Sergio Badilla Castillo
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| PALABRAS PRELIMINARES
¿QUÉ ES POESÍA? El tiempo saca a la luz todo lo que está oculto sostiene Horacio en uno de sus memorables versos. A partir de allí configura una orientadora señal, a los articuladores de la palabra, para decantar las hondas y recónditas percepciones que se tiene de la realidad. Una materialidad que está tamizada de significaciones al enfrentarse a los sentidos y en especial a la sensibilidad del poeta. Santiago de Chile. Septiembre 2002 DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS Nació en Valparaíso el 30 de Noviembre de 1947. Su creación nace en cercana amistad creativa con los poetas, Juan Luis Martínez, Raúl Zurita, Juan Cameron, Eduardo Embry y Renato Cárdenas. Libros publicados Poesía *La Morada del Signo, Ediciones BIKUPA, Estocolmo, 1982 Cuentos *Más Abajo de mi Rama, Invandrarförlaget, Borås, Suecia, 1980 Teatro *Mi hermano Pepe, Santiago, 1999 Inéditos *El Hombre Plural. Ensayo. En trámite de impresión. Sergio Badilla Castillo |
Sergio Badilla Castillo sergiobadilla@vtr.net |
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| INARI |
A mis hijas finlandesas La pisada de un perro perdiguero en la nieve Un rastro apenas perceptible en el blanco suelo de Inari El pueblo está perfecto, lo habitan los habitantes que deben en silencio El círculo polar está al otro lado del lago endurecido Más acá los pájaros urracos jilgueros ennegrecidos las cornejas vagabundas de Laponia Los pinos se han puesto opacos en sus ramas largas La espesura es una fotografía congelada un difuso recuerdo Tal vez las huellas son de un lobo transeúnte una escena modificada del Kalevala un animal caminante de las estepas que extraen el halo de estos labios con hambre vapor ingenuo con algo de alma y calor humano Una liebre pasa corriendo y también imprime sus extremidades en la superficie nívea El esfuerzo está mal hecho no hay bestia que la persiga Sólo unos ojos humanos que la ven perderse entre unas rocas y tarda la sangre en las venas antes de fluir por el cerebro. |
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| MI CIUDAD |
a Juan Cameron La ciudad donde nací es una añosa meretriz que ya no recibe visitas Su época se esfumó en silencio a través de las rendijas se volvió matrona de tanta pretensión de ser anciana con actitud arruinada como la más añeja de las rancias se puso veterana como la más senil de las decrépitas devino achacosa como la más vetusta de las viejas Mi ciudad natal tiene la ceguera de un mendicante ciego perdió su formalidad que imponían los solemnes para ser solemnes A fin de cuentas todo debe tener su maldito precio. se volvió senescente de tanto pretender de ser señora con actitud abatida como la más tradicional de las maduras se puso trasnochada como la más decadente de las acabadas devino mórbida como la más delicada de las viejas Fuimos tantos los que pretendimos su mesalino pubis su hurgado vientre sus palpadas carnes fuimos tantos los que ansiamos sus meretricios pechos se volvió comadre de tanta pretensión de ser doncella con actitud festiva como la más lasciva de las libidinosas se puso obscena como la más viciosa de las libertinas devino impúdica como la más lujuriosa de las licenciosas La ciudad donde nací es una longeva meretriz que ya no recibe visitas su tiempo se fugó venéreo con unos extraños piratas emigrantes |
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| HORMIGUERO |
A Omar Pérez Este invierno las hormigas peregrinan hacia otro hormiguero se cambian de casa por decirlo en palabras pedestres se mudan con pasmosa parsimonia cada una traslada una parte importante del albergue ramas jugosas hongos diversos La reina es la más difícil de desplazar por su inmensa naturaleza por su conspicua traza Hay un oso hormiguero merodeando el territorio Desde esta encumbrada rama se divisa el universo la fila interminable de pequeños puntos en movimiento se llevan todo hojas fermentadas cachivaches bombos y platillos No hay ninguna hormiga que no siga el ritmo del alejamiento no hay ninguna que haga el camino de regreso Hay un oso hormiguero merodeando el territorio El hervidero se hace infinito con su inacabable trasiego la mudanza es ordenada por señalarlo en palabras corrientes la simple contigüidad agota la perspicacia del ojo desmorona la intensidad de los sentidos Este invierno es más crudo que los viejos inviernos tiene la severidad de pájaro rapaz poco antes conocida Hay un oso hormiguero merodeando el territorio |
