Paul Celan
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| PALABRAS PRELIMINARES
Una cicatriz que no se cierra Presentación y versiones de José María Pérez Gay El semestre de verano de 1967 nos llevó, al colombiano Alonso Ruiz Alzate y a mí, a participar en el seminario de literatura comparada que impartía Peter Szondi en la Universidad Libre de Berlín. Por ese entonces, el profesor Szondi era el crítico literario más interesante y sugestivo de Alemania. Destinaba la mayor parte de su actividad docente a la estética de la época de Goethe y al idealismo alemán. Sin embargo, Szondi dedicó aquel semestre a la obra de Paul Celan y nos hizo leer el poema "Stretta". En cada una de las sesiones interpretó el texto línea por línea y nos reveló, de modo incomparable, el sentido de esa oscuridad poética. El frágil espacio del lenguaje A principios de 1968, la vida de Paul Celan era también una leyenda. Se sabía que era un sobreviviente, pero nadie podía decir dónde y cómo había salvado la vida. El año de 1971, Dietlind Meinicke publicó Sobre Paul Celan en la editorial Suhrkamp, el primer recuento de ensayos sobre el poeta, donde afirmaba que la familia de Celan había muerto en Auschwitz y que Paul consiguió trabajo de enfermero en el ejército soviético, una suerte de héroe del socialismo científico. ¿Me permites, madre, como ayer, ay, en casa, la discreta, dolorosa rima alemana? Los judíos de lengua alemana Hacia agosto de 1948, Celan escribía a sus parientes en Israel: "Acaso soy uno de los últimos que deben vivir hasta el final el destino de la cultura judía en Europa. ¿Por qué escribo deben vivir? Porque un poeta no puede dejar de escribir, mucho menos si es judío y su idioma de escritura el alemán". A fines de los años cuarenta, Celan logró escapar de Rumania y se dirigió a Viena, una ciudad dividida por los aliados, pero unos meses después decidió establecerse en París y estudiar literatura alemana. En 1950 concluyó sus estudios y ocupó el puesto de profesor de alemán en la École Normale Supérieure. La lengua adánica Hay dos especies de poetas, decía Oscar Wilde. Los primeros aportan las preguntas; los otros, las respuestas. Hay que saber si uno es de los que responden o de los que preguntan, pues el que pregunta nunca es el mismo que contesta. Hay obras que esperan, nos advertía Wilde, y que no son comprendidas durante mucho tiempo; traen respuestas a preguntas aún no formuladas, pues la pregunta llega mucho tiempo después que la respuesta. ¿A cuál de esas dos especies perteneció Paul Celan? DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS Nació el 23 de mayo de 1920 en la ciudad de Czernowitz, antigua capital del reino de Bucovina, provincia del imperio austro-húngaro, en el linde entre Rumania y Ucrania. En esa región convivieron, no hace más de setenta años, cuatro culturas diferentes: alemana, judía, latina y eslava. De ahí surgió la voz poética y vidente de Paul Celan, cuya lectura "es una parte del duelo de los alemanes". Libros publicados Entre otros:
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Paul Celan |
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| Fuga de muerte |
