Rodolfo Alonso

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PALABRAS PRELIMINARES

"El honor de ser capaz del poema"

Reportaje a Rodolfo Alonso
a raíz de una encuesta de Eugenio Montejo
(Venezuela, 1987)

1) ¿Cuál es su opinión sobre la poesía latinoamericana en las actuales circunstancias?

La ambiciosa -y probablemente inocente- desproporción de esta pregunta, sin duda debería inhibirme. Generalizar siempre es riesgoso, y hasta puede derivar en lo vacuo, en lo superficial. ¿Quién puede afirmar que se encuentra en condiciones, cuando más estadísticas, de haber leído todo -o aún suficientemente- lo que se produce en nuestro maravilloso e infausto continente? ¿Quién podría aseverar que conoce a toda la poesía latinoamericana? Digamos, cuando menos, que en un momento de por lo general crasa lasitud y opaca anomia para la poesía occidental contemporánea, por contraposición el fervor y el hervor de nuestro continente se hacen palpables más en una ausencia, en la conciencia de una carencia, en la herida que es la poesía posible y que nos falta, revelados por lo mucho que se escribe poesía entre nosotros.

Hay una verdadera epidemia de autores, pero me temo también que falte el criterio del valor. Como ya dije alguna vez, quizá el sentido de la presencia evidente de una poesía latinoamericana contemporánea sea éste: representar amplios estados de ánimo colectivos antes que limitarse a algunas pocas cimas significativas. Al mismo tiempo, todo hace suponer que ciertos mitos acerca del poeta se van derrumbando lentamente. Ni ángeles caídos ni profetas redentores, los mejores entre los poetas latinoamericanos se van redescubriendo en la oscura selva viva del lenguaje, que no es distinta a la oscura selva viva del corazón humano y de la mismísima e incontrastable realidad.

Abrumados por esa desmedida cuando no asoladora realidad, orgullosos de una estirpe que sin embargo no tiene ahora curso legal, dueños y a la vez deudores ante el mundo, hay sin duda poetas recientes en Latinoamérica que ya nos han dejado su señal. De la magnitud o de la persistencia de su brillo, de su resplandor en el mejor de los casos, del alimento de su luz o del alcance de su luz, también seremos todos un poquito responsables.

Por enésima vez, digamos que la poesía no describe ni enuncia, que el poema es. En primer lugar, entonces, volvamos a la obra. La poesía escrita tiene una praxis concreta que no es otra, por supuesto, que el texto. Toda opinión, todo prejuicio, debe ser sostenido con la alusión al texto que lo avale. No es por los servicios prestados a una u otra causa, por los favores conquistados o los halagos merecidos que debe ser juzgada una obra. Aunque ella tenga también su vida propia, como organismo histórico, social y cultural, debemos esforzarnos en apreciarla ante todo como texto: es allí, en el desafío del lenguaje, donde todo valor y todo sentido han de encararse como evidencia para merecerse.

2) El llamado boom de la narrativa acrecentó el interés por la nueva literatura de este continente. ¿Cree usted que ello haya favorecido de algún modo a nuestra poesía?

Además de los innegables ingredientes que hicieron del publicitado boom de la narrativa latinoamericana, antes otro lanzamiento comercial de la inefable sociedad de consumo que un auténtico acontecimiento cultural, digamos que Latinoamérica debe renunciar de una vez a sentirse condenada a esperar perpetuamente la reiteración de su descubrimiento. El verdadero descubrimiento de América será el que ella haga de sí misma, de su propia ventura y de su propio dolor, de su propio lenguaje y de su propia savia, y no el que quiera seguir viendo reflejado en los ojos del otro: conquistador, caudillo, general, patrón, desarrollado, superpotente.

Quizá por ello la auténtica poesía latinoamericana (mirada nueva, limpia, fresca, original, mirada hacia sí misma, en sí misma) no pudo obtener ningún beneficio concreto del estallido del boom porque su misma esencia, su ser poesía y ser además latinoamericana, la hacía inviable para los carriles por donde circularon en cambio fácilmente otros productos. La poesía latinoamericana, por serlo, no resultaba ni útil ni rentable para los artífices del boom.