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| ESPARTACO Y MARÍA MAGDALENA |
La ciudad está oscura algunos recurren al silencio los grandes señores son cosas que el pasado dejó en el pasado han huido con la celeridad de las ratas de un barco que se hunde sus decaídos espectros desaparecieron avergonzados entre las sombras por no decir en una aburrida calma Los impecables siguen usando hoy ropa oscura y evidencian buenos modales Aquí señor hablamos claramente el lenguaje de los números los malhadados números los malditos números La irreverencia es reconocer que aún es posible tener un amor inconfesado un secreto pueril una discreción baladí de antigua data El disfraz ya no impresiona a nadie es tiempo de posmodernidad. A propósito tengo un póster de Espartaco en la pared de mi dormitorio y otro de Maria Magdalena junto al wáter No hay mendigos que no reconozcan la necesidad del ágora para incrementar sus limosnas No hay mercaderes que no persistan en su tarea de buscar tesoros ocultos también lo intenta el funcionario que me alquila la vivienda donde vivo Todo está milagrosamente conectado como una gran alcantarilla. con algún desagüe con un descomunal vertedero con alguna monstruosa cloaca La basura se acomoda en los tejados en las terrazas en las extensas plazas la roña la basura. la mugre la cochambre los despojos nos sepultan vivos ¡Qué vida! afuera el humo de las hogueras tizna la ciudad la pringa la mancha la emporca la ensucia Todo es una cuestión de hábitos de malvada costumbre Comemos frutos secos ritualmente cada vez que vamos al circo Mamá dice para sentirnos vigorosos A propósito tengo un póster de Espartaco en la pared de mi dormitorio y otro de Maria Magdalena junto al wáter Pobres hombres de fortuna que se abruman la vida en repetidas conferencias no sueñan pesadillan la vida noche a noche No tienen tiempo para vacaciones Las termas de Caracalla están abandonadas desde hace tiempo no hay quien las repare son más interesantes las ruinas de Itálica Mi hija mayor aprendió a leer el jueves y la premiaremos con un gato persa Los gusanos se han habituado a reptar en la aridez de la seca muralla ejercitan sus destrezas ambulatorias En el atrio dicen que los moros venden drogas a los visitantes extranjeros ¡Qué importancia tiene la especie humana si no le puedo sacar provecho! A propósito tengo un póster de Espartaco en la pared de mi dormitorio y otro de Maria Magdalena junto al wáter Desde ahora vivo entre playa y playa como si fuera millonario Mercurio ya no miente Las baratas se adueñan de cualquier rincón del edificio se adosan inmundas como inmundas baratas repugnan su repugnancia. Muchos ciudadanos aún no tienen donde vivir en medio de tanta ciudadanía Mis familiares duermen plácidamente en sus anchas camas se aburren en su nuevo vecindario de tener tantos parientes cerca Pensamos que sería bueno adquirir un nuevo esclavo para que cuide el jardín. La caridad empieza por casa A propósito tengo un póster de Espartaco en la pared de mi dormitorio y otro de Maria Magdalena junto al wáter Buenos Aires, julio 1990 |
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| FAROL BAJO LA LLUVIA |
El farol se balanceó en las piedras fúlgidas del muro, con el viento que viene del este con la lluvia y mis gestos prematuros reflejaron sin pudor nuestra memoria de la misma forma como entraron las sombras en la casa. Las viejas dejaron entonces que la rueca siguiera el curso de la lana sin decir una palabra y fueron con sus cestas vacías, sus morrales vegetales, a recoger las bayas más diversas de los bosques, a la silvestre terrenalidad del paraíso prohibido. No, ya no quisimos espantar la angustia sin dejar lágrimas y que el fuego nos acerque individualmente hacia la noche para decir verdades para reconocer que nos equivocamos en la saga y así volvemos a creer extrañamente en los que volvieron al mar para contarles historias a los dioses. La eternidad se quemará en la hoguera al llegar el día y será verano, por mucho tiempo, en las semillas, lo atestiguará la textura viril de mi cuerpo, cuando se pose como colibrí en la intimidad de tu geranio. |
