Hebe Solves
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| DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS
Hebe Solves es poeta, narradora, escritora e ilustradora de literatura infantil, docente y autora de libros pedagógicos. Nació en Vicente López, en 1935. Vivió siempre en Buenos Aires, salvo el tiempo en que trabajó como maestra rural. Libros publicados Poesía
Poesía para niños
Ensayo Taller Literario, una alternativa de aprendizaje creador Antologías Cuentos y poemas suyos aparecieron en diarios, revistas y antologías. Parte de sus poemas infantiles han sido musicalizados por María Teresa Corral. Premios y distinciones Primera Mención en Ciencias de la Educación de los Premios Nacionales por Taller Literario, una alternativa de aprendizaje creador. Otras actividades Coordina su Taller Literario privado desde 1975, y así mismo, jornadas y eventos de expresión literaria y formación de coordinadores de taller en diversos lugares del país. |
Hebe Solves hsolves@interlink.com.ar |
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| POBLACIÓN |
Hay en mi casa plantas indefensas crecidas en la distracción. Hay panales de avispas solidarias y cascarones blandos, polillas que esperan nacer. Hay una paloma demorada en el techo, lechuza de la siesta y antena de plumas y pico. Y yo camino arrastrando las palmas de las manos por las aristas de los muebles, las barandas, un imaginario balcón que improvisa el domingo. Somos una legión de seres sin destino dispersos los unos en los otros, dibujados por la casualidad. Somos lo que decimos: avispas. polillas, cascarones, plantas, picos de la siesta en los destellos de un vidrio. |
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| INDOLENCIA |
¿Quién nos ata a las cosas y a mí, compaginándonos a deshora, sino la imagen de todas las imágenes de mí sin mí? La multitud escancia una posible voz, un gesto indivisible en los reflejos del aire, una historia propia (¿real?) Y yo también me miro como si mirara las caras de un retrato infinito y único. Al fin, un desorden ingobernable reúne la vida y el olvido; peligran en la indolencia los víveres y se anulan las razones de saber y las de morir. |
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| EL GOLEM |
El Golem no era correr caer rodar: el barro no tiene nombre para el que cae. ¿El llanto? Nadie escucha el barro la voz la boca se abre en la oscuridad el silencio. El Golem conociendo siendo era la soledad el que sale y aúlla llevándose a sí mismo con los ojos abiertos el blanco de los ojos entre pestañas pegoteadas y la boca abierta en la sombra en la trampa de los tamariscos en la alambrada del pasado en la orilla en el tiempo de alguien que se separa del resto y vuelve para mostrarse como culpa y solicita escupiendo frío desnudo górgola de dos en un abrazo corriendo rodando cayendo el barro no tiene nombre para los que viran el llanto nadie escucha la boca se abre en la oscuridad el silencio. Y el hombre y la mujer el Golem abrazados conociendo siendo la soledad los que aúllan anillándose llevándose a sí mismos en los brazos del otro, con el blanco de los ojos en el patio de tierra donde las piedras tienen diez mil años y son pan de ayer rodar correr caer raspar más allá en el bañado de la lluvia en el pasado. Así somos ropa del otro, brazo abrazo barro del que debe nacer y se retarda y alarga el ceroso cordón de parir barro somos el hombre para la mujer para el hombre capa oscura de envolver los cuerpos para sí noche y blanco del ojo donde se ve el que ve y resucita. |
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| LA POSESIÓN, EL NOMBRE |
El ganado a la orilla del monte cielo manchado que ha de volver a la aguada la querencia el rodeo la ejecución. La tierra tiene un límite: el regreso, el amor, otra intemperie sin camino donde estar y morir. Veo el agua del balde echarse como río en el polvo amarillo de la siesta. La picada del perro respirando la tierra. Prisionero, el cazador. También las avestruces en tropel entre dos pozos ciegos, los corrales del tiempo husmeando el pedemonte de la soledad. Las marcas son la piel de las crías, los nombres y los hombres aullidos de la cordillera donde el rebaño sopla, se expande. |
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Selección de poemas del libro El Fiel de la Memoria editado por Libros de Alejandría en 1994.
