Leopoldo María Panero
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| PALABRAS PRELIMINARES
AUTOBIOGRAFÍA Desde hace tiempo tengo una mujer, llamada orujo, llamada cazalla. Los alcohólicos necesitamos compañía, pero la bebida nos deja solos. Solos con el amanecer, y con lo que yo he llamado en mis poemas "la jauría atroz de los recuerdos": recuerdos de interminables torpezas, de desastres, de gestos que sólo el alcohol nos hace ejecutar.
Ahora bien, la locura es no sé si una muerte en vida o un renacimiento. En cualquiera de los casos es un proceso humano y no marciano. Y la psiquiatría es la consideración no humana de lo humano.
Ahora bien, en el tribunal o en la cárcel se puede interponer una suplica, apelar, no así en lo que Foucault llamara el Estado del no derecho, del no ciudadano, del no-hombre o peor, medio hombre: "No hay derecho", como reza un adagio popular, no hay derecho por cuanto no hay humanidad: no hay más que unos hombres reducidos al estado de bestias, en el confín de lo humano, en el límite de lo escrito: y es así que el alcohol, o como aquí lo llaman el alpiste de los pajaritos, es tan obsesivo en los manicomios, porque somos una suerte de medio hombres, un alcohol sobredeterminado, porque en él influye, lo mismo que en el sueño, la desesperación.
La única revolución posible es la de la locura, si es verdad que, como dijera Rimbaud, hay que cambiar la vida, il faut changer la vie: hay que hacer salir a los muertos de los sepulcros: o, parafraseando a Spinoza, nadie sabe lo que puede la locura. (Spinoza: "Nadie sabe lo que puede el cuerpo")
Yo soy sólo entre colillas, soy la ceniza del poema en el que no creo, soy la ceniza del verso y del poema, soy el que vive sin tener ya sentido, "celui qui vivrá n'ayant aucun sens", como dice una profecía de Nostradamus, un labio: soy la ceniza del quise ser apagado como una colilla sobre el cenicero, como dije en una entrevista que concedieran al hombre que ya no es Leopoldo María Panero. Publicado inicialmente en Arquitrave DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS Leopoldo María Panero (Madrid, 1948- ), poeta, narrador y ensayista, autor de una importante y desgarrada obra que para muchos le sitúa a la cabeza de los escritores de su generación. Su primer libro de poemas fue Por el camino de Swan (1968), al que siguió Así se fundó Carnaby Street (1970), Teoría (1973), Narciso en el acorde último de las flautas (1979), Dioscuros (1982), Poemas del manicomio de Mondragón (1987), Piedra negra o del temblor y Heroína y otros poemas (ambos de 1992). En prosa ha publicado En lugar del hijo (1972) y Dos relatos y una perversión (1984) |
Leopoldo María Panero |
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| La alucinación de una mano o la esperanza póstuma y absurda en la caridad de la noche |
Una mujer se acercó a mí y en sus ojos vi todos mis amores derruidos y me sombró que alguien amase aún el cadáver, alguien como esa mujer cuyo susurro repetía en la noche el eco de todos mis maores aplastados y me asombró que alguien lamiese en las costras todavía tercamente la substancia que fue oro, aquello que el tiempo purificó en nada. Y la vi como quien ve sin creerla en el desierto la terrible sospecha del agua, la amé sin atreverme a creerlo. Y la ofrecí entonces mi cerebro desnudo, obsceno como un sapo, obsceno como la vida, como la paz que para nada sirve animándola a que día tras día lo tocase dulcemente con su lengua repitiendo así una ceremonia cuyo sentido único es que olvidarlo es sagrado. |
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| Nu(n)ca |
Vi cuatro mujeres luchando por los senos de un muerto, vi cuatro mujeres luchando solas, más tarde, por la posesión del soplo y disputando con sus uñas feroces por el Abel Garmín que abandonaba feliz aquellos huesos. Hay cuatro mujeres que robaron mi fetidez sensible y mi podredumbre en el cadáver que aún respiraba lentamente dejando salir de allí mi alma con su pedo. Y esos cuatro seres aguardan ahora el resto sanguinolento de mi espíritu y habito para siempre en la carnicería de sus bocas y día a día bajo del nido de sus nalgas para saber entero en lo insensible del tiempo cuál era el sentido que no aprendí del cielo como cae debajo la palabra nunca. |
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| Huyendo de la muerte |
Huyendo de la muerte encontré el ciervo de la locura irreal para perseguirlo con mi desdicha con mi desdicha concreta, presente en donde lavan sus pies los dioses. |
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La inclusión de los poemas de Leopoldo María Panero en Poéticas es una atención de Harold Alvarado Tenorio http://www.gentecontalento.com/
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