Rafael Alberti (1902-1999)
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| DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS
Nació en Puerto de Santa María, Cádiz, España. En 1917 se trasladó con su familia a Madrid, donde se dedicó a copiar pinturas en el Museo del Prado. Pronto empezó a relacionarse con el grupo que sería conocido como la Generación del 27, movimiento intelectual que renovaría las letras e influiría de forma determinante en todas las artes. Tras la derrota de la república en la guerra civil española estuvo exiliado en la Argentina hasta 1962. Luego residió en Roma, Italia, y regresó a España en 1977. Libros publicados
Teatro
Premios y distinciones
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Rafael Alberti |
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| EL ÁNGEL BUENO |
Vino el que yo quería, el que yo llamaba. No aquel que barre cielos sin defensas, luceros sin cabañas lunas sin patria, nieves. Nieves de esas caidas de una mano, un nombre un sueño una frente. No aquel que a sus cabellos ató la muerte. El que yo quería. Sin arañar los aires, sin herir hojas ni mover cristales. Aquel que a sus cabellos ató el silencio. Para, sin lastimarme, cavar una ribera de luz dulce en mi pecho y hacerme el alma navegable. |
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| ¡NUNCA! NO LO DIRÉ. MÁS SI LO DIGO... |
¡Nunca! No lo diré. Más si lo digo, no culpéis a mi lengua, sí al tormento que irresponsabiliza al pensamiento que descuaja al dolor el enemigo. Si un silencio de muerte irá conmigo, mudo en mi sangre hasta el fallecimiento, no culpéis a mi voz, sí al rompimiento de unas venas, sin cauce ya ni abrigo. Ni al delirio que ignora lo que explica, ni al secreto expropiado a la locura, ni a la desvariada confidencia la pena capital los justifica. ¡No lo diré! Mas la mayor tortura será siempre este estado de conciencia. |
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| EL ÁNGEL SUPERVIVIENTE |
Acordaos. La nieve traía gotas de lacre, de plomo derretido y disimulo de niña que ha dado muerte a un cisne. Una mano enguantada, la dispersión de la luz y el lento asesinato. La derrota del cielo, un amigo. Acordaos de aquel día, acordaos y no olvidéis que la sorpresa paralizó el pulso y el color de los astros. En el frío, murieron dos fantasmas. Por un ave, tres anillos de oro fueron hallados y enterrados en la escarcha. La última voz de un hombre ensangrentó el viento. Todos los ángeles perdieron la vida. Menos uno, herido, alicortado. |
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| EL ALMA EN PENA |
Ese alma en pena, sola, ese alma en pena siempre perseguida por un resplandor muerto. Por un muerto. Cerrojos, llaves, puertas saltan a deshora y cortinas heladas en la noche se alargan, se estiran, se incendian, se prolongan. Te conozco, te recuerdo, bujía inerte, lívido halo, nimbo difunto, te conozco aunque ataques diluido en el viento. Párpados desvelados vienen a tierra. Sísmicos latigazos tumban sueños, terremotos derriban las estrellas. Catástrofes celestes tiran al mundo escombros, alas rotas, laúdes, cuerdas de arpas, restos de ángeles. No hay entrada en el cielo para nadie. En pena, siempre en pena, alma perseguida. A contraluz siempre, nunca alcanzada, sola, alma sola. Aves contra barcos, hombres contra rosas, las perdidas batallas en los trigos, la explosión de la sangre en las olas. Y el fuego. El fuego muerto, el resplandor sin vida, siempre vigilante en la sombra. Alma en pena: el resplandor sin vida, tu derrota. |