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| MUELLE DE TOIKKO |
A Antero y Kirsti Alanen Hacemos un brindis en un extremo del muelle de Toikko, los niños gritan y corren con una cesta llena de pescado, Antero, nos mira con serenidad en su rostro y esboza una sonrisa a lo lejos el motor de una lancha nos arrebata el silencio, un mosquito intenta alterar también la calma. Hay un sol que flirtea permanentemente con las nubes, los abejorros zumban, ebrios de tanto dar vueltas y de polen. Rebecca no cesa de tirarme las orejas con su morenidad que la delata ante la claridad del día como si fuera una extraña margarita silvestre. Väinamöinen, se esconde aquí en medio de la foresta, en este verano que nos hace creer a todos que somos nórdicos, lejos de la decrepitud de las ciudades madrigueras, de los poblados modernos desde donde se escapan los grillos. Dicen que Dios tiene su residencia de verano en los altos abedules del Näsijärvi y se hace llamar Jumala, para no asustar a los impíos. Matías me cuenta que los sapos le cantan canciones al cielo, para que se mantengan abiertas las puertas del paraíso. No, no se escaparán las ninfas del bosque como en otros sueños, porque Sibelius les ha compuesto una nueva sinfonía. El cisne de Tuonela, grazna levantando su grácil cuello y a alguien se le ocurre que podríamos repartirnos esta tierra como si fuera una gran tarta de frambuesas. El sol ya se ha escondido detrás de las copas de los viejos pinos, hace un poco de frío, Jonathan recoge unos gruesos leños, para encender la hoguera, nos contará como viven las arañas bajos los troncos, disputándose los insectos como equivocados predadores. Hemos vuelto a la cabaña, donde hay recuerdos ancestrales, el sauna humea con la humildad familiar de anfitrión: se siente el calor de hogar, en la tarde de Tavastelandia. Las palabras se cansan, la boca descansa en los pensamientos y sabemos que aún habrá verano mañana, en el muelle de Toikko Finlandia, Parkkuu, 13 julo 1991 |
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| VERANO EN LA PLAZA ROJA |
A Olga Albornoz Detrás de las ventanas del Kremlin, en mi balcón ocasional de la calle Osipenko, Marie Antoinette me habla de diamantes en la noche, de los primeros judíos que llegaron a Amberes, con sus talegos llenos de mercancías de las antípodas del mundo, de las belgas que aman sin saber cuanto aman, cuando llega el amado desde lejos con sus pies cansados. El museo Lenin está solitario, en medio de la lluvia, ya no hay jóvenes que quieren conocer al viejo del 17, su Rolls Royce escorado en una inmensa sala, su máquina de escribir y sus panfletos. La calle Arbat está invadida de desesperados mercaderes, que intentan ser políglotas, en la dificultad de las lenguas, algunos invocarán con inconciencia, la que yo hablo. Pedro El Grande, ha tomado otra vez la Plaza Roja, con sus inmensos cañones, silenciados en las viejas sombras. Las iglesias hacen sonar sus campanas este domingo y vamos con Olga y Aliosha a la del bosque de los antepasados. Algún patriarca nos regalará sus lágrimas de las Rusias que huelen a comida en cada esquina. Los alemanes reparan las calles envejecidas del Moscú de los 90 Nichivó...Nichivó. Pushkin no es más que el nombre de un pueblo ceniciento y a Jostacovich lo escucho por casualidad en el Melodía. donde unos jóvenes melenudos, preguntan aún por los Rollins Stones. Los armenios dirigirán la brutalidad de este tiempo, y no habrá rublo que abunde en los bolsillos de mis amigos nocherniegos, la noche es más oscura en Moscú ahora y deambulo como insomne sin encontrar el Kremlin. ¿Quién nos esconde el palacio de los zares en medio de tanta penumbra ? ¿Dónde está el balcón de la calle Osipenko ? Nichivó...Nichivó. Moscú 23 de julio 1991 |
