María Mercedes Carranza

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PALABRAS PRELIMINARES

Una semblanza contra el olvido

por Juan Manuel Roca*

      Un día de junio, María Mercedes Carranza decidió en un poema "asesinar algunas palabras". Pasó al paredón la palabra amistad por considerarla hereje y el vocablo amor por ilegible. Al final dejaba la palabra "yo", a la que le decretaba la pena capital de permanecer con ella hasta el final.

      Por un asunto paradojal esas palabras conformaban un trípode donde María Mercedes ponía su lente. Amistad sin herejías era la suya, sin fisuras. Amor a sus seres y asuntos tutelares era un asunto cenital, igualmente sin fisuras. Y su yo era su fortín: sin dobleces.

      Nunca le mentía a la gente porque odiaba las medias tintas y los ademanes del Tartufo. Y eso se agradece en un país de mascarones. Es inusual lo que pasa con personas como María Mercedes Carranza: no alcanzó a irse cuando ya empezó a hacer falta. Falta su voz crítica, sus convocatorias contra la guerra, su desvelo por un país al que tanto le entregó desde las orillas de la política y la cultura.

      A lo largo de los 17 años de la Casa de Poesía Silva, desde 1986, su deseo de crear un espacio para la más expósita de las artes, la poesía, y para poetas de todas las edades y tendencias, fraguó un hecho que debiera ser irreversible en la vida del país, un ámbito de dignidad poética envidiado en muchos lugares del mundo.

      Se va la amiga, la polemista aguerrida, la periodista, la generosa divulgadora, pero queda su poesía. Una poética igual a sí misma, llena de desparpajos y desacralizaciones, abierta, irónica y valiente.

      Me resulta increíble que pocas horas antes de la muerte, mientras lanzábamos el libro de Juan Carlos Galeano, editado por ella, hubiéramos hablado a saltos tantas cosas: de poesía, de su preocupación por un aberrante referendo, de un país —más que un hermano— secuestrado por la violencia y la corrupción, del libro de Aurelio Arturo que se acaba de publicar en España, de los sospechosos unanimismos y el temor al disenso.

      Toda una gama de inquietudes, de esos temas que trataba con pasión, enamorada de la claridad. Una palabra que sin duda no pudo llevar al cadalso en algún poema, es gratitud. Que es la que expresamos hoy sus amigos y lectores, los poetas y empecinados en un país sin servidumbres ni exclusiones. Descanse en paz en medio de la guerra. Sobran —y faltan— más palabras ante su ausencia.

*Poeta colombiano

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

      Nació en Bogotá, Colombia, en 1945. Licenciada en filosofía y letras por la Universidad de los Andes. Periodista cultural, dirigió las páginas literarias "Vanguardia" y "Estravagario" de El Siglo de Bogotá y El Pueblo de Cali. Por 13 años ejerció como jefe de redacción del semanario Nueva Frontera. Fue miembro de la Asamblea Nacional Constituyente que reformó la Constitución Nacional de 1991. Directora de la Casa de Poesía Silva desde el 24 de mayo de 1986. Falleció en 2003.

Libros publicados

Poesía

  • Vainas y otros poemas, 1972
  • Tengo miedo, 1983
  • Hola, soledad, 1987
  • Maneras del desamor, 1993
  • De amor y desamor, 1994
  • El canto de las moscas, 1998

Antologías y selección de textos

  • Siete cuentistas jóvenes, Bogotá, 1972
  • Nueva poesía colombiana (antología), 1972
  • Estravagario (selección de textos), 1976
  • María Mercedes Carranza, revista de poesía Golpe de dados, # 40, Bogotá, 1979
  • Antología de la poesía infantil colombiana, 1982
  • Carranza por Carranza, antología y texto crítico de la poesía de Eduardo Carranza, 1985

Bibliografía sobre María Mercedes Carranza

  • Mendoza, Elvira: Las hijas de los Piedracielistas, en Lecturas Dominicales de El Tiempo, Bogotá, marzo 15, 1964
  • De la Espriella, Claudia: La fascinante aventura de ser mujer, en Vanguardia Dominical de Vanguardia Liberal, junio 21, 1967
  • Holguín, Andrés: María Mercedes Carranza, en Antología crítica de la poesía colombiana, Bogotá, 1974
  • Lleras Restrepo, Carlos: Notas de Hefestos, en El Espectador, Bogotá, octubre 3, 1979
  • Alvarado Tenorio, Harold: Una generación desencantada, los poetas colombianos de los años setentas, en Anales de literatura hispanoamericana, Madrid, 1985
  • Child, Jorge: Burocracia poética, en El Espectador, Bogotá, junio 17, 1989
  • Jaramillo Agudelo, Darío: La poesía está triste, en Jueves Cultural de La Prensa, Bogotá, Enero 4 de 1990
  • Alstrum, James: La poesía de María Mercedes Carranza, en Los poetas colombianos de los años setentas, Bogotá, 2000
  • Jaramillo Agudelo, Darío: Música macabra, en ABC Cultural, Madrid, Septiembre 4 de 2001
  • Cobo Borda, Juan Gustavo: María Mercedes Carranza, 194-2003, en Luna de locos, # 11, Pereira, 2005
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María Mercedes Carranza

POEMAS
SOBRAN LAS PALABRAS

Por traidora decidí hoy,
martes 24 de junio,
asesinar algunas palabras.
Amistad queda condenada
a la hoguera, por hereje;
la horca conviene
a Amor por ilegible;
no estaría mal el garrote vil,
por apóstata, para Solidaridad;
la guillotina como el rayo,
debe fulminar a Fraternidad;
Libertad morirá
lentamente y con dolor;
la tortura es su destino;
Igualdad merece la horca
por ser prostituta
del peor burdel;
Esperanza ha muerto ya;
Fe padecerá la cámara de gas;
el suplicio de Tántalo, por inhumana,
se lo dejo a la palabra Dios.
Fusilaré sin piedad a Civilización
por su barbarie;
cicuta beberá Felicidad.
Queda la palabra Yo. Para esa,
por triste, por su atroz soledad,
decreto la peor de las penas:
vivirá conmigo hasta
el final.
LA PATRIA

Esta casa de espesas paredes coloniales
y un patio de azaleas muy decimonónico
hace varios siglos que se viene abajo.
Como si nada las personas van y vienen
por las habitaciones en ruina,
hacen el amor, bailan, escriben cartas.
A menudo silban balas o es tal vez el viento
que silba a través del techo desfondado.
En esta casa los vivos duermen con los muertos,
imitan sus costumbres, repiten sus gestos
y cuando cantan, cantan sus fracasos.
Todo es ruina en esta casa,
están en ruina el abrazo y la música,
el destino, cada mañana, la risa son ruina;
las lágrimas, el silencio, los sueños.
Las ventanas muestran paisajes destruidos,
carne y ceniza se confunden en las caras,
en las bocas las palabras se revuelven con miedo.
En esta casa todos estamos enterrados vivos.
Poema homenaje

Un sueño para María Mercedes Carranza

Si tu sombra es la luz, María Mercedes,
si un ángel colegial va por tu pelo
y se convierte en trenzas donde vuela
como si Dios le hubiera regalado
un árbol, si eres Patria de los sueños
y el rumor de Colombia en tu cabeza
nos señala dos mares y mil ríos,
el alba de la vida está en tus ojos
diciendo cielos donde canta el aire. 
Eduardo Cote Lamus
Madrid, Primavera de 1954