Nazim Hikmet
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| PALABRAS PRELIMINARES
«Soy poeta, Desde 1918 hasta su muerte, o sea, durante casi 47 años, Nazim escribió poesía, novelas, cuentos, crónicas y teatro. Fue, ante todo y por encima de todo, un poeta. DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS Nació en 1902 en Salónica ciudad hoy griega, que vio nacer igualmente a Mustafá Kemal Atatürk. Su padre fue Hikmet Bey, antiguo director general de prensa, y su madre, una buena pintora: Celile Hanim. |
Nazim Hikmet |
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| Autobiografía |
Escrita en Berlín Oriental el 11.9.1961 Nací en 1902. Jamás he vuelto a mi ciudad natal. No me gusta volver atrás. A los tres años, en Halep, ejercité la profesión de nieto de Pachá, a los diez y nueve la de estudiante de la Universidad de Moscú, a los cuarenta y nueve otra vez en Moscú: y desde los catorce años escribo poesías. Hay hombres que conocen mil variedades de hierbas, otros conocen variedades de peces, yo, de separaciones. Hay hombres que saben de memoria el nombre de cada estrella, yo, el de las nostalgias. He dormido en las cárceles y en los grandes hoteles. He pasado hambre. Casi no existe plato que no haya probado incluido el de la huelga del hambre. A los treinta años han querido ahorcarme, a los cuarenta y ocho quisieron concederme la medalla de la Paz y me la concedieron. A los treinta y seis, necesité seis meses pera recorrer cuatro metros cuadrados de sombrío hormigón. A los cincuenta y nueve, en diez y ocho horas volé desde Praga a La Habana. En 1951, en un mar, en compañía de un amigo, anduve sobre la muerte. En 1952, con un corazón cascado, tendido sobre la espalda, esperé a la muerte más de cuatro meses. Fui locamente celoso de las mujeres a las que amé. No le tuve ninguna envidia a nadie, ni siquiera a Chorlot. Engañé a mis mujeres. Nunca hablé mal detrás de mis amigos. He bebido, sin llegar nunca a borrachín. Siempre con el sudor de mi frente gané mi dinero ¡Qué suerte pera mí! Sentí vergüenza ajena. Mentí. Mentí por piedad. Pero nunca dije mentiras porque sí. He subido en tren, en avión, en coche. La mayoría no lo consigue. He ido a la Ópera. La mayoría no consigue ir a la mezquita, la iglesia, el templo, la sinagoga, los hechiceros; ni siquiera ha oído hablar de la Ópera. Sin embargo, desde los 21 años no voy a muchos de los sitios adonde va la mayoría, pero suelo hecerme leer el porvenir en los posos del café. Mis escritos están impresos en cuarenta idiomas y prohibidos en mi Turquía, en mi propia lengua. No tengo aún el cáncer, tampoco es obligación padecerlo. Nunca seré primer ministro o cosa perecida, tampoco me gustaría serlo. No fui a la guerra pero tampoco bajé a los refugios en medio de la noche. No me arrastré en las carreteras huyendo de los aviones que vuelan a ras de tierra. Cerca de los sesenta me enamoré. En pocas palabras, amigos míos aunque esté hoy en Berlín, muriendo de nostalgia, puedo afirmar que he vivido como un hombre. En el tiempo que me queda por vivir ¿qué podrá ocurrirme aún? ¿Chi lo sa ? |
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| El sauce llorón |
Corría el agua reflejando a los sauces en su espejo. En el agua los sauces levaban su cabellera. Golpeando encendidas espadas desnudas contra los sauces los caballeros rojos galopaban hacia donde el sol se hunde. ¡De pronto, como un pájaro tocado en el ala, un jinete herido se desplomó de su caballo! No gritó. No pidió que tornaran a los que seguían. ¡Solamente, con los ojos llenos de lágrimas, contempló las herraduras centelleantes de los caballos que se alejaban! ¡Ay qué triste qué triste es pera él no poder ya inclinarse sobre el cuello espumoso de los caballos galopantes, no blandir ya el sable tras los blancos ejércitos! El rumor de les herraduras se apaga poco a poco. Los jinetes se pierden ahí donde el sol se hunde. Caballeros, caballeros rojos caballeros, cuyos caballos tienen alas de viento, caballos con alas de viento caballos de viento caballos caballo como los caballeros con alas de viento la vida ha pasado! Enmudeció el agua que corre. Sombras cayeron sobre las sombras. Se borraron los colores. Velos negros descendieron sobre sus ojos azules. ¡Se inclinaron los sauces sobre sus rubios cabellos! ¡No llores, sauce, no llores! No implores ante el espejo del agua negra, no implores, no llores! Traducción de Soliman Salom, 1970 De "Nazim Hikmet: Antología", Alberto Corazón, Editor, 1970, Madrid |
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Publicado inicialmente por la Universidad de Chile Facultad de Ciencias Sociales
El autor de la semana - 3 al 9 de noviembre de 1997 |