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| CONFESIÓN EN UNA ESQUINA CUALQUIERA DE MADRID CERCANA A LA CALLE ODONELL |
¿Dónde está la marquesita de Avila, en tanta España? cuando el fuego de la noche se me escapa de las manos y en cada rincón de esta habitación verde, un secreto pierde sus palabras porque nadie intente descubrirnos aquí adentro, en este hotel de la calle O'donell. Aquí estamos pues, mi esperada Santa Teresa, con una realidad que nos enloquece hace más de una semana y me despierto, la despierto mi marquesa para decirle, que la ciudad existe todavía más allá de la cansada madrugada con sus pétalos marchitos en este interminable transcurrir de horas. Madrid nos guiña un ojo, escondiéndose como nosotros en el follaje otoñal de El retiro, la Puerta de Alcalá nos dejará pasar como a otros amantes anteriores y detrás del Museo del Prado , diré que Ud, es sólo mía, muy a pesar de las avispas que mueven los aguijones con destreza o de los pavos reales que se solazan en el Jardín Botánico de al lado. Cuando el reloj despierte la mañana, las maletas obligarán la retirada y me acompañarás a darle la espalda al día para evitar que nazca, sonreirás nerviosa, como una digna marquesa, con un leve temblor en esos mis labios de España. Seremos felices, respetada dama, diré con un dejo de tristeza, aún en la textura de muchos sueños, en la ocurrencia infinita de tantos otros lugares, quizás en otro hotel de la calle O'donell. Madrid 19 de septiembre 1992 |
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| PIEDRAS DE ALES |
El barco enfila rumbo al estrecho de los dioses, hacia la puerta que separa al Lago del Este, del Mar del Norte. Aquí oramos hermano y confesamos nuestras penas en voz alta, tirando de vez en cuando, grandes leños a la hoguera de la noche, para que el calor del fuego se impregne en nuestros huesos y podamos seguir poblando, la Escania y la frialdad de sus aldeas. La luna llena ilumina las rocas y sus íntimos contornos, sin dejarle una sola guarida a las sombras para refugiarse de la luz, la arena del Skagerrak, aún guarda en secreto las huellas de mis padres y con certeza aquí vendrán también mis hijos y sus descendientes carnales a repetir hasta el cansancio los mismos ritos familiares. Estoy navegando sólo e imaginariamente en este navío de Ales, como un argonauta que nunca arribará a algún puerto, con su cargamento ancestral de recuerdos. Al frente estarán perpetuamente las costas de Jutlandia, aunque la noche este fría y atiborrada de estrellas y mi barco deje su inmovilidad perenne y un viento le infle su única vela cangreja. Ales, Escania 19 de mayo 1993 |
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| EN EL LUGAR DE LOS ANCESTROS |
El sol se esconde a menudo tras las nubes que cubren el lago y los pinos se atragantan de pájaros e insectos. Matti nos invade insistentemente el espacio con el ruido de su tractor. Estamos en medio del bosque, a la hora del almuerzo, una motacilla persiste en emitir el mismo trino, remonta su vuelo y se agazapa en la alta rama de un abedul, prepararemos el sauna esta tarde como si fuera un rito, no se para que lo digo si en la verdad es un rito memorial. Riitta habla con Rebecca con la sonoridad de sus ancestros: la madre lee y la hija finge hacer comida en la arena. Estamos a comienzos de junio del 93 metidos en medio de la espesa foresta que abraza al Näsijärvi, ¿Qué pasará en el resto del mundo? allá lejos, en la frondosa foresta de los rascacielos. Casi me olvido también, que en estos días hay otros que padecen horrorizados la guerra. El viento del polo me comienza a congelar la espalda, levanto mi cara para apuntar al cielo, quiero perpetuar la memoria, las formas imprevistas de los árboles, la anarquía de sus ramas y compararlas con las que vi en otras ocasiones. Sergio Albornoz, me llamará de Rusia, cualquiera de estos días, para invitarme de nuevo, al Moscú de los mercaderes. La chimenea del sauna, humea y su olor trasmina mis sentidos, un gusano repta dificultosamente para alcanzar la hierba, lo logrará esta vez, no hay pájaros que atisben, los mosquitos han decidido volver a la carga como ayer, parece que se acerca la lluvia a Parkkuu. Finlandia, Parkkuu 9 de junio 1993 |
