Enrique Molina
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| PALABRAS PRELIMINARES
Enrique Molina: A partir de cero Entrevista: Fernando Loustaunau y Javier Barreiro Cavestany El pasado 13 de noviembre de 1997, a los 86 años de edad, falleció en Buenos Aires el poeta argentino Enrique Molina (1910), uno de los autores latinoamericanos más destacados de nuestro siglo. En esta entrevista que Javier Barreiro y Fernando Lostaunau sostuvieron con él en 1987, Molina conversa sobre su predilección por los caminos de Baudelaire, el panorama cultural de los años cincuenta, el sentido de las vanguardias, el surrealismo y la poesía Argentina moderna. Suplemento La Jornada Semanal, 16 de febrero de 1997 DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS Libros publicados Poesía
Prosa
Premios y distinciones
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Enrique Molina |
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| ALTA MAREA |
Cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del orgullo la errónea maravilla de sus noches de amor las constelaciones pasionales los arrebatos de su indómito viaje sus risas a través de las piedras sus plegarias y cóleras sus dramas de secretas injurias enterradas sus maquinaciones perversas las cacerías y disputas el oscuro relámpago humano que aprisionó un instante el furor de sus cuerpos con el lazo fulmíneo de las antípodas los lechos a la deriva en el oleaje de gasa de los sueños la mirada de pulpo de la memoria los estremecimientos de una vieja leyenda cubierta de pronto con la palidez de la tristeza y todos los gestos del abandono dos o tres libros y una camisa en una maleta llueve y el tren desliza un espejo frenético por los rieles de la tormenta el hotel da al mar tanto sitio ilusorio tanto lugar de no llegar nunca tanto trajín de gentes circulando con objetos inútiles o enfundadas en ropas polvorientas pasan cementerios de pájaros cabezas actitudes montañas alcoholes y contrabandos informes cada noche cuando te desvestías la sombra de tu cuerpo desnudo crecía sobre los muros hasta el techo los enormes roperos crujían en las habitaciones inundadas puertas desconocidas rostros vírgenes los desastres imprecisos los deslumbramientos de la aventura siempre a punto de partir siempre esperando el desenlace la cabeza sobre el tajo el corazón hechizado por la amenaza tantálica del mundo Y ese reguero de sangre un continente sumergido en cuya boca aún hierve la espuma de los días indefensos bajo el soplo del sol el nudo de los cuerpos constelados por un fulgor de lentejuelas insaciables esos labios besados en otro país en otra raza en otro planeta en otro cielo en otro infierno regresaba en un barco una ciudad se aproximaba a la borda con su peso de sal como un enorme galápago todavía las alucinaciones del puente y el sufrimiento del trabajo marítimo con el desplomado trono de las olas y el árbol de la hélice que pasaba justamente bajo mi cucheta éste es el mundo desmedido el mundo sin reemplazo el mundo desesperado como una fiesta en su huracán de estrellas pero no hay piedad para mí ni el sol ni el mar ni la loca pocilga de los puertos ni la sabiduría de la noche a la que oigo cantar por la boca de las aguas y de los campos con las violencias de este planeta que nos pertenece y se nos escapa entonces tú estabas al final esperando en el muelle mientras el viento me devolvía a tus brazos como un pájaro en la proa lanzaron el cordel con la bola de plomo en la punta y el cabo de Manila fue recogido todo termina los viajes y el amor nada termina ni viajes ni amor ni olvido ni avidez todo despierta nuevamente con la tensión mortal de la bestia que acecha en el sol de su instinto todo vuelve a su crimen como un alma encadenada a su dicha y a sus muertos todo fulgura como un guijarro de Dios sobre la playa unos labios lavados por el diluvio y queda atrás el halo de la lámpara el dormitorio arrasado por la vehemencia del verano y el remolino de las hojas sobre las sábanas vacías y una vez más una zarpa de fuego se apoya en el corazón de su presa en este Nuevo Mundo confuso abierto en todas direcciones donde la furia y la pasión se mezclan al polen del Paraíso y otra vez la tierra despliega sus alas y arde de sed intacta y sin raíces cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan De Amantes Antípodas |
