Miguel Hernández
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PALABRAS PRELIMINARES
Miguel de España, estrella de tierras arrasadas, no te olvido, hijo mío! pero aprendí la vida con tu muerte: mis ojos se velaron apenas, y encontré en mí no el llanto, sino las armas inexorables! Espéralas! Espérame! Pablo Neruda DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS Nació en Orihuela, España, el 30 de octubre de 1910. Publicó algunos poemas en el periódico de su ciudad y en la revista El Gallo Crisis, pero es en Madrid donde encuentra su lugar en el ambiente literario español. Se unió al partido comunista y, durante la República, integró las misiones pedagógicas llevando la cultura a las zonas más marginales de España. Durante la guerra civil se alistó en el ejército republicano y en 1937 asistió al congreso internacional de intelectuales antifascistas en Valencia. Luego que fueron derrotados se le detuvo en la frontera con Portugal. Libros publicados Entre otros
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Miguel Hernández |
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| Imagen de tu huella |
IAstros momificados y bravíos sobre cielos de abismos y barrancas como densas coronas de carlancas y de erizados pensamientos míos. Bajo la luz mortal de los estíos, zancas y uñas se os ponen oriblancas, y os azuzáis las uñas y las zancas ¡en qué airados y eternos desafíos! ¡Qué dolor vuestro tacto y vuestra vista! intimidáis los ánimos más fuertes, anatómicas penas vegetales Todo es peligro de agresiva arista, sugerencia de huesos y de muertes, inminencia de hogueras y de males.IIMis ojos, sin tus ojos, no son ojos, que son dos hormigueros solitarios, y son mis manos sin las tuyas varios intratables espinos a manojos.. No me encuentro los labios sin tus rojos, que me llenan de dulces campanarios, sin ti mis pensamientos son calvarios criando nardos y agostando hinojos. No sé qué es de mi oreja sin tu acento, ni hacia qué polo yerro sin tu estrella, y mi voz sin tu trato se afemina. Los olores persigo de tu viento y la olvidada imagen de tu huella, que en ti principia, amor, y en mí termina.IIIYa se desembaraza y se desmembra el angélico lirio de la cumbre, y al desembarazarse da un relumbre que de un puro relámpago me siembra. Es el tiempo del macho y de la hembra, y una necesidad, no una costumbre, besar, amar en medio de esta lumbre que el destino decide de la siembra. Toda la creación busca pareja: se persiguen los picos y los huesos, hacen la vida par todas las cosas. En una soledad impar que aqueja, yo entre esquilas sonantes como besos y corderas atentas como esposas.IVPirotécnicos pórticos de azahares, que glorificarán los ruy-señores pronto con sus noctámbulos ardores, conciertan los amargos limonares. Entusiasman los aires de cantares fervorosos y alados contramores, y el giratorio mundo va a mayores por arboledas, campos y lugares. La sangre está llegando a su apogeo en torno a las criaturas, como palma de ansia y de garganta inagotable. ¡Oh, primavera verde de deseo, qué martirio tu vista dulce y alma para quien anda solo y miserable! |
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| Umbrío por la pena |
Umbrío por la pena, casi bruno, porque la pena tizna cuando estalla donde yo no me hallo, no se halla hombre más apenado que ninguno. Pena con pena y pena desayuno, pena es mi paz y pena mi batalla, perro que ni me deja ni se calla, siempre a su dueño fiel, pero importuno. Cardos, penas me oponen su corona, cardos, penas me azuzan sus leopardos y no me dejan bueno hueso alguno. No podrá con la pena mi persona circundada de penas y de cardos: ¡cuánto penar para morirse uno! |
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| Elegía a la muerte de Ramón Sijé |
Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma tan temprano. Alimentando lluvias, caracolas y órganos mi dolor sin instrumentos, a las desalentadas amapolas daré tu corazón por alimento. Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler, me duele hasta el aliento. Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado. No hay extensión mas grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida. Ando sobre rastrojos de difuntos, y sin calor de nadie y sin consuelo voy de mi corazón a mis asuntos. Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano estás rodando por el suelo. No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada. En mis manos levanto una tormenta de piedras, rayos y hachas estridentes, sedientas de catástrofes y hambrienta. Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte. Y volverás a mi huerto y a mi higuera por los altos andamios de las flores pajareará tu alma colmenera de angelicales ceras y labores. Volverás al arrullo de las rejas de los enamorados labradores. Alegrarás la sombra de mis cejas y tu sangre se irá a cada lado disputando tu novia y las abejas. Tu corazón ya terciopelo ajado, llama a un campo de almendras espumosas mi avariciosa voz de enamorado. A las aladas almas de las rosas de almendro de natas te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas compañero del alma, compañero. |