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| ÚLTIMA LLUVIA DE INVIERNO |
Septiembre tiene su rostro cargado de lágrimas tardías, más vale llorar ahora cuando la vida aún nos anima y el corazón late de memoria en mi renegado cuerpo, aunque me resulte ajeno su acompasado juego. Esta oscuro mi barrio con las nubes negras, sólo la pared del frente muestra su consciencia blanca, ya han sido de nuevos los timbales los que agobian la calma, los pendones han pasado altivos por fuera de mi casa y me reservo entonces actitudes y palabras. He vuelto a sentir en la mudez la necesidad de la distancia, un automóvil se desliza raudamente por la calle inmediata, llena de agua, se anegan las alcantarillas, se alborotan los paseantes, trina, tristemente un pájaro solitario, como una invocación canora que me suena a un por favor auxílienme, la casa está en penumbras, se expresa en la innumeralidad de los contornos. Yo me escondo, por que no se me ocurre otra cosa que ocultarme silencioso entre las crecientes sombras, y mi angustia adquiere una estatura interminable, una telaraña que lo cubre todo, se cubre de perlitas de agua, mi mujer escribe en otra habitación, una larga carta a Finlandia me miro en la profunda oquedad turbia del espejo y veo como pasa el tiempo. Santiago sigue siendo extraño, nunca será mi tierra. Los objetos ya no son opacos se desdibujan ante mi vista, una farola impone un débil haz de luz entre las plantas, las hojas de la madreselva se han tornado casi negras y se agitan alteradas con el viento, alguien cierra una puerta con violencia y despereza el ruido, llueve aún y pienso que es la última lluvia de septiembre. La estufa encendida, relampaguea como si respirara, en la mesa está aún el café que ha quedado del almuerzo, y una copa de vino, completa esa imagen de olvido. Las celosías que dan al patio están abiertas de par en par, pasa un gorrión volando y se confunde con la celeridad de un rayo. Riitta ha terminado su carta y se siente sonar el papel que se resiste a quedar aprisionado en el sobre, un simple acto, con tanta trascendencia. Mis hijas están lejos, en la guardería, me lo recuerda el ruido de la esquela y su oponencia, sigue lloviendo intensamente. Unas voces lejanas se confunden con el taconeo de la lluvia sobre los tejados, el samovar sobre el aparador adyacente también centellea, un relámpago lo ha acariciado con un fugaz fogonazo. Es septiembre vuelvo a pensar, estoy de nuevo de regreso en la natalidad de esta tierra hay malos recuerdos que se rebelan al control de mis pensamientos quien dice que se puede olvidar, cuando hay tantas heridas, la sombras aumentan, se abalanzaron ya sobre las cosas aún llueve, llueve copiosamente. |
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| HOY ME DECLARO REY DE SNAELAND |
Hoy me declaro rey de Snaeland, en la espesa bruma que ciega la bondad de los ojos ante las piedras quietas que fueron arrancadas de su sitio para ocultar la huella de los que se fueron en la tierra. El trueno sonó repetidamente en la oquedad del silencio rompió la humildad visible de todos los cristales y los años se hicieron inciertos para aplacar la terquedad de la memoria. Muchos callan sus bocas o dan vuelta la espalda desean recurrir a la lógica del recuerdo que se pierde, a la solemnidad del buitre cuando alcanza las alturas, pero que aún así, se nutre de horror en su rapacidad de ave. Las playas siguen siendo arenales, donde se esconde la vergüenza de los cuerpos sin rostro. El oso avista una vez más, bestialmente a su presa entre las rocas, sin embargo, su zarpazo no tendrá la misma fuerza que antes. Mi casa está todavía, me dicen, en la vecindad humilde de las bajas lumbres, donde se refleja el vértigo de la totalidad del universo, en la intransparente oscuridad de los rincones. Equivocado así pues, en la duda, seguiré siendo el extraño, el ingenuo, el absurdo, el pendenciero. Vuelvo entonces de un país con un nombre que se queda asido con la prontitud de los labios, siendo un desconocido paria. Cuento historias, me escuchan los viejos, otros relatan con magnitud, la