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| LA INSISTENTE |
Se negó a la amistad, estaba atada por el ritmo insistente de la vida en familia. Como una casa limpia de tierra y tiempo, donde nada pasa. Ni siquiera dejó un papel escrito que marcara sus lunas o las cuentas del debe y el haber, sólo los hilos de una red que tejió con hebras sueltas. A veces pienso que está viva, tanto que ni se nota entre las cosas, como antes. Su nombre indiferente al canto y a los hombres es una hierba mala. Y soy la misma que ella en el asombro de no estar, no saberme, no ser nada. |
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| HIJOS |
Inaudible es el nombre que elegimos para decirnos que agoniza el rumbo de la mitad que fuimos. Está mudo el silencio para siempre unido al hueco de la carne, pero escucho el velo que sostiene la memoria en el olor del mar, y entre las olas, la casa del que fuera solo uno. La cadera sostiene lo que arroja y si el dolor regresa alguna noche jugando a ser aún lo no nacido busco cruzar de nuevo aquel abismo vagamente encubierto por el nombre del amor, que nos crea y nos despoja. |
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| FUERA DE CASA |
Cuando oscurece y cae al fin la noche y la sospecha, nos estimulamos con la pasión secreta de las manos que ata los cuerpos acallando voces. Miel de alcohol sin palabras, cómo pude endulzar el olvido. Jugueteo con muñecos de pan como si en ellos modelara las vidas que no tuve: todas las que no soy en compañía volverán a la casa con un hombre que suspenda en la voz la incertidumbre de la luz. Amanece en los rincones del pasillo de entrada y borro el día en la semipenumbra que nos une. |
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| LA CENA |
Aunque quiera encender las ramas secas del amor en el fuego y en el vino, siguen llegando ocultos enemigos a comer, vuelve a estar la casa abierta y la reja del aire teje el marco que apuntala el vacío de las puertas. Acomodo en el mármol las especias y pico las cebollas y los ajos. No vendrá nadie a completar la escena ni a sentarse a la mesa y a mi lado cebar el mate mientras yo cocino. Y a fuego lento voy leyendo el diario como si fuera el pan de un nuevo rito destinado a anunciar la última cena. |
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| EL BRILLO DE OSIRIS |
El amor es lo cierto que no sabe decirse. Como niños o niñas que espiaran el cuarto de los padres el asombro nos contagió la risa, la angustia de la muerte y la certeza del cuerpo desmembrado: quién olvida el nudo de los brazos, las caderas, el sexo poseído donde brilla la estrella del amor, la buena nueva que es el nombre del mundo. Porque alguien, con una voz burlona, nos anima a ser los cuerpos de las marionetas en el lecho del tiempo. Y la voz vibra como si fuera nuestra, hasta callarse. |
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| LA VUELTA AL DÍA |
En dónde estoy cuando me niego a mirar la mañana. El sueño me hizo prisionera y vuelvo al día y a la luz. Al tiempo. Soñé otra vez la pesadilla de la realidad. El olvido del despertar crea el día y la manta tirada en el piso es la noche acabada. Tantas veces amanezco y me mudo que en las valijas algo queda: el viaje no dura un segundo, pasa, como la madrugada y al fin la luz es la ceguera. |
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| EL DESTIERRO |
Estoy ciega y brilla el sol del verano. El día se apodera de mi cuarto: Es una esquiva ranura de sombra el miedo, un espesor entre las cosas. Golpes, chirridos, voces, risas, timbres, la tarde inquieta olvida lo que quise y el sol es este salto hacia la nada, el juego del azar, la doble cara donde es lo mismo el bien o el mal. Es tarde para salvar ahora a la que pide misericordia o al que estando sano presiente la enfermedad. Cuando el parto de la luz invasora se termine será la casa una tierra de nadie. |
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La inclusión de estos poemas de Hebe Solves en
Poéticas es una atención de Julio Carabelli |