Sergio Rigazio
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| DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS
Sergio Rigazio nació en Buenos Aires, 1957 Libros publicados Poesía
Novela
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Sergio Rigazio sergiorigazio@hotmail.com |
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| El boxeador |
Están sentados unos metros delante de mi asiento. El tiene cara de boxeador, o sea, tiene una típica nariz de boxeador y le faltan algunos dientes. La mujer viaja a su lado con un bebé en los brazos y detrás van sus dos hijas. El besa al bebé, le acaricia la mejilla a la mujer, y al instante está levantándose sobre el respaldo de su asiento, mira hacia atrás, le da un pañuelo a una de las nenas, le dice que se limpie la nariz y toma una mano de la otra y se la besa, y la hija mayor, la del pañuelo, ella también le demuestra que lo quiere y le pasa la mano por el pelo y él se la retiene ahí, con su propia mano y los tres sonríen, los tres tomados de la mano. Y yo observo las manos del tipo, pienso que con esas manos debe pelear en clubes de mala muerte, con esas manos golpea la mandíbula de tipos como él, con esa misma nariz, ese mismo brillo de sábado a la noche en los ojos. Ahora vuelve a sonreírle a la esposa, y vuelve a besar al bebé, porque es su hijo varón y el tipo está realmente feliz mirando por la ventanilla las luces de la ciudad y señalándole cosas a las hijas, tal vez la cruz de neón de la iglesia de San Cayetano o algo por encima de los monoblocks del Fonavi. Entonces yo también miro hacia fuera, afuera es sábado a la noche, le tomo la mano a mi hija y siento que la humanidad todavía se sostiene en algunas estupideces santas como el amor. |
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| Pensamientos sobre el no-hacer |
Así es como se hace un asado: no haciéndolo. Te servís un vaso de vino, otro y otro. Te ponés un pantalón de tu suegro, para no ensuciarte los tuyos, para no ensuciar los que usarás en el trabajo mañana. Y tu suegro ya falleció, y era buen tipo. Y hay algo ahí, cuando te ves enfundado en esos pantalones enormes. Hay algo que te hace sentir bien. Es domingo, generalmente lo hacés un domingo, en una casa que no es tu propia casa. Y en medio de todo eso, con la cara caliente, cerca del fuego, pensás que algo está cambiando en tu vida. |
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| Noche Buena bajo la higuera del fondo |
Mis hijas encienden las velas sobre la mesa, bajo la higuera del fondo. Hay una vela para cada uno de nosotros. Cada uno tiene su luz, cada uno tiene una particular manera de configurar una luz. Con una vela vulgar y silvestre, con una mariposa blanca, o como dice un amigo, con la trompeta de Chet Baker, con cosas así se encienden las noches y la luz es nuestra. |
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| Nada del otro mundo |
De pronto aparece un flaco con el pelo verde. A primera vista parece una cabeza de cotillón, un montón de rulitos verdes. Un Alegre Bromista de Ken Kesey recién llegado a Buenos Aires. El flaco pintado de verde pasa como una ensoñación, mezclado con un boxeador que también tiene un tinte verde en la piel y tres paraguayos de un perfecto par de bolsos verdes, y en el medio del pasillo está el tipo de seguridad, parado como un buzo táctico en el fondo de una pecera extraña. Somos todos peces abriendo y cerrando nuestras bocas tristes entre los vidrios de la terminal de ómnibus de Retiro. Dejo veinte centavos en la ranura del mozo que me trajo el café de mala gana. No se los merece, es mal pez. Pero en algunos lugares de esta pecera, en cierta parte del tiempo mal repartido, uno tiene la sospecha de que tampoco se merece estar ahí, ni en las buenas ni en las malas. De modo que estamos a mano, y estar a mano significa estar en paz. Nada del otro mundo. |
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| Anunciaron una lluvia de estrellas en la TV |
Anunciaron una lluvia de estrellas en la TV. Lo dijo Santo Biassati, y tipos como Santo Biassati son tipos creíbles. En realidad el evento, casi cósmico, consistía en un montón de piedras desparramándose por el espacio, despojos de un cometa que explotó en 1973 o algo así. Lo anunciaron como un espectáculo, gratis solamente para toda Sudamérica. Nada que ver en el hemisferio norte. Es decir, esta vez no habría nada en el cielo de los ricos. De modo que con mi mujer y mis hijas estuvimos dos noches recostados en el pasto, entre el sauce llorón y el falso café, mirando el cielo. Pasaban aviones, satélites y bichitos de luz y cada tanto un chispazo. En el interín no nos poníamos de acuerdo si esos chispazos eran o no la lluvia que esperábamos ni en la combinación imaginaria de algún grupo de estrellas. Hablábamos de distancias, de isósceles y trapecios, y Sara mencionó algo acerca de los científicos. Entonces pensé en la cantidad de ciencias e indecencias que se podían cometer bajo esa insolente cantidad de estrellas. Recordé algunas noches parecidas, contabilizando una noche en Casbas y otra en Piedra del Aguila, y ni hablar del cielo de Chacabuco o de Armaçao. Pensé en mis hijas esperando una lluvia de estrellas que no eran ni lluvia ni estrellas, y supe que volveríamos a pasar, interminablemente, por noches así, esperando maravillas que pocas veces suceden. |
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| El jazz santifica |
compro vino barato tiro el I Ching todo lo que dice es demasiado cierto demasiado malo para ser verdad afuera hay luna llena escucho el viento entre los álamos escucho siempre el mismo disco de Steely Dan no me cansa las cosas buenas no cansan y la realidad es apenas la falta de un buen licor y de cosas buenas un montón de esas cosas se terminaron hace meses ya pero de a poco nos vamos acostumbrando y eso se parece a envejecer lo cual no me preocupa tengo los antídotos no cotizan en ninguna moneda están fuera de los mercados y la bolsa de valores no vale la pena enunciarlos aquí algún hijo de puta les pondría precio |
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Poemas escritos en la Kon-Tiki entre julio y setiembre de 1994 y publicados por Ediciones de La Pampa Chata, Junín, en 1996
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