3) Tradicionalmente los poetas latinoamericanos, de expresión castellana, al contrario de lo que ocurría en otras lenguas, no nos han dejado -salvo excepciones- aportes teóricos sobre poesía. Algunos, como Neruda, se rehusaron expresamente a hacerlo, reservando esta labor a los críticos. ¿Cuál es su parecer al respecto?

De ninguna manera pienso que pueda entenderse como obligatorio el hecho de que un autor reflexione teóricamente sobre su propia obra o la de otros. Pero creo también sinceramente que nadie puede sustituir como teórico al auténtico creador cuando se lanza a reflexionar. En esto, sin duda, volvemos a lo que ya afirmaba Baudelaire: ningún crítico llegará a ser poeta, pero todo poeta esconde a un crítico. Como naciones, como culturas, nos conviene que aflore urgentemente la mayor cantidad posible del pensamiento crítico que hay sin duda dentro de los poetas y de los artistas latinoamericanos.

4) Las tendencias líricas aparecidas en los últimos cuarenta años, las mismas que se hallan más o menos vigentes, se agrupan bajo lo que tentativamente Octavio Paz ha definido como la posvanguardia. ¿Está de acuerdo con esa denominación o prefiere emplear otra diferente?

Aquí, en cambio, me parece que el problema supera ampliamente a la pregunta. La cuestión no es cómo denominamos al fenómeno, sino si lo hemos comprendido y hemos asimilado lo que tenía de positivo, desechando por otro lado lo nocivo o negativo. Los movimientos artísticos no existen en el vacío, no tienen entidad si no se encarnan en obras. Son las obras, entonces, en primer lugar, y luego sus relaciones y sus significados culturales, las que deben preocuparnos, y no la forma de denominarlas. Salvo que esa denominación, ese nombrar, incluya, implique una nueva perspectiva, ilumine un nuevo ámbito, amplíe nuestro espacio para vivir y para crear. Modestamente, no creo que el vocablo post-vanguardia, apenas temporal o físicamente ubicador, alcance a superar o esclarecer las ambigüedades y contradicciones que ya el concepto de vanguardia, acuñado a comienzos de siglo, acarreaba consigo desde entonces.

5) En la época que vivimos, de amenazas universales y tensiones de pre-guerra atómica, ¿qué misión le asigna usted al poeta?

Otra vez, una pregunta de inocencia demoledora. ¿Cómo evitarse decir que todos quisiéramos que el poeta fuera capaz con su palabra a la vez de realizarse como persona y de ayudar a todos sus hermanos, de enunciar la palabra necesaria, imprescindible y única, la palabra a la vez tan íntima y secreta, húmeda todavía del silencio de los orígenes, emergiendo en una orilla virgen del universo, y también a la vez general, compartida, fraterna, solidaria, no tan sólo ofrecida sino también aceptada por los otros, que entonces la harían suya y le darían destino, aunque ese destino fuera el no poco glorioso de volverse sabiamente anónima, ya sin autor ni tiempo, encarnada en el fluir mismo de la vida y de lo humano?

Ni traicionarse, pues, ni traicionar a los otros; y además, no traicionar la propia lengua, el propio idioma, el sonido que uno ha venido a traer al mundo. Y siendo uno ser la especie, tan bellamente bárbara e intuitiva como trágicamente condicionada por las culturas que se ha hecho o le han impuesto. Y ser la esperanza de un mañana mejor, la luz de la utopía sin la cual no merece la pena vivir. Y ser también, al mismo tiempo, la conciencia de nuestra irrisoria pero desmedida condición. Lo que somos, lo que podríamos ser, quizá lo que seremos.

Pero bien sabemos que, por ahora, la única gloria honestamente deseable ya no es siquiera ni la de vivir en el corazón de los otros, de algún otro, sino más humilde y sabiamente el honor y el placer, la angustia y la ansiedad de haber escrito, de haber sido capaz del poema, que por nosotros circuló y ahora está vivo, fragante y tibio, latente carne de lenguaje, recién amanecido, temblorosamente inclinado, libremente tendido hacia los otros, hipócritas o no, semejantes, hermanos.

