María Teresa Andruetto
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| PALABRAS PRELIMINARES
Me resulta difícil dar opinión sobre lo que escribo, pero podría decir que me gusta, cada vez más, una poesía de lo cotidiano y de lo pequeño, tanto en los temas como en la elección de los detalles. Que me preocupa mucho encontrar un tono íntimo, una música menor, un eco de lenguaje cotidiano que encuentro en ciertas lecturas y busco cada vez más en la escritura. Y que me anima el deseo de trabajar con lo cercano y lo visible que, como dice Circe Maia, es rebelde y resiste. DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS María Teresa Andruetto nació en Arroyo Cabral, Provincia de Córdoba, Argentina, el 26 de enero de 1954. Estudios cursados
Adultos Libros publicados Poesía
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Premios y distinciones
Traducciones Rota de colisao/ Ruta de choque, del portugués. Traducción de Marina Colasanti. Antologías Integra numerosas antologías nacionales e internacionales Colaboraciones Colabora en revistas literarias y periódicos nacionales e internacionales y sitios de Internet Niños: Libros publicados Cuentos
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Premios y distinciones
Traducciones
Colaboraciones En numerosas publicaciones especializadas y sitios de Internet Jurado Integró el jurado en numerosos concursos de literatura Congresos Participó como invitada en numerosos congresos nacionales e internacionales de su especialidad. Otras actividades
María Teresa Andruetto |
María Teresa Andruetto tandruetto@uolsinectis.com.ar |
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Instante

No se recuerdan los días, se
recuerdan los instantes.
C.P. 28 de julio de 1940.
Diario.
Una turbulencia balancea
las barcazas. La luz pinta el aire
de amarillos y están cerradas
las viejas puertas. Nadie
en la pescara, ni las góndolas
lúgubres. En el puente de Canaregio
ni las de lujo ni el vaporetto,
sólo pequeñas barcazas
han pasado la noche entre los palos.
Allá al fondo, un hombre barre
la fondamenta de Ca laria. El resto,
nada.
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Ahora que viene el tiempo de los pájaros |
Ahora que viene el tiempo de los pájaros y de los brotes en las ramas y la blancura del almendro, ahora que salgo al aire por las tardes y riego plantas y veo cómo la tierra bebe el agua, ahora que se agitan las polleras al murmullo de la brisa, ahora que los niños conquistan el baldío y construyen refugios y saltan vallas, ahora que en el barrio las mujeres se sientan a la sombra de los fresnos y toman mate y hablan, yo miro a cada instante hacia el Oeste, hacia tu casa. |
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Lapataia/94 |
Caen sobre el camino los troncos centenarios.Un zorro acecha. Más allá los manchones de las castoreras. Somos nosotros los que vamos bajo la lluvia, pero parece que nadie fuera, que nos hubiéramos hecho de aire entre las lengas. |
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Pavese |
Entre mujeres solas hemos hablado de él uno de estos días de marzo, y de la tarde en que mi padre lo vio pasando la caserma. Dos perros lo arrastraban y esa tristeza que no ha vencido nadie. Il diavolo sulle coline acecha. Es el 45 y la guerra cansa . Están en Piazza Cavour o en Superga. En Torino, no en Le Langhe. Mi padre muerto parece que me dice al oído "he pasado Stupinigi hacia mi pueblo". El otro se llama Cesare y escribe en plenitud acerca de esas cosas pequeñas que nos suceden a todos y de volver y no encontrar ya nada. Mi padre es partisano, un partisano de Ghío, y ha cumplido veintitrés. Antes que cante el gallo me dará esas voces que se oyen desde lejos, el eco en la colina. Están cerca las tierras fértiles, el cuerno de oro devastado, y la ciudad que es gris, no tiene cielo. Alguna vez dirá no escribo más, el lápiz cruzado sobre el diario, y acabará el oficio de vivir. No habrá qué hacer en la ciudad vacía sino esperar y esperarás que llegue. Por esta calle hasta el hotel mañana, vendrá la muerte y tendrá tus ojos. |
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Del latin recordis |
El nos leía a Pascoli en la luz de la mañana y hablaba de las tardes aquellas del otoño, los perros oliendo entre las setas, cuando iba con su padre a buscar trufas. Ella sabía de memoria la vida de él. El nombraba la guerra, los años escapando, el abrazo de Paolo y Etiopía. Ella escondía bajo el plato las cartas que llegaban, y les sabía los nombres a los primos lejanos. A veces en las tardes recientes del otoño, ella recuerda a Pascoli y a un pueblo que no ha visto: hay un niño con su padre y unos perros, y hay un hombre que se larga por los techos, y un amigo, y es otoño, y es la guerra. |
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| Autorretrato ante el caballete |
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a Alejandro Schmidt El pincel sirve para salvar las cosas del caos. Shitao Esto es lo que queda de un hombre que se muere: un pincel y la mano agrietada que sostiene el pardo, el rojo, el amarillo... la mano que va, que se desvela, desde el charco de luz hacia la tela. Lenta la pincelada oscura, el hijo del molinero tantea con ojos ciegos la espesura hasta dar con la luz. Este rostro ya estaba debajo de la tela, estaba y carcomía con su podredumbre el retrato del joven con gorguera. Bajo las arrugas y los ojos desteñidos están los ojos arrogantes de otro tiempo, pero ni el otro ni éste son grandes, a todos los ha herido esta luz: ya nada es menos, hasta lo más miserable tiene su destello. No es la pieza oscura donde pinta, ni la pobreza que trajo la desnuda forma. ni la luz que cae sobre la gorra, ni el pelo desprolijo, ni la barba, tampoco el cuerpo vencido, ni el olor rancio del encierro. Son los ojos que no encuentran a Saskia, a Hendrickje, al bienamado Tito; los ojos que se han vuelto hacia un lugar de nada, hacia el vacío. Otros buscarán la nota pura, la imagen que persiste, la tersura, como buscan sus ojos en la tela (es la mirada lo que abruma, lo que desvela) También yo persigo una palabra oscura en los retratos de Saskia, en la ternura de Hendrickje, en la viva luz de Tito, y el aire de bondad, la carnadura de un hombre que se deshizo. |
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La presente selección de poemas pertenecen al libro
PAVESE y otros poemas Ediciones Argos Córdoba Argentina 1997 |