Rogelio Ramos Signes
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| PALABRAS PRELIMINARES
Creo que no hay género más autobiográfico que la poesía. Me siento autorizado a decir esto porque también escribo ensayos y narrativa. DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS Rogelio Ramos Signes nació en San Juan, en 1950 Libros publicados Poesía
Cuentos
Novela corta
Ensayos y artículos
Premios y distinciones Premio Más Allá a la mejor novela de ficción publicada en la Argentina durante 1986, por En los límites del aire, de Heraldo Cuevas Colaboraciones Colabora en revistas de Argentina, Colombia, Venezuela, México y España. |
Rogelio Ramos Signes |
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| Atardecer de invierno |
Me paro en la luz oscura de la calle oscura y miro mi ventana. Yo nací allí. Gregory Corso Las luces de los modestos talleres de corte y confección ya se habían encendido al costado de un canal de deshielo que por Zonda y Marquesado bajaban del oeste. Las luces de las melosas fábricas de dulce de membrillo ya se habían encendido sobre el vapor de unas ollas enormes con destino de cielo raso y sin paradas intermedias. Las luces de las carbonerías ya se habían encendido en la promesa de un calorcito que vendría después con la merienda preparada por mamá y el negro del carbón se haría rojo fuego y el rojo se volvería incuestionablemente gris y el gris, cosa que vuela.No soples de tan cerca que hace mal a los ojos.Las luces de una habitación donde un niño miraba viejas estampas coloreadas en imprentas que nunca conocería ya se habían encendido. De la simplicidad de la llama. De la pasión de la piedra. a Teodoro |
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| Ávila |
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| Frente a un afiche lejano y placentero |
Una mujer, una bella modelo de piel más que perfecta sostiene en sus dedos un cigarrillo y lanza al aire el humo que le sobra después de haber tapizado con él la intimidad absoluta de sus pulmones. La imagen ha dado la vuelta al mundo. Detrás del humo: su pómulo izquierdo levemente velado y los canales de Venecia concurridos de estandartes y de góndolas. Delante del humo: el fotógrafo que hizo la toma (por eso no se lo ve) y ahora en un mercadito de Calingasta donde la cordillera está más acá del límite de la vista yo me ahogo no con el humo del afiche veneciano que visitó esos pulmones de mujercita plástica al detalle que me mira sin descanso, sino con el polvo de una vereda de tierra que un niño se empeña en desordenar corriendo porque sí atrás de una gallina. |
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| Hazte de fábula y échate a la fosa (o Cuídate del Mauser 1896) |
Puesto a beber en la fuente de las corderitas lobo fue mas no dejó sus huellas. Alguien baló, alguien meó, alguien dijo asesino alguien puso un cartel no beberá de esta fuente quien desgarra, quien produce escozor bajo las lanas. Puesta a llorar en la charca inmunda de los lobos cordera fue pero nunca ¿por qué? cuerpo ultrajado. Alguien aulló, alguien meó, alguien dijo pobre mujer alguien soltó un proyectil harto certero sobre el cuerpo del lobo que dormía. Yo sé (yo sé, yo sé) que jamás encontraré la moraleja. |
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| Ingeniería del corazón |
No todos mis caminos conducen a Roma. Vientos huracanados de más de cien desazones por hora echaron abajo el mejor de mis puentes (los vecinos más viejos cayeron al vacío). Lluvias que suceden por debajo de los ojos, algunos excesos -que fueron muchos- y esa suerte que siempre está de espaldas dañaron la carretera más pequeña (mujeres empantanadas terminaron desarmándose en la boca humeante de los lobos). Pero, aquí me ves recostado a pesar de la prisa aguardando la buena voluntad de obreros que no conozco y una pizca de miedo. Dicen que en los caminos que todavía conducen a Roma hace mucho calor y la gente discute sin motivos. Aquí el frío por momentos es intolerable, la tinta se cristaliza antes de llegar al papel y algunas lenguas improvisan saludos. Hasta donde pude averiguar nadie sabe quién poda por las noches el ligustro de los sueños. El café está prohibido. Tucumán, 12/11/1998 |
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| Poema de, y acerca de, la piedad |
Donde estaba su sabueso rondando cosas nutritivas, donde estuvo mi silla y cayeron pájaros asesinos una tarde que andábamos levantándole los ojos entre tanta desazón, vinieron hombres antinubes querida hermana comandante Ernesto con dulces en las manos vinieron y eran hombres felices aunque cargaban la cruz. Les hicimos la pregunta de rigor en estos casos. Contestaron que mañana, que el jueves, que algún día de éstos, que pasadas las lluvias, que si Telésforo regresaba reluciente de mica y no sangraba por los brazos, que si salía el sol media hora más tarde, que si graznaba la corneja pero no aquí sino en Winnipeg (Lago Riverton) Manitoba, que si lloraban las mujeres en Pie de Palo, departamento Caucete y yo te sentaba sobre mis piernas negros los dos a veces blanca las cosas cambiarían. Les contestamos que sí, que de piedad ya estaba bueno y que los hombres en el fondo no son tontos. Pero te oscureciste de cipreses que fue un capricho, un dejarte morir inmolada y tan serena como murió El De Los Clavos. Los diarios dijeron que las cosas cambiarían. Donde estaba mi hija descifrando el universo mataron a un anciano que robaba comida (puedo dar fechas, nombres y lugares) dolor sobre dolor. Pero de piedad ya estaba bueno repetían los diarios, ya estaba bueno de voltearse a los costados del cuerpo con una sola madre y un solo castigado hermano comandante amiguita mía. Fue por eso que hicimos la pregunta. Dijeron que mañana, que el jueves, que pasado (lo corriente en estos casos), que la mica de Telésforo y el sol de los diaguitas, que la misma corneja graznando en Manitoba. |
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La inclusión de estos poemas de Rogelio Ramos Signes en
Poéticas es una atención de Julio Carabelli |