Marcela Armengod
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| PALABRAS PRELIMINARES
Acerca de la poesía Debe haber otro lugar para hablar de poesía que no sea el de la cita. Los poetas quedamos atrapados en ella como babas del diablo. Intento transponer la telaraña escritural y pensar cómo se inicia la poesía en mí porque sólo lo que sacamos de nosotros es nuestro. Mi padre iba todos los sábados al mercado de flores y llegaba a casa cubierto de fragantes ramos que dejaba en la mesa de la cocina. Entonces mi madre iniciaba su ceremonia de disponerlos en jarrones. Abría uno a uno esos puños apretados que se derramaban con involuntaria generosidad sobre la mesa. Elegía cada flor combinando colores y texturas. Reunía cada pétalo con otro en amorosa sinfonía. Los tallos eran engarzados en alturas asimétricas para que cada corola sea única y a su vez parte de un conjunto indivisible. Ese día la casa aromaba temblores y, sin saberlo, mi percepción inicial de la belleza fue el resultado de una composición. Escribir poesía se asemeja a ese ritual. DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS Libros
Premios y distinciones
Antologías
Participaciones
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Marcela Armengod |
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| Interrogaciones |
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a Vicky Lovell, Alejandro Pidello y Reynaldo Sietecase
Y si pusiese a tiritar gorriones? Y si dejase de pasearme desnuda por la casa reclamando a gritos por una sola de todas las verdades? Y si ofreciese mi corazón como alcancía? como ala que ansía? Y si pelease mi parte en la manzana con Venus o Afrodita? Y si empezase a repartir el hambre o la comida en el patio de los voraces? Y si abro los jardines cerrados al público? Y si derramo pintura negra sobre los fusiles de Goya? Y si le robo el fuego a Prometeo? que no se lo dio a los hombres? Y si dejo enfriar la flor sumergida en la taza de porcelana? Y si pudiese abrir la puerta que cerré- que cerraste? Y si encontrase las botas de las siete leguas? o de las siete lenguas? Y si juntase los pistilos de las calas e hiciera un caminito para que volvieras? Y si me fuera para no volver? En ninguna pregunta? En nunca más ninguna? |
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| El mensaje |
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a Jane Campion la muda agita los brazos en la noche con espasmos de colibrí (aquel hombre no la escucha -no podría escucharla-) sus ojos desmesuradamente abiertos laten contra la oscuridad quién hay quién para ese mensaje de inocente torpeza escrito en aspas sobre el aire quién mientras tanto el piano de Jane Campion se hunde y la cámara de Tina Modotti ciega bajo el Moscova |
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El duque de Bomarzo entrando llagado a Venecia. En la contemplación de sus pústulas olvida su giba. Va en busca de Paracelso. Las aguas de la muda Venecia espejean su cáncer. El moho cicatriza en los muros de silencio. Alguien debe haber cantado. El duque de Bomarzo apenas erizado en el chapotear del remo. De escorpión ciego la testuz, ese amante maltrecho avanza bajo el dibujo inerme de las constelaciones. En los techos del cielo vocifera Venus su predilección. Oh, duque de Bomarzo! Abrazar tu joroba. Quisiera. Derrotar la fiebre sobre tus párpados agigantados. Plantar adormideras en las orillas del sueño. Quisiera. Desbaratar tu horóscopo en la cuenca del pubis. Enrojecer Venecia. a Pedro Jáuregui |