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Rodolfo Alonso (Buenos Aires, 1934) fue el miembro más joven del grupo nucleado alrededor de la legendaria revista argentina de vanguardia Poesía Buenos Aires. A partir de Salud o nada (1954), publicó más de veinte libros propios, la mayoría de poemas pero también de ensayo y narrativa. Fue el primer traductor al castellano de los 4 heterónimos de Fernando Pessoa. Tradujo también a otros muchos autores de diversos idiomas (Ungaretti, Cesare Pavese, Marguerite Duras, Prévert, Montale, Carlos Drummond de Andrade, Apollinaire, Murilo Mendes, Eluard, Dino Campana, Manuel Bandeira, Pasolini, Baudelaire, António Ramos Rosa, Rosalía de Castro y otros). A su vez, fue traducido en Francia, Bélgica, Portugal, Brasil, Estados Unidos y Galicia. Ya en 1961 Editions Le Cormier publicó en Bruselas una selección de sus Poèmes, con traducción y prólogo de Fernand Verhesen. Otras antologías de su obra poética fueron publicadas en España, México y Colombia. En 1978 fue incluido en La paix invincible espoir, antología de Madeleine De Vits para las Ècoles Associées de l'U.N.E.S.C.O. (Jacques Antoine, Editeur, Bruselas). Colaboró en numerosas publicaciones, tales como L'esprit des lettres, Les Cahiers du Sud, Le Journal des Poètes o Le Courrier du Centre International d'Etudes Poétiques, organismo del cual es corresponsal en su país desde hace largo tiempo. En 1997 recibió, con Juan Gelman, el Premio Nacional de Poesía. Sus últimos libros publicados son Antología poética (Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 1996) y los ensayos de Defensa de la poesía (Editorial Vinciguerra, Buenos Aires, 1997). Este mismo sello acaba de publicar, en 1998, su traducción de Les diables amoureux, de Guillaume Apollinaire. Escribió guiones y textos para filmes de cortometraje, la mayoría de los cuales fueron premiados en festivales nacionales y extranjeros. Dirigió su propia editorial de libros, que llegó a publicar más de doscientos cincuenta títulos diferentes. Entre 1986 y 1989 fue Director del Fondo Nacional de las Artes.

Libros publicados

Poesía

  • Salud o nada (Trayectoria, Buenos Aires, 1954)
  • Buenos vientos (Poesía Buenos Aires, Buenos Aires, 1956)
  • El músico en la máquina (Galatea, Buenos Aires, 1958)
  • Duro mundo (Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, 1959)
  • El jardín de aclimatación (Boa, Buenos Aires, 1959)
  • Gran Bebé (Poesía Buenos Aires, Buenos Aires, 1960)
  • Poèmes, selección y traducción de Fernand Verhesen (Le Cormier, Bruselas, 1961)
  • Entre dientes (Fondo de Escritores Asociados, Buenos Aires, 1963)
  • Hablar claro (Sudamericana, Buenos Aires, 1964, Premio Fondo Nacional de las Artes)
  • Relaciones (Ediciones del Mediodía, Buenos Aires, 1968)
  • Hago el amor, introducción de Carlos Drummond de Andrade (Editorial Biblioteca, Rosario, 1969)
  • Guitarrón (La Ventana, Rosario, 1975)
  • Señora Vida (Galerna, Buenos Aires, 1979)
  • Cien poemas escogidos (Fundación Argentina para la Poesía, Buenos Aires, 1980)
  • Sol o sombra (Libros de América, Buenos Aires, 1981)
  • Alrededores (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1983)
  • Jazmín del país (Ocruxaves, San Isidro, 1988, Tercer Premio Regional de Literatura)
  • Poemas escogidos, prefacio de Milton de Lima Sousa (Ediciós do Castro, Sada, España, 1992, Segundo Premio Regional de Literatura)
  • 70 poemas de 35 años, prólogo de Fernand Verhesen (Ediciones de la Aguja, Buenos Aires, 1993)
  • Lengua viva (La Hoja Murmurante, Toluca, México, 1994)
  • Música concreta, prólogo de António Ramos Rosa (Plus Ultra, Buenos Aires, 1994, Premio Fondo Nacional de las Artes, Segundo Premio Nacional de Poesía)
  • Poemas (Golpe de Dados, Bogotá, 1995)
  • Antología poética (Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 1996)

Narrativa

  • El fondo del asunto (Torres Agüero, Buenos Aires, 1989)
  • Tango del gallego hijo (Ediciós do Castro, Sada, España, 1995)