relación de sus propias epopeyas, y nos cansamos de escucharnos hasta que explota, llena de luz, el alba en mi cerebro. Alguien dice que los vientos aún arrastran la muerte que el inclemente ya no pertenece a este antiguo vecindario: Aún así, hoy me declaro rey de Snaeland, del suelo que se mantiene verde todavía, a pesar de la tristeza, cuando mis padres dejaron los ruegos y me hablaron con furia para conocer de donde proviene tanto dolor inconsolado. Fueron otros los que esquivaron la mirada a la intensidad del fuego y mis pasos torcieron súbitamente su rumbo, fiordo arriba, con mis hijos, con Ture y sus hermanos donde la soledad se esconde silenciosa detrás las estrellas. Hoy me declaro rey de Snaeland. Un relámpago invernal intenta arrebatarme la certeza de mi lengua. Se desvirtúan los años en la raritud de otro suelo y pienso que mis huesos se profanan, se herrumbran en la perpetuidad del esqueleto si la verdad no alcanza la utilidad de la modestia. Entonces no hay más oficio que mirar la tierra desde abajo para evitar la desesperación que trae la memoria en sus pendones. Hoy me declaro convencido rey de Snaeland. El mito no ha de quedar inconcluso en la apatía de este tiempo, sin dejar huella evidente de la anterioridad de mis pasos, porque sé, que algún fantasma perseguirá eternamente mis sueños. Lloro quizás, al recordar las viejas desventuras, y tropiezo, con minuciosa calma cuando los trastos de mi nueva casa, se interpongan obstinados en la lentitud de mis torpes pasos: la oscuridad crece, silenciosa y desordenadamente en mis contornos, aún así, exijo la dignidad que el vencedor debe al derrotado. No hay ceremonia, ni invitados, No hay pajes, ni sirvientes: sólo la dignidad del que regresa hoy, cuando me declaro, finalmente, rey de Snaeland. |
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| PARA LA AMADA QUE DEJÓ DE AMARME |
Hablar de ella cuando deambulo ciego de nostalgia, en el frío que se oculta en la quietud de estas sombras. Y en esta parte digo ...mis queridas damas... para dejar en claro que es a ustedes a quienes me dirijo, para contarles como he llorado por ella, desconsoladamente, sin poder encontrar la calma. A poco de llegar, mis lamentos desafiaron el sueño de la ciudad que se hacía eterna: muchos cerraron sus párpados para no ver la luz del día, y los demás, así pues, sin importarles nada, introdujeron dándose prisa, la casualidad de su credo, como si su vaticinio tuviera el eco profundo de la vida. Escuchadme bien, mis queridas damas quiero confiarles la historia de la amada que dejó de amarme, y les cuento sin pudor a todos la razón que incita mi tristeza, porque mis ojos oscuros padecen ahora la sequedad de las lágrimas y el país de mis comienzos se evade en su lejanía, en la terquedad de la noche que se adormece en mi culpa. Un grupo de borrachos, repetidamente, provocará mi indiferencia, el fuego seguirá consumiendo con lentitud, los leños y el tizne del humo ennegrecerá aún más el color de mis gestos. Por eso, déjenme hablar como persona distinta ahora, con el acento natural que emerge dolido en mis sonoridades, los vocablos que me resultan más generosos al dolor del tiempo: la noche sigue siendo igual...mis queridas damas, la brasa sigue ardiendo parsimoniosa con el mismo fuego, la Estrella Polar se mueve con lentitud en mi cerebro y sólo el silencio trae la prisa de mis cansados años, sin entender porque ha palidecido mi alma por dentro. Lo vuelvo a decir sin oprobio, mis nobles damas, los horrores entorpecieron la virtud fundamental de mis lamentos, ocuparon como monstruos el lugar sagrado de las antiguas fábulas y dejaron la impronta del sucio transitar de sus extremidades la bondad de mi templo. En su desdén amé entonces con desenfreno a tantas mujeres, y no quise saber nunca, si ellas realmente me amaron, porque mi boca selló con hermetismo el camino a las preguntas aunque violé con decisión, la intimidad de sus misterios, cuando se irguió mi cuerpo con el torrente de la sangre y el calor de sus pechos se apoyó, desesperadamente contra mi desvencijada armadura, buscando la calma. Fui tanto de ellas, como ellas fueron mías, y así al despuntar el alba, siempre las despedí con un beso pero, en la soledad del alma, no hay lugar para otra sólo para la amada que dejó de amarme. |