Leche negra del alba te bebemos de tarde te bebemos al mediodía y en la mañana te bebemos de noche bebemos y bebemos cavamos una tumba en el aire donde no estamos encogidos Un hombre vive en la casa juega con las serpientes escribe cuando oscurece a Alemania tu pelo de oro Margarete escribe y sale de la casa y brillan las estrellas y silba a sus perros silba a sus judíos y los manda a cavar una tumba en la tierra y nos ordena ahora toquen para bailar Leche negra del alba te bebemos de noche te bebemos de mañana y al mediodía te bebemos de tarde bebemos y bebemos Un hombre vive en la casa y juega con las serpientes y escribe y escribe cuando oscurece a Alemania tu pelo de oro Margarete tu pelo de ceniza Sulamith cavamos una tumba en el aire donde no estamos encogidos Grita caven más hondo canten unos toquen otros y empuña el acero del cinto lo blande sus ojos son azules hundan más hondo las palas toquen unos bailen otros Leche negra del alba te bebemos de noche te bebemos de mañana y al mediodía te bebemos de tarde bebemos y bebemos un hombre vive en la casa tu pelo de oro Margarete tu pelo de ceniza Sulamith un hombre juega con serpientes Grita toquen más dulce la muerte la muerte es un maestro de Alemania y grita toquen más oscuro los violines luego ascienden al aire convertidos en humo sólo entonces tienen una tumba en las nubes donde no están encogidos. Leche negra del alba te bebemos de noche te bebemos al mediodía la muerte es un maestro de Alemania te bebemos en la tarde y de mañana bebemos y bebemos la muerte es un maestro de Alemania sus ojos son azules te alcanzan sus balas de plomo te alcanzan sin fallar un hombre vive en la casa tu pelo de oro Margarete lanza sus mastines contra nosotros nos regala una tumba en el aire juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro de Alemania tu pelo de oro Margarete tu pelo de ceniza Sulamith. |
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| Tenebrae |
Estamos cercanos, Señor, cercanos y asibles. Asidos, Señor, unos en otros con nuestras garras, como si el cuerpo de cada uno de nosotros fuese tu cuerpo. Ruega, Señor, ruega por nosotros, estamos cercanos. Ladeados por el viento caminamos, caminamos para inclinarnos allí, en el cántaro, en el cráter. Fuimos a los abrevaderos, Señor. Había sangre, había, la que tú derramaste, Señor. Resplandecía. Nos arrojó a los ojos de tu imagen, Señor. Ojos y boca están así, abiertos, vacíos, Señor. Hemos bebido, Señor. La sangre y la imagen que la sangre contenía, Señor. Ruega, Señor, estamos cercanos. |
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| Canción de una dama en la sombra |
Si la dama del silencio llega y decapita los tulipanes: ¿quién gana? ¿quién pierde? ¿quién se asoma a la ventana? ¿quién pronuncia primero su nombre? Es alguien que lleva mi pelo. Lo lleva como se llevan los muertos en las manos. Lo lleva como el cielo llevó mi pelo en el año en que amaba. Lo lleva así por vanidad. Él gana. No pierde. No se asoma a la ventana. No dice su nombre. Es alguien que tiene mis ojos. Los tiene desde que cerraron las puertas. Los lleva como anillos en el dedo. Los lleva como pedazos de placer y zafiro: ya era mi hermano en el otoño; ya cuenta los días y las noches. El gana. No pierde. No se asoma a la ventana. Dice al último su nombre. Es alguien que tiene lo que dije. Lo lleva bajo el brazo como se llevan las actas. Lo lleva como el reloj lleva la peor de sus horas. Lo lleva de umbral en umbral, no lo abandona. El no gana. El pierde. Se asoma a la ventana. Dice primero su nombre. A él lo decapitan con los tulipanes. |
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| Stretta* |
Deportado al campo de la huella infalible. Hierba escrita: dispersa. Las piedras, blancas, y las sombras de los tallos: ¡No leas más mira! ¡No mires más camina! Camina, tu hora no tiene hermanas, tú estás estás en tu casa. Una rueda gira, lenta, desde sí misma; sus rayos ascienden, ascienden por el campo oscuro, la noche no necesita estrellas, en ninguna parte preguntan por ti.En ninguna parte preguntan por ti. El lugar, donde estaban, tiene un nombre no tiene ninguno. No estaban allí. Algo estaba entre ellos. No veían al través. No veían, no, hablaron de palabras. Ninguna despertó, el sueño se les vino encima.Se les vino encima En ninguna parte preguntan Soy yo, yo estaba entre ellos, abierto, audible, yo les di la alarma, su aliento obedeció, soy el mismo, todavía; sí, ellos duermen.Soy el mismo, todavía. Años, años, años, un dedo, palpa abajo, arriba, palpa alrededor: suturas palpables, aquí se abren, aquí cicatrizan de nuevo ¿quién las cubrió?