Ensayos

  • Poesía: lengua viva (Libros de América, Buenos Aires, 1982, Mención Especial en el Premio Nacional de Ensayo y Crítica Literaria)
  • No hay escritor inocente (Librería del Plata, Buenos Aires, 1985, Premio Fondo Nacional de las Artes, Segundo Premio Municipal de Ensayo, Mención Especial en el Premio Nacional de Ensayo y Crítica Literaria)
  • Liturgias de una lengua (Ediciós do Castro, Sada, España, 1989)
  • La palabra insaciable (Torres Agüero, Buenos Aires, 1992)
  • Defensa de la poesía (Vinciguerra, Buenos Aires, 1997)

Traducciones

  • El oficio de poeta, ensayos de Cesare Pavese (en colaboración con Hugo Gola; Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1957, con varias reediciones sucesivas)
  • Constantes técnicas de las artes, ensayo de Gillo Dorfles (Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires,1958)
  • Hiroshima mon amour, guión de Marguerite Duras (en revista Tiempo de Cine, Buenos Aires, núm. 1, 1960)
  • Poemas, de Fernando Pessoa (Fabril Editora, Buenos Aires, 1961, con varias reediciones sucesivas)
  • Trabajar cansa / Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, poemas completos de Cesare Pavese (Editorial Lautaro, Buenos Aires, 1961)
  • Moderato cantabile, novela de Marguerite Duras (Fabril Editora, Buenos Aires, 1961, hay reedición española de la Editorial Planeta)
  • Poemas escogidos, de Giuseppe Ungaretti (Fabril Editora, Buenos Aires, 1962, con varias reediciones sucesivas)
  • Poesía alemana de hoy (en colaboración con Klaus Dieter Vervuert; Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1967)
  • Antología poética, de Paul Eluard (en colaboración con Raúl Gustavo Aguirre; Ediciones del Mediodía Buenos Aires, 1968)
  • Feria de agosto, relatos de Cesare Pavese (Ediciones Siglo Veinte, Buenos Aires, 1970)
  • Historias, poemas y canciones de Jacques Prévert (Rodolfo Alonso Editor, Buenos Aires, 1970)
  • Poesía italiana contemporánea (Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela, 1970)
  • Diario inédito, del Marqués de Sade (Rodolfo Alonso Editor, Buenos Aires, 1971)
  • Poemas, de Salvatore Quasimodo (Ediciones La Ventana, Rosario, 1971)
  • Cuentos, de Cesare Pavese (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1971)
  • De la tradición oral a la literatura, ensayo de Guy de Bosschere (Rodolfo Alonso Editor, Buenos Aires, 1973)
  • Poemas, de Eugenio Montale (Ediciones La Ventana, Rosario 1974)
  • Poemas, de Dino Campana (Ediciones La Ventana Rosario, 1975)
  • Introducción a la poética, ensayo de Paul Valéry (Rodolfo Alonso Editor, Buenos Aires, 1975)
  • Diálogo entre un sacerdote y un moribundo, del Marqués de Sade (Rodolfo Alonso Editor, Buenos Aires, 1975)
  • ¿Quién conoce a Antonin Artaud? (Rodolfo Alonso Editor, Buenos Aires, 1975)
  • Poemas escogidos (y un inédito sobre Borges), de Murilo Mendes (Ediciones La Ventana, Rosario,1976)
  • La virgen imprudente y otros poemas, de Murilo Mendes (Editorial Calicanto, Buenos Aires, 1978)
  • 35 poemas, de Murilo Mendes (Editorial Fundarte, Caracas, 1979)
  • El mundo de Charles Baudelaire (En colaboración con varios autores; Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1980)
  • El mundo de Guillaume Apollinaire (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1980)
  • La poesía surrealista (en colaboración con Aldo Pellegrini; Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1980)
  • Poemas, de António Ramos Rosa (Editorial Fundarte, Caracas, 1980)
  • El presidente burlado y otras páginas, del Marqués de Sade (en colaboración con varios autores; Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1982, dos tomos)
  • El coloquio del río y otros cuentos, de Cesare Pavese (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1982)
  • Poemas, de António Ramos Rosa (El Lagrimal Trifurca, col. El Búho Encantado, Rosario, 1982)
  • Cantos órficos y otros cantos, de Dino Campana, Umberto Saba, Giuseppe Ungaretti, Eugenio Montale y Salvatore Quasimodo (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1982)
  • Los Mares del Sud y otros poemas, de F. T. Marinetti, Ardengo Soffici, Piero Jahier, Aldo Palazzeschi, Vincenzo Cardarelli, Libero de Libero, Leonardo Sinisgalli, Cesare Pavese, Alfonso Gatto, Vittorio Sereni, Franco Fortini, Pier Paolo Pasolini, Rocco Scotellaro y Edoardo Sanguineti (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1982)
  • Lluvia oblicua y otros poemas, de Fernando Pessoa, Mario de Sá Carneiro, Adolfo Casais Monteiro, Sophia de Mello Breyner Andresen, Carlos de Oliveira, Egito Gonçalves, Mario Cesariny y António Ramos Rosa (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1983)
  • La victoria de Guernica y otros poemas, de Pierre-Jean Jouve, Paul Eluard, André Breton, Antonin Artaud, Robert Ganzo, Jacques Prévert, Georges Schehadé y Georges Brassens (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1983)
  • Jandira y otros poemas, de Manuel Bandeira, Dante Milano,Cecilia Meireles, Murilo Mendes, Carlos Drummond de Andrade, Augusto Frederico Schmidt, Vinicius de Moraes y Joâo Cabral de Melo Neto (Centro Editor de América Latina, Buenos
  • Aires, 1983)
  • La tercera orilla del río y otros textos, de Aníbal M. Machado, Murilo Mendes, Carlos Drummond de Andrade, Joâo Guimaråes Rosa, Clarice Lispector y Milton de Lima Sousa (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1983)
  • Diarios de vida y obra de Cesare Pavese y Elio Vittorini (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1983)
  • Poemas, de Guido Cavalcanti (Il Nuovo, Vecchio Stil, Córdoba, 1986)
  • Dos poetas medievales italianos (incluye a Guido Cavalcanti y Cecco Angiolieri: El Lagrimal Trifurca col. El Búho Encantado, Rosario, 1986)
  • Mundo grande y otros poemas, de Carlos Drummond de Andrade (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1987)
  • Mi gran ternura y otros poemas, de Manuel Bandeira (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1987)
  • La linda pelirroja y otros poemas, de Guillaume Apollinaire (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1987)
  • Poemas, de Cecco Angiolieri ( Il Nuovo, Vecchio Stil, Córdoba, 1988)
.