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| Nanas de la cebolla |
La cebolla es escarcha cerrada y pobre. Escarcha de tus días y de mis noches. Hambre y cebolla, hielo negro y escarcha grande y redonda. En la cuna del hambre mi niño estaba. Con sangre de cebolla se amamantaba. Pero tu sangre, escarchada de azúcar cebolla y hambre. Una mujer morena resuelta en lunas se derrama hilo a hilo sobre la cuna. Ríete niño que te traigo la luna cuando es preciso. Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca. Boca que vuela, corazón que en tus labios relampaguea. Es tu risa la espada más victoriosa, vencedor de las flores y las alondras. Rival del sol. Porvenir de mis huesos y de mi amor. Desperté de ser niño: nunca despiertes. Triste llevo la boca: ríete siempre. Siempre en la cuna defendiendo la risa pluma por pluma. Al octavo mes ríes con cinco azahares. Con cinco diminutas ferocidades. Con cinco dientes como cinco jazmines adolescentes. Frontera de los besos serán mañana, cuando en la dentadura sientas un arma. Sientas un fuego correr dientes abajo buscando el centro. Vuela niño en la doble luna del pecho: él, triste de cebolla, tú satisfecho. No te derrumbes. No sepas lo que pasa ni lo que ocurre. |
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| Tengo estos huesos hechos a las penas |
Tengo estos huesos hechos a las penas y a las cavilaciones estas sienes: penas que vas, cavilación que vienes como el mar de la playa a las arenas. Como el mar de la playa a las arenas, voy en este naufragio de vaivenes, por una noche oscura de sartenes redondas, pobres, tristes y morenas. Nadie me salvará de este naufragio si no es tu amor, la tabla que procuro, si no es tu voz, el norte que pretendo. Eludiendo por eso el mal presagio de que ni en ti siquiera habré seguro, voy entre pena y pena sonriendo. |
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| Las cárceles |
ILas cárceles se arrastran por la humedad del mundo, van por la tenebrosa vía de los juzgados; buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen, lo absorben, se lo tragan. No se ve, que se escucha la pena de metal, el sollozo del hierro que atropellan y escupen: el llanto de la espada puesta sobre los jueces de cemento fangoso. Allí, abajo la cárcel, la fábrica del llanto, el telar de la lágrima que no ha de ser estéril, el casco de los odios y de las esperanzas, fabrican, tejen, hunden. Cuando están las perdices más roncas y acopladas, y el azul amoroso de fuerzas expansivas, un hombre hace memoria de la luz, de la tierra, húmedamente negro. Se da contra las piedras la libertad, el día, el paso galopante de un hombre, la cabeza, la boca con espuma, con decisión de espuma, la libertad , un hombre. Un hombre que cosecha y arroja todo el viento desde su corazón donde crece un plumaje: un hombre que es el mismo dentro de cada frío, de cada calabozo. Un hombre que ha soñado con las aguas del mar, y destroza sus alas como un rayo amarrado, y estremece las rejas, y se clava los dientes en los dientes del trueno.IIAquí no se pelea por un buey desmayado, sino por un caballo que ve pudrir sus crines, y siente sus galopes debajo de los cascos pudrirse airadamente. Limpiad el salivazo que lleva en la mejilla, y desencadenad el corazón del mundo, y detened las cárceles de las voraces cárceles donde el sol retrocede. La libertad se pudre desplumada en la lengua de quienes son sus siervos más que sus poseedores. Romped esas cadenas, y las otras que escucho detrás de esos esclavos. Esos que sólo buscan abandonar su cárcel, su rincón, su cadena, no la de los demás, Y en cuanto lo consiguen, descienden pluma a pluma, enmohecen, se arrastran. Son los encadenados por siempre desde siempre. Ser libre es una cosa que sólo un hombre sabe: Sólo el hombre que advierto dentro de esa mazmorra como si yo estuviera. Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero. Ata duro a ese hombre: no le atarás el alma. Son muchas llaves, muchos cerrojos, injusticias: no le atarás el alma. Cadenas, sí: cadenas de sangre necesita. Hierros venosos, cálidos, sanguíneos eslabones, nudos que no rechacen a los nudos siguientes humanamente atados. Un hombre aguarda dentro de un pozo sin remedio, tenso, conmocionado, con la oreja aplicada. Porque un pueblo a gritado ¡libertad!, vuela el cielo. Y las cárceles vuelan. |
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"Adiós, hermanos, camaradas y amigos Despedidme del sol y de los trigos" (Miguel Hernández, en los muros de la cárcel de Alicante, poco antes de morir) |