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| INGRID NILSDOTTIR |
Mantengo en mis párpados la oscuridad de estos días, cuando el sol es sólo un reflejo perdido de sí mismo, y unos escasos témpanos se mudan hacia el sur en el Báltico en medio de la bruma que deja el hielo en primavera, mientras la tierra conserva aún la dura escarcha, reconozco tu rostro, Ingrid Nilsdóttir. Entonces digo, iremos todos al sur, para curar los males. La calle quedará desierta y no la visitarán más los pinzones. Nuestros antiguos vecinos contarán una parte de la historia, también lo hará a su modo la escasa parentela, ¿Qué dicen, Eva Ney, Pepe Norambuena? Estocolmo mantendrá una apariencia indiferente a los extraños y seguirán llegando otros distintos con sus cánticos y laúdes, se inundarán las plazas de pájaros y visitantes, después sobrevendrá la tormenta y quizás la calma. Allí iremos todos ahora, Ingrid Nilsdóttir como si alguna vez no te hubiese hablado de amor en Frescati y las esquinas del mundo no se juntaran todas al final de Hornsgatan. La semilla no hubiese conocido la profundidad del surco, sin la absurda prohibición de tus ancestros, o con la timidez de la pasión inconfesada. Se me olvidará, Ingrid Nilsdóttir, con el tiempo, la preferencia de algunos de tus gestos, sin lugar a dudas. Nadie ha de venir nunca más a recibirme con los brazos abiertos ni Cecilia Magnander, ni Eva Abrahamsson, ni Carina Holmberg con estas vestimentas que hieden en mi cuerpo sólo tu recuerdo estará en mi mente, tal vez cuando pise temeroso el suelo original de mis abuelos, quizás también, me traicionen antiguas precedencias y me quede inmóvil para siempre extremando la vida, pensando siempre en ti, Ingrid Nilsdóttir. hasta escaparme de nuevo del abrazo de la muerte, como el forastero que volvió, con paso lento al dominio de la noche. |
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| HUELEN LAS FRESIAS |
La lámpara brilla en la casa del hombre que ha perdido el sueño. Créanme pues, cuando dejo escapar esta tristeza: no hay drama, es sólo una sensación de vida, aunque a nadie le interese si es digno o no volver, a mi antiguo domicilio o si la casa donde viví, durante algunos años fue derribada por confusas pesadillas. En la niebla otros se apropiaron de la totalidad del bosque. Ahora llueve y llueve torrencialmente en mi nueva morada: ¿se condolerá ella alguna vez, de saber que fue de mis penas? El forastero verá en su ceguera el verdor del follaje y creerá que volverá a vestir sus viejas vestimentas, en la temprana bondad de la familia, en los mismos senderos que pisó entre las rosas. Mis cuatro hijos se divertirán, sin hablar el mismo idioma. El andariego no sentirá escarmiento y seguirá enamorado: su espíritu será vehemente, sólo la lluvia detendrá momentáneamente su huella. Recordará en el hastío, el tibio aroma de las fresias, los sonidos que logra el agua al palpar, delicadamente las peñas. Los helechos posan su verde castidad en medio de la hierba, y la duda es la suciedad de un delirio que se cierne como espectro sobre los primeros días de este otoño. |
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| TERRENALIS |
Pensando en J.L. Borges No hay forma en el invierno que no haya sido mía estuve sin embargo hechizado en la espuma del agua cuando el cielo era aún más fuego que el fuego y en las paredes altas de Benarés se quema un ángel cada seiscientos años. ¿Cuántas eclipses me han hecho humano? ¿En qué infinito me siento hombre itinerante? Solamente la memoria me sirva para crear las cosas aunque mis habitaciones estén vacías y pienso en otros hombres similares que creerán en mí porque yo estaba antes. Estoy tejiendo mis actos y mis semisueños con la actitud de los rostros anteriores que conocen mi ímpetu vital al seguir soñando que no quiero estar ya con ustedes cuando despierte la próxima madrugada Estocolmo 1986 |
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| CONTEMPLACIÓN |