Rodolfo Alonso

POEMAS

Último tango en Rosario
										
Guitarra, bandoneón
y despiadada música:
bajo la cruda luz,
dos rostros descarnados
chirrían con la espesa
danza de los suburbios.
            
Pero ya nadie baila.
Apenas unos viejos
intentan rescatar
-patética efusión-
los relumbres de antaño.
            
 ¿Y adónde se quedaron
tanta pasión y fuego,
tanto ardor, tanto vuelo
provocador y propio?
¿Qué los hizo dejar
de ser y, antes, ser?
¿El tango fue algún modo
("perdonen la tristeza")
o era esencia, sentido?
            
Las impares parejas
se rozan removiendo
música despareja.
La juventud vivida
¿permanece, resurge?
Inquieta, interminable,
¿hace de sus cenizas
un carnaval remoto,
un carnaval futuro?
									
Gauguin recuerda a Francia en Mururoa
										
¿Te dejé por Tahití, triste madrastra,
para morir soñándote, pintando
tu nevada Bretaña? Al color libre
y salvaje huí, a adormecerme
en los senos cobrizos de Tehura,
al resplandor del tamarindo, lejos
de tus gendarmes. Pero estabas allí:
jueces, archivos, sables, mercaderes.
¿Morí una vez, bien lejos tuyo, ajeno,
y he de verme morir en Mururoa?
¿Volveré a ver morir lo que admiraba
por obra tuya nuevamente, madre
mortal? ¿Qué puede un maorí, qué pueden
brujos sabios contra el hechizo blanco,
seco, ácido, letal, inexorable?
La dulce vida no será la misma.
¿Libertad, igualdad, fraternidad?
La gracia huye espantada, suicidándose,
a arrojarse en el mar. En sus abismos
que alguna vez creímos insondables.
Bajo el altar del atolón, el cáncer
de coral su misa negra extiende.
Francia, nodriza cruel, si quieres luz
cría vida. Si sueñas con abismos
que sean tus abismos, no los de otros,
sino en tu propio suelo. ¿Te arrastrarás,
así, tú misma al muro? ¿Ya ni en la paz
de los abismos crees, reina árida?
									
