maestro: "Cierro los ojos y me parece contemplarlo presidiendo una larga mesa, tendida debajo de un naranjal frondoso", en el "dulce Lambaré", a pocos metros de la ribera del río, y frente a la embocadura del Pilcomayo, en una de cuyas orillas alcanzábamos a descubrir los pliegues de nuestra bandera. Estaba como nunca alegre y decidor, si bien manifestaba al marchar una ligera fatiga".

         La casita que ocupaba Sarmiento era de techo en pendiente, de pizarra y su estructura y paredes eran de madera, despojada de toda ornamentación y alhajada en su interior tan sólo por algunos muebles más queridos que suntuosos, muchos libros y papeles, algunos cuadros de Eugenia Belin y casi nada más.

         Sólo el recuerdo queda de esta casa, que ya antes de 1910 había sido demolida. Aunque, como lo señala Liceda, no faltaron quienes confundieran la casa que habitara Sarmiento con la que fue utilizada para su velatorio, que con el tiempo fue conocida como "el solar Sarmiento". Ésta, a su vez, fue demolida en 1954 y reemplazada por un réplica, que es la que muestran las fotos recientes del pequeño museo evocativo de Sarmiento en Asunción.

         Si nos atenemos a las descripciones de época, la casa auténtica era una típica construcción semi industrializada, construida con tablas verticales procesadas en aserradero mecanizado y de un formato geométrico gobernado por principios de racionalidad constructiva. Este tipo de casas madereras, se difundieron por América, en gran medida por influjo norteamericano y no siempre respondieron a una lógica afín al clima de la región en donde se usaron.

Casa Isotérmica

         Este desajuste entre clima y arquitectura era muy claro para el propio Sarmiento. Mientras vivía en la casa de madera, soñaba con su nueva casa de metal, la "casa isotérmica": una casa de tecnología de última generación, que el siempre inquieto e innovador Sarmiento había adquirido a sus fabricantes de Bélgica. A unos mil quinientos metros de la casita de madera, Sarmiento empezó a construir su nueva casa isotérmica, una vivienda industrializada, realizada en chapa doble de acero con cámara aislante en el interior de sus paredes, por donde el aire circulaba libremente refrigerando el interior de los ambientes. "Las de madera son inaguantables en país caliente", escribía Sarmiento a un amigo. Estas casas habían probado su eficacia en Africa y Sarmiento lo sabía. Al traer una a Paraguay, no sólo deseaba una habitación más fresca para él y su familia, sino que esperaba que sirviera de modelo para los paraguayos: hasta en estas cuestiones obraba como maestro y civilizador.

         Sarmiento no llegó a habitar su casa isotérmica: según recordara Eugenia Belin Sarmiento "esta casa le fue fatal, le precipitó la muerte; tanto trabajo se tomó él mismo en dirigir, en hacer jardines, plantar árboles, dotarlos de agua para regar. Estaba muy impaciente porque no se encontraba agua en el pozo que estaba cavando. Al fin a los treinta metros se encontró, y tuvo tanta alegría cuando lo supo, que con sus entusiasmos y vehemencia de siempre se agitó tanto, ordenando que se suspendiera el trabajo, que le trajeron cerveza a los peones y se pusieron banderas argentinas y paraguayas".

         La casa isotérmica fue su última obra: una obra arquitectónica y a la vez docente.

         La historia de la arquitectura universal registra hoy a este tipo de casas pioneras como uno de los testimonios más claros de la innovación tecnológica durante el siglo XIX. Gustavo Eiffel -el ingeniero de la Torre símbolo de París- fue uno de los fabricantes de casas de hierro, y una de las que él produjo, felizmente se conserva en la ciudad de Córdoba.

Conclusión

         Entre todas las casas de Sarmiento, fue la "isotérmica" la más avanzada. La de San Juan fue su capullo: simple, benigno y hospitalario, con su patio florido, la higuera y el telar que componen el paisaje todavía virreinal de su infancia .

         La casa de la calle Cuyo, en Buenos Aires, es un manifiesto de su ideario urbano y doméstico: una casa de patios, casi pompeyana, con sus proporciones geométricas, su austera ornamentación renacentista y su patio en damero,

         La casa del Delta fue su manifiesto bucólico y su manifiesto industrial. Sarmiento no veía incompatibles sino armónicas la naturaleza y la industria. La casa del Delta podría ser tomada como un símbolo precursor de la visión ecológica de la nueva industria contemporánea que, lejos ya de la contaminación desaprensiva, desarrolla materiales, formas y sistemas que preservan el ambiente.

         Finalmente, la casa isotérmica nos presenta a un Sarmiento interesado por las tecnologías de punta, pero no por el placer de la técnica sino por la búsqueda de una mejor calidad de vida.