Estaban presentes todos los rostros de la aldea Asurbanipal acariciando los muslos de Semiramis los patéticos Asmoneos conocedores de las piedras duras en las caminatas a pie por las postguerras Shang Tsi el inventor de los caballos de greda para perpetuar a los héroes en sus estatuas ecuestres las musas Polimnia y Clío señora de las dudas del viejo Homero el escribano Mitridates el de los 22 idiomas y los venenos Timur Lenk rey de las acequias y tantos valles que hay entre el templo de Hidaka y Barcelona los Ptolomeos correctores de textos del hebreo al griego amigos de los desterrados en las provincias de Egipto La Hilda Pettersson con sus nalgas fantásticas que se escapó de mi apartamento sin dejar su número telefónico el conquistador de Alcobendas García Ojo de Pollo anterior a Ataúlfo el Godo que aun se orinaba en los pantalones Nostradamus anticipándose proféticamente a su vida Beowulfo el interminable hombre de las sagas para anglosajones de las Islas Canarias alguno que otro financista de un mercado de pulgas de Flandes una ramera bajita de las Filipinas Isabel La Católica con sus toros de Guiisando Holofernes ante las puertas de Betulia San Benito que salga ligerito Estaban todos presentes los de esta aldea no sé para qué demonios mirando el sol a eso de la cinco de la tardeEstocolmo, agosto 1986 |
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| LAS SÁBANAS DE LA DONCELLA |
El lúbrico habitante de la oscuridad es hoy un felino más en .... las noches de escasa luz Un protervo habituado a la lascivia y a las nupcias repentinas Bebe el vino entonces a grandes sorbos contiguo a la única claraboya una mujer entra con un cuenco de madera lleno de frambuesas Es el julio del invierno de la frigidez La doncella apoya la vasija en sus caderas húmedas empapada quizás esté su musculatura su piel. su carnosidad su íntimo talle El sátiro se hambrea de fantasías imagina en la penumbra el fornicio y los ademanes venéreos Se escuchan riñas de individuos en el alboroto de la amanecida ruidos de botellas vacías que rondan por el embaldosado Qué ocurrencia antes de marcharse me convida a su hogar escancia un raimat escarlata en una copa brillante y el líquido penetra embriaga cela El paraíso lejos aún de la vida eterna y de la claraboya contigua la gloria de los fetiches efímera apática egoísta .... tal vez el sueño llegue con el alba o se quede escondido como ebrio en un vagón de madrugada Un olfato penetrante tiene el escarabajo que no huele el hedor carnal que deja tras de sí su propia pestilencia La inmaculada tarda entre las mozas sensatas en desatar la estrechez de su jubón No hay vigilia de bienaventurados a estas horas escasamente un vagón colmado de borrachos.... una lumbre encendida en las tinieblas y un obsceno errante dormido entre las sábanas de una doncella. |
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| UN NARVAL DUERME |
Oscurece antes de despedirnos y pasa un tranvía con presteza La prisa del vehículo aminora el tranco de un borracho que trastabilla en la vereda el viento se detiene momentáneamente en el dorso metálico de una libélula muerta Un narval de un solo cuerno ha quedado varado en los bancos de grava de la ensenada Era zarco en el momento que el cosmos azufroso y endrino con la calígine se arrebata se destiempa y era garzo Detrás de unas rocas está el último cobijo de la borrasca se esconden todos detrás de los blancos collados y en la arena Los abedules se retuercen así sea la galerna que truene o retumbe la ventolera la panza hastía se retrae de un hambre inmensa se retrasa una enorme apetencia por una calamitosa comida mísera entre los miserables. Los letreros fluorescentes de la ciudad iluminada están distantes más allá del firmamento Se pierde en su singularidad el infinito se extravía No hay señales visibles de astros de constelaciones ni de estrellas No obstante los ajenos dicen que brotó un lucero en el mar como cualquier hongo iluminado así fuera la hierba híspida o la aspereza de la escarcha invernal. La ventisca hurga en el espalda garza del cetáceo Atrás en los collados transita alguna gente y llegado el anochecer en el ensenada donde espuma el oleaje un narval de un solo cuerno duerme |