L'arte povera
										
Apenas
la palabra.
            
A penas
la palabra apenas.
									
Cuerpo presente
										
Tantas como soñamos
merecer una
            
(Una mujer
            
Muslos de tempestad
 senos de viento
 sagrado olor a mar)
            
Toda mujer
sentada
en el augusto trono
de su cintura
            
Inmensa
									
Vizcacha
										
¿La metáfora viva que buscaron
para buscarse todos, al buscarse,
vuelve como parodia e ironía?
¿Este misterio, este país que somos
y que se enzarza fiero en su destino
como luz mala en el desierto, ahora o
siempre bajo el solazo crudo, al rayo
del deseo, la impaciencia y su hermana
ciega: la impotencia? ¿Ni civiles
ni bárbaros, apenas decadentes?
¿Esa imagen profunda de uno mismo
donde abrevaba el mito, la verdad
oculta porque oscura, oscura
porque honda, eso que nos hacía
ser y que íbamos a ser, culpables,
desolados, quejosos, engreídos,
ni Cruz ni Fierro fueron, sino El Viejo?
									
Oda a Jonathan Swift (1667 - 1745)
										
Lo que el humor no pudo
no lo tendrá la muerte.
Luz de la inteligencia,
corazón de razones, 
luz de razón, el hombre
no siempre come sombra.
            
Propone, con modestia
(desde Irlanda, en el mundo,
hace trescientos años),
iluminar la vida,
o morirnos de risa,
al menos, de la infamia.
									
Ruido de fondo

						
Las manos de la nieve
la nieve que cae en sueños
tus sueños como sombras
que asombran nuestro día
el día que no aclara
lo claro de tu risa
que ríe sin que lo sepas
saber que no eres mía
mi pequeña insistencia
que insiste en recordar
el recuerdo que vuela
volando ante el olvido
sin olvidar tu cuerpo
el cuerpo que ilumina
iluminando frondas
la frondosa alameda
álamos contra el cielo
el cielo de tu boca
la boca de la muerte
la muerte que no muere
morir de haber vivido
viviendo como vives
la vida que me das
te doy lo que me duele
el dolor padre y madre
la madre amante hembra
las hembras junto al fuego
el fuego que es la especie
la especie está en peligro
peligran nuestros miedos
los miedos luto en flor
Florencia nunca nunca
nunca será Las Vegas
ni veo en Delfos lumbres
para alumbrar Wall Street
estrías del planeta
planetas que se extinguen
extintos valles fértiles
fértiles sueños manos
las manos que se aman
al amor de lo hecho
hacer lo que se pueda
poder hablar decir
te digo lo que canto
cantar como las manos
manos que construyeron
construir sobre el abismo
abismos que se abren
y abriéndose se cierran
sobre gargantas libres
libertad y justicia
justicia entre las manos
las manos de la nieve
 
El peso de tu paso

						
¿Pasas sin darte peso
cuando pasas, belleza,
inquieta certidumbre,
la joven nuca erguida
avanzando en la sombra,
levemente indecisa,
tendido hacia el futuro
el filo de ese cuello
inefable y letal?
¿O pisas, al hacerlo,
temible adolescente,
el peso de tu paso,
el paso de tu cuerpo
gloriosamente incierto
entre niña y muchacha?
¿El tiempo te contiene
o es tiempo lo que luces,
resplandor que se sabe
preso en su resplandor,
madurez inminente
livianamente espléndida
que firme se presagia,
dorado atardecer
todavía en tu mañana?
¿Te ves tú como vemos,
o al verte cambiarías?
Arriesgada inocencia,
¿lo que de luz te colma
escondes o te esconde?
¿Sólo al verte no verte
te veremos, belleza? 
¿En otros? ¿En nosotros?
¿No es la belleza verte
saber que no te sabes
mediodía inmortal?
¿Y anidas, sin embargo,
tu huevo de serpiente?
No temas, todavía,
no es nostalgia o deseo
percibir tu milagro
de presente huidizo,
de futura memoria.
Somos lo que sabemos
ver, lo que nos hace ver,
siendo somos lo sido,
seremos lo que sé,
lo que sé ser: ser sed.
 