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| ESTETOSCOPIO |
Pon el oído sobre el pecho de este país del diluvio y la luna con pálidas mandíbulas de plata enmascarado de malaria en un celeste distrito prohibido en el plumaje real de las hojas escucha allí adentro el sordo crujido de los roperos de la muerte hinchándose con la dilatación del invierno el graznido de la pantanosa región del delta toda esa agua inmovilizada por las estrellas en semejante esplendor enemigo mira encenderse bajo la sombra de la niebla el filamento eléctrico de la muerte el amenazante sueño de una raza en el revés de la tierra Escucha en tu cerco (y uno es siempre extranjero) los fantasmas filtrados entre las raíces escucha escucha el trueno del monzón subterráneo el ronquido de las cebollas enterradas hace mil años el crótalo del hormiguero que se ramifica el corazón azul de los monos la savia terrible que nutre esas hojas vampiras el zumbido de los muertos preparando su cena y su salto Escucha ese corazón delator de detritus que ascienden hacia ti cal viva minerales comidas del tiempo y más abajo el grito del negro injuriado el tumulto del saqueo el susurro de plegarias en la iglesia llena de cuernos de búfalo y el blues del jabón nupcial de la amante desnuda en un líquido perfumado que fosforece en el país que ya no verás nunca (Y nadie quería volver a nacer cubierto de escamas rojas coronado de murciélagos en el gran final en el héroe indecente en el usurpador con espalda de cerdo nadie quería ser amputado por la selva beber esas esponjas tenebrosas de la niebla escuchar esa lengua del revés del agua del revés de las frutas oír allá adentro ese chasquido de tu piel sola sobre tus huesos solos) |
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| LA PRISIONERA |
Perro no toques esos senos donde las más delicadas violetas orgánicas serán un hervidero de escorpiones un ladrido baldío era la ribera caliente de esa sirvienta de las hojas que ha trabajado tanto para esas flores enormes del martirio para los azorrales con el gatillo del pantano al rojo vivo del silencio y la terrible prisionera no cae no cede únicamente insulta con su gemido de supliciada Perro no toques ese pelo mordido por la lluvia entre las lentas pantallas del follaje en la sombra de la injusticia ella la empecinada la desnuda entre las hojas cómplices No toques ese cuerpo conectado a las fibras de un pueblo de dientes fulgurantes conectado a la savia y a la luna que recoge esos muertos de una negra cosecha al grito del amor y del monzón al alarido del soldado consumido por un soplo de gelatina ardiente Esa presa es tantálica como el país sin sueño que defiende ese país de plantaciones de odio que se contagia de hoja en hoja Esa presa es tantálica |
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| LUZ DE PATÍBULO |
¡No quiero morir! me digo a menudo como un imbécil descorriendo los paños agrios del amanecer sobre mi máscara de mono sobre mi corazón sin principios ¡entre la avaricia de la tierra confusa y ardiente como el camarín de una loca! No quiero morir sin conocer a fondo una piedra una mano la rueda de hormigas y vino que mueve la noche la amistad de los pájaros en esas regiones baldías donde se muele la harina sin fin en el calendario con mi alma de encrucijada y de caricia girando en el viento de la frustración excitante como el horizonte ¡como un sexo insatisfecho hasta los últimos óvulos de la costa que se pierde de vista! ¡No quiero morir! me digo aullando con la apuesta perdida de otro día en plena sangre yo que insultaba a esos cargadores de inmundicias y a esos otros devoradores de migajas benditas por amor a la muerte exijo una piel de orquídeas bajo la demencia de las estrellas una injuria de prisionero secuestrado por las olas esas mujeres fanáticas insomnes en sus pobres hospitales de besos entre los fuegos nocturnos. Yo hijo de labores incompletas y regiones extrañas hijo de sementeras errantes y de matrices ansiosas hijo de corrientes de uñas hambrientas hijo de hembra fosforescente no quiero morir bajo mi piel bajo mi voz para vociferar en la sombra tras esos ventanales inmensos y empañados donde apoyan la frente criaturas de muralla y de lluvia... |