         Las cuatro casas fueron, para Sarmiento, otros tantos motivos pedagógicos. En "Recuerdos de Provincias" habló largamente de los valores morales vinculados a su casa natal. La casa de la calle Cuyo fue su preferencia urbana y fue el ámbito de su magisterio de vejez. La casa del Delta fue un manifiesto de su pasión progresista. La casa isotérmica fue su ilusión final: la técnica al servicio del bienestar.

         Nació en la casa que fue obra de su madre y murió haciendo una casa para su hija y sus nietos, y para ejemplo de los demás.

         Sarmiento, en sus casas, no sólo fue un habitante: fue el espíritu que les dio personalidad y las hizo protagonistas, también, de sus lecciones pedagógicas. ¡Maestro, al fin, también con sus casas!

Bibliografía

Zubiaur, José Benjamín. Escuela y Recreo en la Isla Sarmiento en el Delta del Paraná. Buenos Aires, Perrotti, 1917 (Folleto)
Sarmiento, Domingo Faustino. Recuerdos de Provincia
Guía Descriptiva - Magaz Delta
Rojas, Ricardo. El profeta de la Pampa. Vida de Sarmiento. Buenos Aires, Kraft, 1962
Brandariz, Gustavo A. La Casa de Sarmiento en Buenos Aires
Sarmiento, Domingo Faustino. Arquitectura y paisajes isleños. La nature chez elle. Sarmiento, Domingo Faustino. Obras Completas, Vol XLII, Costumbres, progresos (continuación), Buenos Aires, Luz del Día, 1953. Página 179.Buenos Aires, 1855
Ricardo Rojas. El profeta de la Pampa. Vida de Sarmiento. Buenos Aires, Kraft, Página 402, 1962

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

         Domingo Faustino Sarmiento nació el 14 de Febrero de 1811 en San Juan. Fue maestro rural, periodista, escritor, hombre de estado, Presidente de la República Argentina (1868-74). Muchas obras públicas, Bibliotecas, Museos, Colegios, Escuelas Normales, Avances científicos, estudios agrícolas, comunicaciones, etc. deben  a Sarmiento su nacimiento, gran apoyo y evolución.

         Escribió entre otras obras: Recuerdos de Provincia, Facundo o Civilización y Barbarie, Viajes por Europa, África y América, Educación Popular, Método de Lectura Gradual, La vida de Lincoln, Vida y escritos del Coronel D. Francisco Javier Muñiz, Vida de Dominguito, y muchos libros y ensayos sobre temas educativos y de cómo exterminar el analfabetismo en América.

          Fue llamado "el Profeta de la Pampa". En el Parque "Tres de Febrero", en Buenos Aires, se levanta el Monumento a Sarmiento.          En el patio de su Casa Natal, Museo Sarmiento, se encuentra la higuera y el busto de su madre, Doña Paula Albarracín.

         Falleció el 11 de Septiembre de 1888 en Asunción, Paraguay.

DÍA DEL MAESTRO

         La Conferencia Interamericana de Educación se reunió en Panamá, en 1943, e instituyó el Día Panamericano del Maestro, a celebrarse el 11 de septiembre en homenaje a don Domingo Faustino Sarmiento.

         La Primera Conferencia de Ministros y Directores de Educación de las Repúblicas Americanas:

Considerando

         Que es actividad fundamental de la Escuela la educación de los sentimientos, por cuyo motivo no debe olvidarse que entre ellos figura en primer plano la gratitud y devoción debidas al maestro de la escuela primaria, que con su abnegación y su sacrificio guía los primeros pasos de nuestras generaciones y orienta el porvenir espiritual y cultural de nuestros pueblos;

         Que ninguna fecha ha de ser más oportuna para celebrar el día del maestro que el 11 de septiembre, día en que pasó a la inmortalidad, el año 1888, el glorioso argentino Domingo Faustino Sarmiento, maestro de maestros, quien entre otras valiosas ejecutorias que lo acreditan como insigne ciudadano de América cuenta la de haber sido el primer Director de la centenaria Escuela Nacional de Preceptores que abrió sus puertas en Santiago de Chile el 14 de junio de 1842,

Resuelve:

         Se declara Día del Maestro en todos los países del Continente Americano el 11 de Septiembre.

1 de Octubre de 1943

HIMNO A SARMIENTO

Fue la lucha tu vida y tu elemento; 
la fatiga, tu descanso y calma; 
la niñez, tu ilusión y tu contento, 
la que al darle el saber le diste el alma. 

Con la luz de tu ingenio iluminaste 
la razón, en la noche de ignorancia. 
Por ver grande a la Patria tú luchaste 
con la espada, con la pluma y la palabra. 

En su pecho, la niñez, de amor un templo 
te ha levantado, y en él sigues viviendo. 
Y al latir su corazón va repitiendo: 
¡Honor y gratitud al gran Sarmiento! 

¡Honor y gratitud!

¡Y gratitud! 

 
¡Gloria y loor! ¡Honra sin par 

para el grande entre los grandes 
Padre del aula, Sarmiento inmortal! 

¡Gloria y loor! ¡Honra sin par!
.

Domingo Faustino Sarmiento