Ansia, edad

					
“Calamitosus est animus futuri anxius.” 
Séneca
¿Con qué hieres, inquieta
angustiosa, asolado
fantasma de Pavese,
si apenas te compones
de inquietud, nada menos?
Ansiedad, sí, en edad
ya de desmerecer,
vacío que se propaga
engendrando al vacío,
vacío que se colma
y se derrama eterno,
la quijada en la cola,
roída por tus propios
ácidos, de sutiles
venenos (dijo Ortiz).
Edad en sí, ansiedad,
preñada desde joven,
ansia de un dios, que ansía
ser tiempo y no ser tiempo.
¿Qué devora, insaciable,
a lo que te devora
y te hace devorarte,
consumida de sí, 
edad en sí, ansiedad?
¿Nada logra ser nada
ni, como Braque soñó,
el presente –verdugo
rey esclavo- tal vez
nunca será perpetuo?
 
Mármol griego

						
Tan fugaz como fuiste,
y fecunda, instantánea
evidencia vehemente,
cruda luz, cosa en claro,
cuando hablaban los mundos
y en el mundo se hablaba.

Te avecinas, aún,
todavía te abalanzas,
serena oscilación
hecha de graves hechos,
tragos de la tragedia
humana y sobrehumana.

Suspendida en el sino
de tu seno asediado,
ni pasado te vuelves
ni presente perpetuo:
royendo horas sonríes
y las olas te labran.

Con mirarte no fuimos
y somos si te vemos.
¿Nuestros ojos te asumen
o tú alumbras los ojos?
Nos asombra tu sol,
y tu sombra nos nombra.

Sin saberlo, de lejos
(Londres se lo guardaba),
desde el British Museum
bendecías a Benin.
Y Venus asentía:
silenciosas victorias.

Desnudo resplandor,
tú, tembloroso abismo,
apruebas y nos pruebas,
tronco, raíz, racimo,
red del vuelo invisible
y del visible cielo.
 
Boca de sombra

					
“Ce que dit la Bouche d’Ombre”
Victor Hugo
Agridulce y distante,
con los labios ceñidos,
sonreía, mi madre
(igual que Rosalía).

Bajo cielos inciertos,
sobre mares infames,
¿regresaba, de dónde,
o nunca había llegado?

Su mirada inquietante
habla con su silencio,
y no puede alcanzarme
y no puedo alcanzarla.

Una aldea de montaña
relumbra allí a lo lejos,
y una ciudad distante
que nunca estuvo cerca.

Ese mudo dolor,
esos ojos nublados,
hielan con un reproche
liviano, indiferente.

No podía saberlo,
no podía saberse
(igual que Rosalía)
bajo una negra sombra.

¿Un misterio, un vacío?
Siempre estuvo en la casa.
¿Un dolor, una ausencia?
Nunca nadie la supo.

Entrevisto infortunio
expresándose a penas,
que van de uno a otro
sobre el rostro del mundo.

Algo intenta decirnos
que no quiere decirse.
¿La ruina de su infancia
no me dejó ser niño?

Soledad que se agolpa,
inefable congoja
que no puede nombrarse
ni siquiera a sí misma.

Aunque vuelva, no vuelve
(igual que Rosalía),
a su vieja niñez
en las garras del mar.
 
Bajo la paz del tilo

						
Da tinte al tiempo con su temple el tilo,
con tanto tino, con ternura tanta,
que todo se estremece, toma aliento.

Titila el tilo, tras de la tormenta.
 
A la sombra de Malthus

						
Sabios anuncian,
con discreta emoción
y sopesando datos,
de manera siniestra,
irreprochables,
que en el Tercer Milenio
más hombres tendrán sed.

(De hacerlo, no serán,
como se ve,
lo suficientemente
originales:
todos los siglos
consiguieron tener
sed de justicia,
de libertad, belleza.)

Ahora, por fin, parece
-miserable milagro,
cruel consumación,
irrisorio destino
final-, que los humanos
tendrán por suerte
matar muriendo
(cazando lluvias,
en oasis blindados,
cercando ríos,
encerrando al mar)
por una simple, serena, 
saludable y letal
sed clarísima de agua.