¿quién las recubrió? Venía, venía, venía, una palabra, venía, venía a través de la noche, quiso resplandecer, quiso resplandecer. Ceniza. Ceniza, ceniza. Noche. Noche-y-noche. Acude al ojo, al húmedo.Al ojo acude, al húmedo Huracanes. Huracanes de siempre, torbellinos de átomos; lo otro, tú lo sabes, lo leímos en el libro, era era sólo apariencia. Era, era sólo apariencia. ¿Cómo nos asimos con estas manos? Estaba escrito que. ¿Dónde? Tendimos encima un silencio nutrido con veneno, inmenso, un verde silencio, una hoja como un cáliz, una idea adherida a lo vegetal, verde, sí, adherida, sí, bajo el cielo maligno. Adherida, sí, vegetal. Sí. Huracanes, torbellinos de átomos: quedó el tiempo, quedó, de intentarlo en la piedra, ella fue hospitalaria, no cercenó la palabra. Qué holgadamente vivíamos: Granulada, granulada y fibrosa, cualiforme, compacta; ubiforme, irradiada, reniforme, aplanada, aglomerada, esponjosa, ramificada: no cercenó la palabra, habló, habló suavemente a los ojos secos, antes de cerrarlos. Habló, habló. Era, era. Nosotros no cedimos, estábamos en medio, una estructura porosa, y llegó. Se nos vino encima, se abrió camino, zurciendo invisible, zurciendo hasta la última membrana y el mundo, un millar de prismas, cristalizó, cristalizó.Cristalizó, cristalizó. Entonces Noches, sin mezcla. Círculos verdes o azules, rojos cuadrados: el mundo pone su entraña en juego con las horas inéditas. Círculos rojos o negros, claros cuadrados: no hay sombras en vuelo, planchetas, ningún almahumo asciende y participa en el juego.Asciende y participa en el juego. Cuando huyen las lechuzas, en la lepra petrificada, en nuestras manos en fuga, en la última abyección, en la red caza balas del muro derruido: visibles de nuevo: los surcos, los coros antiguos, los salmos. Ho, ho- sanna. Entonces hay aún templos en pie. Una estrella quizá da luz todavía. Nada, nada se ha perdido Hosanna. Cuando huyen las lechuzas, aquí, el diálogo gris como el día en las huellas del agua subterránea.(Gris como el día, en las huellas del agua subterránea. Deportado al campo de la huella infalible: Hierba. Hierba, escrita: dispersa.) *Stretta: Término musical. Se trata de una reducción temporal, vale decir: concentración de temas en apretado contrapunto, sobre todo en la fuga, donde la entrada de la segunda voz, antes de que haya concluido el tema casi siempre en la parte final, produce un estrecho tejido de voces |
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| Corona |
En mi mano el otoño devora sus hojas: somos amigos. Le extraemos el tiempo a las nueces y le enseñamos a irse: el tiempo regresa en la cáscara. En el espejo es domingo, en el sueño dormimos, la boca habla verdades. Mi ojo desciende hasta el sexo de la amada: nos miramos, nos decimos cosas oscuras, nos amamos como amapola y memoria, nos dormimos como el vino en las conchas, como el mar en la sangre que la luna refleja. Desde la calle nos miran abrazados en la ventana: es tiempo de que lo sepan, es tiempo de que la piedra se acostumbre a florecer, es tiempo de que te compadezcas del desasosiego, es tiempo de que sea tiempo. Es tiempo. |
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La inclusión de estos poemas de Paul Celan en
Poéticas es una atención de Biblioteca Virtual BEAT 57 beatcincuentaysiete@hotmail.com http://ar.geocities.com/beat_virtual |